Cómo construir una economía gig más justa en 4 pasos

A scooter rider wearing a Deliveroo backpack drives in the central Barcelona, Spain, July 23, 2019.
Millions of workers now participate in the gig economy - but not all of them are treated fairlyImage: REUTERS/Albert Gea - RC1AC7B85C20
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Probablemente habrá oído al menos dos cosas sobre la economía gig.

En primer lugar, que es enorme. En 2019, aproximadamente uno de cada 10 trabajadores del Reino Unido gana su sustento en la economía gig. En Estados Unidos, la cifra equivalente es de un 8 % estimado. A principios de este año, una encuesta panafricana mostró que el 1,3 % de los adultos africanos ya gana dinero a través de plataformas de la economía gig (las empresas en línea que ofrecen el trabajo). En todo el mundo, muchas personas trabajan ya en este ámbito.

En segundo lugar, que los empleos que se crean no son necesariamente de buena calidad. Debido a la forma en que se organiza el trabajo en las plataformas, esta práctica parece prestarse estructuralmente a una serie de resultados indeseables para los trabajadores, que pueden sufrir salarios bajos, robo de salarios, precariedad, condiciones de trabajo peligrosas y discriminación. Cuando surge alguno de estos problemas, las plataformas tienden simplemente a señalar que no son responsables. En cambio, tienden a presentarse como un simple intermediario y no como una entidad con capacidad para dar forma a las condiciones reales de trabajo sobre el terreno.

Image: Boston Consulting Group

Estas son cuatro estrategias en las que deberíamos pensar si queremos lograr una economía gig menos explotadora.

1) Necesitamos más transparencia sobre la naturaleza del trabajo gig en sí. Los usuarios, los inversores, los trabajadores y los reguladores necesitan saber más sobre la naturaleza de los empleos que se crean y sobre cómo podrían no cumplir las normas de trabajo decente. Con ese fin, mis colegas y yo hemos puesto en marcha el proyecto Fairwork: una iniciativa que puntúa a las plataformas según 10 criterios relacionados con las prácticas de trabajo justo. Esas puntuaciones pueden utilizarse para comparar directamente las plataformas entre sí.

2) Necesitamos más responsabilidad en el sector. En la actualidad, muchas plataformas operan en lagunas normativas y, a menudo, alegan que la normativa vigente no se les aplica. “Somos una empresa tecnológica”, afirman, en lugar de reconocer que en realidad son una empresa de taxis de alta tecnología, de reparto de comida o de limpieza, etcétera. Por tanto, debemos garantizar que el trabajo y los trabajadores estén protegidos por la normativa vigente o que desarrollemos nuevos enfoques.

3) Debemos reconocer que la transparencia y la regulación solo nos llevarán hasta cierto punto. El cambio real se producirá cuando los trabajadores puedan negociar con sus jefes de forma colectiva y no individual. A menudo, los trabajadores de la economía gig son tratados como empresas individuales que deben competir entre sí. Pero es cuando se unen como colegas cuando pueden lograr colectivamente mejores salarios y condiciones de trabajo.

4) Por último, el verdadero futuro de la economía gig al que debemos aspirar es uno caracterizado por la propiedad democrática. No hay ninguna razón por la que los trabajadores de la economía gig no deban ser sus propios jefes. El movimiento del cooperativismo de plataformas arroja luz sobre algunas de las verdaderas posibilidades de las plataformas propiedad de los trabajadores y gestionadas por ellos para cualquier servicio imaginable. También podemos pensar en gestionar las plataformas como servicios públicos cívicos. En muchos lugares, las plataformas se están convirtiendo en servicios públicos. Consideremos el deseo de Uber de convertirse en un “sistema operativo para su vida cotidiana”. Nuestras ciudades necesitarán sin duda sistemas operativos. Pero debemos preguntarnos si queremos un sistema operativo gestionado de forma privada por una empresa no responsable ante nadie y con sede en otro país, o uno gestionado y propiedad de la localidad, democrático y responsable.

No podemos dar marcha atrás al reloj hasta un mundo sin plataformas. Pero, si recurrimos a estrategias que implican transparencia, responsabilidad, poder de los trabajadores y propiedad democrática, tenemos a nuestro alcance las herramientas para avanzar hacia una economía de plataformas menos explotadora y más justa. La economía de plataformas en 2030 podría ser una en la que los consumidores conozcan mejor sus repercusiones, los reguladores hagan cumplir normas mínimas, los trabajadores ejerzan su poder colectivo y todos hayamos encontrado la forma de crear, apoyar y utilizar plataformas de economía gig gestionadas democráticamente y responsables.

Mark Graham es coautor de The Gig Economy: A Critical Introduction.

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