La economía de plataformas se ha convertido en una fuente esencial de ingresos para un número cada vez mayor de trabajadores a ambos lados del Atlántico.
Actualmente, quienes trabajan en la economía de plataformas deben elegir entre la flexibilidad y las ventajas fiscales que ofrece este tipo de trabajo, y las protecciones sociales y los mecanismos de apoyo de los que disfrutan los empleados tradicionales.
Se pueden aplicar políticas para equiparar las normas y las condiciones laborales del empleo tradicional y la economía de plataformas, incluidas las protecciones sociales, las prestaciones específicas y el apoyo social.
Para muchas personas, la economía de plataformas no es un trabajo complementario útil, sino una fuente vital de ingresos.
En Estados Unidos, el 26 % de los trabajadores independientes afirma que realiza este trabajo adicional para cubrir «las necesidades básicas de la familia». En el Reino Unido, casi una cuarta parte de quienes prestan servicios de mensajería obtiene el 90 % de sus ingresos totales a través de la economía de plataformas.
Muchas de las personas que obtienen ingresos de esta manera sufrirán vulnerabilidad financiera. Por ejemplo, el 36 % de quienes trabajan en la economía de plataformas en el Reino Unido afirma que no puede ausentarse del trabajo cuando está enfermo porque «no puede permitirse dejar de cobrar».
Por supuesto, los salarios bajos y la falta de ahorros no son exclusivos de la economía de plataformas. Dicho esto, una investigación de Collective Benefits muestra cómo la economía de plataformas genera vulnerabilidades de las que están exentas las personas con empleos tradicionales. Por ejemplo, demasiadas personas que trabajan en plataformas no tienen acceso a las protecciones sociales que los empleados dan por sentadas, como la baja por enfermedad o las prestaciones por maternidad y paternidad.
Las contrapartidas para los trabajadores
Como dijo Hasan, un trabajador de plataformas con quien hablamos hace poco: «Si sufres un accidente y no vas a ganar dinero durante otros 10, 15 o 20 días, ¿cómo vas a pagar las cosas? ¿Cómo vas a pagar las facturas?».
Además, trabajar a través de una aplicación implica una contrapartida. Por un lado, hay que pagar menos impuestos y se puede trabajar cuando uno quiere. Pero, por otro, hay menos mecanismos de apoyo social que dependen del trato humano: la camaradería de equipo o un responsable directo con quien hablar de preocupaciones o problemas.
«Estás por tu cuenta», así describió su trabajo Ahmed cuando habló con nosotros.
La inflación desbocada y la incertidumbre económica no han hecho más que intensificar estas preocupaciones. En nuestra investigación sobre cómo afecta la crisis del coste de la vida a quienes trabajan en plataformas, el tema de «no hay suficiente trabajo» aparece una y otra vez.
Como nos dijo Ali: «Así vemos nuestro trabajo. Menos encargos, más repartidores. Sí. Antes había suficientes encargos para todos; ahora hay menos».
Ningún gobierno puede proteger de forma realista a toda su población de los efectos del aumento desbocado de los precios. Sin embargo, lo correcto es dirigir el apoyo a quienes ya carecen de resiliencia financiera.
Además, los responsables de formular políticas pueden facilitar que las plataformas de trabajo apoyen a sus trabajadores mediante:
La creación de condiciones equitativas para todas las formas de trabajo —por cuenta propia o por cuenta ajena—, definiendo un conjunto mínimo de protecciones sociales que todas las personas deben recibir.
Una vez establecidas estas normas mínimas, se abre la posibilidad de adaptar los marcos existentes para medir las condiciones laborales en la economía de plataformas e incluir una visión más amplia (y ambiciosa) del trabajo digno.
Debemos encauzar mejor la economía de plataformas: hacia un modelo en el que todos se beneficien.
Anthony Beilin, fundador y director ejecutivo, Collective Benefits
Estas normas y condiciones deben ser claras para los trabajadores y los consumidores, y comunicarse debidamente para que puedan tomar decisiones informadas sobre dónde trabajar y qué comprar. Este entorno normativo propicio podría liberar después una innovación muy necesaria. Por ejemplo:
Modelos dinámicos de protección social.
Prestaciones específicas.
Apoyo social.
Prestaciones diseñadas para la economía de plataformas
Modelos dinámicos de protección social
Las protecciones para los trabajadores deben tener en cuenta que muchas personas que trabajan en plataformas utilizan varias aplicaciones, a menudo de forma simultánea.
El «uso de varias aplicaciones» no supone un problema para proporcionar protecciones sociales frente a riesgos laborales, como un accidente durante el trabajo, cuando está claro quién debe pagar, es decir, la plataforma a través de la cual se estaba realizando una tarea en el momento del accidente. Pero plantea la cuestión de quién aporta cuánto a prestaciones acumuladas a lo largo de toda una vida laboral, como una garantía de salario digno, un fondo de pensiones o una indemnización equivalente al despido si deja de haber suficiente trabajo.
La solución consiste en aprovechar las capacidades tecnológicas de la economía de plataformas: conectividad, datos detallados e inteligencia.
Prestaciones específicas
Muchas personas que trabajan en la economía de plataformas forman parte de una fuerza laboral vulnerable que ya destina una mayor proporción de sus ingresos a artículos esenciales como vivienda, alimentos, combustible y calefacción.
Teniendo esto en cuenta, la economía de plataformas debería aprender de los empleadores tradicionales, que buscan constantemente nuevas prestaciones para responder mejor a las necesidades de su plantilla. Por ejemplo, ofreciendo apoyo durante la menopausia o festivos inclusivos.
Hemos aprendido que, para quienes trabajan en plataformas, probablemente sean más importantes los descuentos generosos en artículos esenciales como equipos de seguridad, alimentos, combustible o mantenimiento de bicicletas.
Apoyo social
Las empresas deben ofrecer apoyo para proteger frente a los efectos secundarios del carácter solitario del trabajo en la economía de plataformas.
Por ejemplo, ifood, una empresa sudamericana, describe un «ecosistema de atención a repartidores» que incluye puntos de parada físicos donde los conductores pueden resguardarse de la lluvia o tomar algo. Es fácil imaginar cómo esto podría evolucionar hasta convertirse en centros comunitarios para repartidores: lugares para aprender, intercambiar habilidades (quizá centrándose en cómo superar la crisis del coste de la vida) y compartir consejos.
Debemos encauzar mejor la economía de plataformas: hacia un modelo en el que todos se beneficien. Estas medidas —viables, sensatas, eficaces y sostenibles— pueden ayudar a hacerlo realidad.


