Incluso los mejores trabajos pueden provocar agotamiento. Cuanto más te esfuerzas y más motivado estás para alcanzar el éxito, más fácil es que la situación te desborde.
La prevalencia del agotamiento está aumentando a medida que la tecnología difumina aún más la línea entre el trabajo y el hogar. Una nueva investigación de la Asociación Estadounidense de Psicología y el Centro Nacional de Investigación de Opinión de la Universidad de Chicago informó lo siguiente:
El 48 % de los estadounidenses experimentó un aumento del estrés en los últimos 5 años
El 31 % de los adultos con empleo tiene dificultades para gestionar sus responsabilidades laborales y familiares
El 53 % afirma que el trabajo lo deja «agotado y abrumado».
Una encuesta de la Sociedad para la Gestión de Recursos Humanos (SHRM) reveló que el «agotamiento por mi trabajo actual» era uno de los principales motivos por los que la gente renunciaba.
El agotamiento puede vencerte incluso cuando sientes una gran pasión por tu trabajo. Arianna Huffington lo vivió en carne propia cuando estuvo a punto de perder un ojo por agotamiento. Estaba tan cansada en el trabajo que se desmayó y se golpeó la cara contra el escritorio. Se fracturó el pómulo y tuvieron que darle cuatro puntos de sutura en el ojo.
«Ojalá pudiera volver atrás y decirme que no solo no hay que elegir entre llevar una vida plena y tener un alto rendimiento, sino que el rendimiento mejora cuando nuestras vidas incluyen tiempo para renovarnos, adquirir sabiduría, maravillarnos y dar. Eso me habría ahorrado mucho estrés, agotamiento y cansancio innecesarios». –Arianna Huffington
El agotamiento suele deberse a un desequilibrio entre lo que aportas y lo que recibes: te agotas cuando sientes que pones más en tu trabajo de lo que obtienes de él. A veces ocurre porque el trabajo no es gratificante, pero lo más frecuente es que se deba a que no te estás cuidando.
Antes de poder tratar e incluso prevenir el agotamiento, debes reconocer las señales de alerta para saber cuándo es momento de actuar. Estas son, sin ningún orden en particular.
Problemas de salud. El agotamiento tiene un enorme impacto negativo en tu salud física y mental. Tanto si sufres de dolor de espalda, depresión, enfermedades cardíacas u obesidad como si simplemente te enfermas a menudo, debes considerar el papel que desempeña tu trabajo en ello. Sabrás cuándo el agotamiento está afectando tu salud y solo tendrás que decidir si tu manera de trabajar merece las consecuencias.
Dificultades cognitivas. Las investigaciones demuestran que el estrés afecta gravemente a la corteza prefrontal, la parte del cerebro responsable de las funciones ejecutivas. Estas influyen en la memoria, la capacidad para tomar decisiones, el control emocional y la concentración. Si notas que cometes errores tontos, olvidas cosas importantes, tienes estallidos emocionales o tomas malas decisiones, es probable que estés al borde del agotamiento.
Dificultades en las relaciones laborales y personales. El estrés se extiende a todo lo que haces, en particular a la forma en que te relacionas con los demás. Aunque sientas que mantienes el estrés bajo control en el trabajo, puede asomar su lado desagradable en casa. A menudo, son tus relaciones las que sufren. El estrés hace que muchas personas sean más propensas a contestar mal, perder la calma y enredarse en conflictos tontos e innecesarios. Otras tienden más a aislarse y evitar a las personas que quieren.
Llevarte el trabajo a casa. ¿Conoces esa sensación angustiante de estar tumbado en la cama pensando en todo el trabajo que no terminaste y esperando no haberte olvidado de nada importante? Si no puedes dejar de pensar en el trabajo cuando estás en casa, es una señal clara de que estás al borde del agotamiento.
Fatiga. El agotamiento suele conducir a la extenuación por el desgaste que el estrés provoca en la mente y el cuerpo. Las señales características de la fatiga por agotamiento son despertarse sin energía después de haber dormido bien, beber grandes cantidades de cafeína para aguantar el día o tener dificultades para mantenerse despierto en el trabajo.
Negatividad. El agotamiento puede volverte muy negativo, aunque normalmente seas una persona optimista. Si te descubres centrándote en los aspectos negativos de las situaciones, juzgando a los demás y sintiéndote cínico, está claro que la negatividad se ha apoderado de ti y es momento de hacer algo al respecto.
Menor satisfacción. El agotamiento casi siempre provoca una persistente sensación de insatisfacción. Los proyectos y las personas que antes te entusiasmaban ya no lo hacen. Esta disminución de la satisfacción dificulta mucho el trabajo, porque, por mucho que aportes a tu empleo, no sientes que obtengas gran cosa a cambio.
Pérdida de motivación. Empezamos los trabajos en una fase de luna de miel, viendo todo de color de rosa. En esa etapa, la motivación surge de forma natural. Cuando estás agotado, te cuesta encontrar la motivación para cumplir con tu trabajo. Puede que completes las tareas, e incluso que las hagas bien, pero la motivación que antes te impulsaba ha desaparecido. En vez de trabajar por el trabajo en sí, te mueve el miedo: a incumplir plazos, decepcionar a los demás o que te despidan.
Problemas de rendimiento. Las personas que sufren agotamiento suelen tener un alto rendimiento, así que cuando este empieza a decaer, los demás no siempre se dan cuenta. Es fundamental que vigiles ese descenso. ¿Cómo rendías hace un mes? ¿Hace seis meses? ¿Hace un año? Si notas una caída en tu rendimiento, es momento de averiguar si se debe al agotamiento.
Descuidar el autocuidado. La vida es una lucha constante contra las cosas que nos hacen sentir bien momentáneamente, pero que no nos convienen. Cuando sufres agotamiento, tu autocontrol disminuye y sucumbes a las tentaciones con mayor facilidad. Esto se debe, en gran medida, a que el estrés perjudica tu capacidad para tomar decisiones y tu autocontrol, y también, en parte, a una menor confianza y motivación.
Cómo combatir el agotamiento
Si reconoces muchos de estos síntomas en ti, no te preocupes. Combatir el agotamiento es cuestión de cuidarte. Necesitas buenas maneras de desconectarte del trabajo para recargar energías y encontrar el equilibrio. Lo siguiente te ayudará a conseguirlo.
Desconéctate. Desconectarse es la estrategia más importante de esta lista para combatir el agotamiento, porque si no encuentras tiempo para apartarte del trabajo por medios electrónicos, en realidad nunca has dejado de trabajar. Estar disponible para el trabajo las 24 horas del día, los 7 días de la semana, te expone a un bombardeo constante de factores estresantes que te impiden recuperar la concentración y las energías. Si no es realista dejar de atender los correos electrónicos y las llamadas de trabajo durante toda la tarde o el fin de semana, prueba a fijar horarios concretos para revisar el correo y responder los mensajes de voz. Por ejemplo, entre semana puedes revisar el correo después de cenar y, el fin de semana, consultar tus mensajes el sábado por la tarde mientras tus hijos practican deporte. Reservar esos breves intervalos reduce el estrés sin sacrificar tu disponibilidad.
Presta atención a las señales de tu cuerpo. Es fácil pensar que un dolor de cabeza se debe a la deshidratación, que el dolor de estómago es consecuencia de algo que comiste y que te duele el cuello porque dormiste en una mala posición, pero no siempre es así. A menudo, los dolores y las molestias se acumulan como resultado del estrés y la ansiedad. El agotamiento se manifiesta en el cuerpo, así que aprende a prestar atención a sus señales para atajarlo desde el principio. Tu cuerpo siempre te habla, pero tienes que escucharlo.
Programa momentos de relajación. Planificar tus momentos de relajación es tan importante como planificar cuándo trabajas. Incluso programar algo tan sencillo como «leer durante 30 minutos» te beneficia mucho. Programar actividades relajantes ayuda a garantizar que las hagas y te da algo que esperar con ilusión.
Evita las pastillas para dormir. Cuando digo pastillas para dormir, me refiero a cualquier cosa que tomes y te sede para poder dormir. Ya sea alcohol, Nyquil, Benadryl, Valium, Ambien o lo que sea, estas sustancias alteran considerablemente el proceso natural del sueño de tu cerebro. ¿Te has fijado alguna vez en que los sedantes pueden provocarte sueños realmente extraños? Mientras duermes y tu cerebro elimina toxinas dañinas, pasa por una serie compleja de etapas y, a veces, repasa los recuerdos del día, los almacena o los descarta (lo que provoca los sueños). La sedación interfiere en estos ciclos y altera el proceso natural del cerebro. Cualquier cosa que interfiera en el proceso natural del sueño del cerebro tiene consecuencias graves para la calidad del sueño, y necesitas dormir lo suficiente y bien para evitar el agotamiento.
Organízate. Gran parte del estrés que sentimos a diario no se debe a tener demasiado trabajo, sino a estar demasiado desorganizados para gestionarlo eficazmente. Si te tomas el tiempo para organizarte, la carga te parecerá mucho más manejable.
Haz pausas regulares durante la jornada laboral. Desde el punto de vista fisiológico, trabajamos mejor en intervalos de una hora a una hora y media, seguidos de pausas de 15 minutos. Si esperas a sentirte cansado para hacer una pausa, ya será demasiado tarde: habrás dejado pasar el momento de máxima productividad y te habrás fatigado innecesariamente. Seguir un horario garantiza que trabajes cuando eres más productivo y descanses en los momentos que, de otro modo, serían improductivos.
Apóyate en tu red de apoyo. Cuando estás estresado, es tentador aislarte de los demás, pero pueden ser aliados poderosos en la lucha contra el agotamiento. Los familiares y amigos comprensivos pueden ayudarte. Pasar tiempo con personas que se preocupan por ti te ayuda a apartarte del estrés laboral y te recuerda que también debes disfrutar de la vida y divertirte.
En resumen
Si estas estrategias no te funcionan, quizá el problema sea tu trabajo. Un trabajo inadecuado puede provocar agotamiento por sí solo. En ese caso, tendrás que decidir qué es más importante: el trabajo o la salud.


