Nada sabotea tanto tu productividad como los malos hábitos. Son insidiosos: se instalan poco a poco, hasta que ni siquiera te das cuenta del daño que están causando.
Los malos hábitos te ralentizan, reducen tu precisión, te restan creatividad y frenan tu rendimiento. Controlar tus malos hábitos es fundamental, y no solo por la productividad. Un estudio de la Universidad de Minnesota reveló que las personas que ejercen un alto grado de autocontrol tienden a ser mucho más felices que quienes no lo hacen, tanto en el momento como a largo plazo.
«Mediante la autodisciplina y el autocontrol constantes, puedes desarrollar una gran fortaleza de carácter». —Grenville Kleiser
Algunos malos hábitos causan más problemas que otros, y los nueve que siguen son los peores. Dejar atrás estos hábitos aumentará tu productividad y te permitirá disfrutar del buen ánimo que acompaña a un mayor autocontrol.
Navegar impulsivamente por Internet. Necesitas 15 minutos consecutivos de concentración para poder involucrarte plenamente en una tarea. Cuando lo consigues, entras en un estado eufórico de mayor productividad llamado flujo. Las investigaciones muestran que las personas en estado de flujo son cinco veces más productivas de lo que serían de otro modo. Cuando interrumpes tu trabajo porque te entran ganas de consultar las noticias, Facebook, el resultado de un partido o cualquier otra cosa, sales de ese estado. Eso significa que necesitas otros 15 minutos de concentración continua para volver a entrar en él. Si interrumpes tu trabajo una y otra vez, puedes pasar todo el día sin experimentar el estado de flujo.
Perfeccionismo. La mayoría de los escritores pasan incontables horas imaginando personajes y tramas, e incluso escriben página tras página que saben que nunca incluirán en el libro. Lo hacen porque saben que las ideas necesitan tiempo para desarrollarse. Tendemos a quedarnos paralizados cuando llega el momento de empezar porque sabemos que nuestras ideas no son perfectas y que quizá lo que produzcamos no sea bueno. Pero ¿cómo puedes crear algo grandioso si no empiezas y das tiempo a tus ideas para evolucionar? La escritora Jodi Picoult resumió a la perfección la importancia de evitar el perfeccionismo: «Puedes corregir una página mala, pero no una página en blanco».
Reuniones. Las reuniones consumen tu valioso tiempo como ninguna otra cosa. Las personas extremadamente productivas evitan las reuniones tanto como les es posible. Saben que una reunión puede prolongarse eternamente si se lo permiten, así que, cuando tienen que reunirse, informan a todos desde el principio de que se ceñirán al horario previsto. Esto establece un límite claro que motiva a todos a concentrarse más y ser más eficientes.
Responder a los correos electrónicos a medida que llegan. Las personas productivas no dejan que el correo electrónico las interrumpa constantemente. Además de consultarlo según un horario, aprovechan las funciones que priorizan los mensajes según quién los envía. Configuran alertas para sus proveedores más importantes y sus mejores clientes, y dejan los demás mensajes para cuando terminen una tarea. Algunas personas incluso configuran una respuesta automática para avisar a quienes les escriben cuándo volverán a consultar el correo.
Pulsar el botón de repetición de la alarma. Mientras duermes, tu cerebro atraviesa una compleja serie de ciclos; el último te prepara para estar alerta a la hora de despertarte. Por eso, a veces te despiertas justo antes de que suene el despertador: tu cerebro sabe que es hora de levantarse y está listo para hacerlo. Cuando pulsas el botón de repetición y vuelves a dormirte, pierdes ese estado de alerta y te despiertas más tarde, cansado y aturdido. Y lo peor es que ese aturdimiento puede tardar horas en desaparecer. Así que, por cansado que creas estar cuando suene el despertador, oblígate a salir de la cama si quieres tener una mañana productiva.
Hacer varias tareas a la vez. Hacer varias tareas a la vez es un verdadero enemigo de la productividad. Una investigación de la Universidad de Stanford confirma que es menos productivo hacer varias cosas a la vez que centrarse en una sola tarea. Los investigadores descubrieron que las personas que reciben constantemente información por varios canales electrónicos no pueden prestar atención, recordar información ni pasar de una tarea a otra tan bien como quienes completan una tarea cada vez. Cuando intentas hacer dos cosas a la vez, tu cerebro no tiene capacidad para realizar ambas con éxito.
Pero ¿y si algunas personas tienen un don especial para hacer varias tareas a la vez? Los investigadores de Stanford compararon grupos de personas según su tendencia a hacer varias tareas a la vez y su creencia de que eso mejoraba su rendimiento. Descubrieron que quienes hacían muchas tareas a la vez —es decir, quienes lo hacían con frecuencia y sentían que mejoraba su rendimiento— en realidad eran peores en ello que quienes preferían hacer una sola cosa cada vez. Su rendimiento era peor porque les costaba más organizar sus pensamientos y filtrar la información irrelevante, y tardaban más en pasar de una tarea a otra. ¡Vaya!
Aplazar las tareas difíciles. Tenemos una cantidad limitada de energía mental y, a medida que la agotamos, nuestra capacidad para tomar decisiones y nuestra productividad disminuyen rápidamente. Esto se conoce como fatiga de decisión. Cuando aplazas las tareas difíciles hasta el final del día porque te intimidan, las dejas para el momento en que estás en peores condiciones. Para combatir la fatiga de decisión, debes abordar las tareas complejas por la mañana, cuando tienes la mente despejada.
Usar el teléfono, la tableta o el ordenador en la cama. Este es un hábito importante que la mayoría de las personas ni siquiera se da cuenta de que perjudica su sueño y su productividad. La luz azul de onda corta desempeña un papel importante en el estado de ánimo, el nivel de energía y la calidad del sueño. Por la mañana, la luz solar contiene altas concentraciones de esta luz azul. Cuando tus ojos se exponen directamente a ella, la luz azul detiene la producción de melatonina, la hormona que induce el sueño, y te hace sentir más alerta. Por la tarde, los rayos del sol pierden su componente azul, lo que permite que tu cuerpo produzca melatonina y empiece a darte sueño.
Al anochecer, tu cerebro ya no espera exponerse a la luz azul y es muy sensible a ella. La mayoría de nuestros dispositivos favoritos para la noche —ordenadores portátiles, tabletas, televisores y teléfonos móviles— emiten luz azul de onda corta; en el caso del ordenador portátil, la tableta y el teléfono, la emiten con intensidad y directamente frente a ti. Esta exposición perjudica la producción de melatonina e interfiere tanto con tu capacidad para dormirte como con la calidad del sueño una vez que te duermes. Como todos hemos experimentado, dormir mal tiene efectos desastrosos en la productividad. Lo mejor que puedes hacer es evitar estos dispositivos después de cenar (la televisión está bien para la mayoría de las personas, siempre que se sienten lo bastante lejos de la pantalla).
Consumir demasiado azúcar. La glucosa funciona como el «acelerador» de la energía cerebral. Necesitas glucosa para concentrarte en tareas exigentes. Si tienes muy poca glucosa, te sientes cansado, desconcentrado y lento; si tienes demasiada, te pones nervioso y no puedes concentrarte. Las investigaciones han demostrado que la cantidad ideal es de unos 25 gramos de glucosa. Lo complicado es que puedes obtener esos 25 gramos de la manera que quieras y sentirás lo mismo, al menos al principio. La diferencia está en cuánto dura la productividad. Las rosquillas, los refrescos y otras formas de azúcar refinado producen un aumento de energía que dura apenas 20 minutos, mientras que la avena, el arroz integral y otros alimentos con carbohidratos complejos liberan su energía lentamente, lo que te permite mantener la concentración.
En resumen
Algunos de estos hábitos pueden parecer insignificantes, pero se acumulan. En la mayoría de los casos, se trata de elegir entre placeres inmediatos y placeres duraderos. Al fin y al cabo, el peor hábito es perder de vista lo que de verdad te importa.
