Dejar el trabajo —sobre todo si no tienes otro empleo a tiempo completo asegurado— puede dar mucho miedo.
Pero hay muchísimas buenas razones para hacerlo de todos modos: los domingos por la noche se te revuelve el estómago. No crees que tengas margen para crecer. Tus valores personales no coinciden con los de tu empresa.
Sin embargo, hay otra razón más práctica para liberarte de la rutina agotadora de presentarte en un trabajo que detestas: quieres irte dejando una buena impresión. Si has llegado al punto en que has empezado a hacer mal tu trabajo, casi con toda seguridad ha llegado el momento de irte.
Eso afirma Toni Thompson, responsable de talento y recursos humanos de The Muse, un popular sitio de búsqueda de empleo y asesoramiento profesional. Thompson lleva 11 años trabajando en recursos humanos.
Cuando visitó las oficinas de Business Insider en junio para una entrevista en Facebook Live, Thompson explicó lo que suele ocurrir: «Empiezas a hacer mal tu trabajo porque estás muy enfadado o frustrado por tu situación».
He aquí por qué ese comportamiento debería preocuparte. Thompson dijo que definitivamente no deberías quedarte en un trabajo «en el que tienes plena capacidad, ocupas el puesto adecuado y estabas haciendo un trabajo excelente», o en el que «de repente dejas de hacer bien tu trabajo y te has convertido en un mal compañero de equipo y un mal empleado porque estás muy frustrado».
«Llegados a ese punto —dijo Thompson—, probablemente lo mejor sea seguir adelante sin tener otro empleo, para que realmente te recuerden con cariño».
Nunca sabes cuándo necesitarás pedir una referencia o algún consejo profesional a un antiguo jefe o compañero de trabajo. Dejar el empleo puede parecer como quemar todos tus puentes hasta reducirlos a cenizas, pero en realidad es mucho peor llegar al punto en que tu empleador desee que renuncies.


