¿Afecta la forma de trabajar a cómo duerme?

¿Afecta la forma de trabajar a cómo duerme?
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Se estima que alrededor del 30 % de los adultos no duerme lo suficiente con regularidad. Dicho de otro modo, su necesidad de sueño —la cantidad real de sueño que una persona necesita para sentirse descansada y rendir al máximo— no está satisfecha.

La falta de sueño, como puede confirmarle cualquiera que haya ido a la escuela o al trabajo habiendo dormido menos de lo que necesita, tiene varias consecuencias. Algunas, como el aumento de la somnolencia, un tiempo de reacción más lento y la falta de concentración, pueden perjudicar el rendimiento laboral. Pero la falta de sueño también puede influir en la salud física y provocar problemas como un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas. De hecho, afecta a tantos adultos que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades la han calificado de epidemia de salud pública.

Hay muchas razones por las que los adultos no pueden dormir lo suficiente con regularidad; algunas están bajo nuestro control y otras no. Si la falta de sueño se debe a una afección médica, como la apnea del sueño o el insomnio, el tratamiento puede ayudar. Pero otros factores que pueden provocar falta de sueño, como los horarios laborales poco adecuados, son más difíciles de controlar.

No todos podemos ser madrugadores

La necesidad de sueño varía mucho de una persona a otra: algunas necesitan dormir más y otras quizá menos. Además, puede cambiar considerablemente según las circunstancias. Por ejemplo, cuando se está enfermo, la necesidad de sueño puede ser distinta que cuando se está sano. También varía entre las personas la preferencia por la hora de dormir —nuestra preferencia circadiana, que determina si somos noctámbulos o madrugadores—. Asimismo, está muy influida por nuestros genes, lo que significa que apenas podemos controlar si nos resulta más fácil levantarnos temprano o quedarnos despiertos hasta tarde.

Así pues, si nuestras necesidades de sueño y preferencias circadianas varían tanto, ¿por qué gran parte del mundo laboral funciona con horarios de 9 a 5? Por ejemplo, como a los noctámbulos les cuesta acostarse más temprano, tener que levantarse pronto por la mañana para ir al trabajo suele significar que duermen menos horas.

En lugar de obligar a todos los empleados a adaptarse a un horario laboral «estándar», los horarios flexibles pueden permitir que cada persona duerma cuando lo necesita y durante el tiempo que necesita. Esto también podría ayudar a reducir los conflictos entre el trabajo y las responsabilidades familiares y sociales.

Los horarios flexibles podrían traducirse en más horas de sueño

Un estudio reciente evaluó si los horarios flexibles podían ayudar a los empleados a dormir más y mejor. Los investigadores llevaron a cabo una intervención en el lugar de trabajo que permitía a los empleados elegir cuándo y dónde trabajaban (por ejemplo, en casa o en la oficina). La idea era reducir el conflicto entre el trabajo y la vida personal y observar cómo afectaba al sueño.

Los investigadores plantearon la hipótesis de que permitir a los empleados mayor flexibilidad en sus horarios laborales aumentaría la cantidad y la calidad del sueño. Aproximadamente la mitad de los participantes fue asignada al azar a la intervención, mientras que la otra mitad siguió trabajando con su horario habitual. Es importante señalar que el total de horas trabajadas no difirió entre los dos grupos.

Los participantes llevaron monitores de actividad para medir la cantidad y la calidad del sueño durante un total de dos semanas: una semana de referencia al comienzo del estudio y otra semana un año después. También se entrevistó a los participantes sobre la calidad de su sueño al inicio, a los seis meses y a los 12 meses de la intervención.

En comparación con las personas del grupo de control, los empleados del grupo de intervención aumentaron el tiempo de sueño aproximadamente una hora por semana (ocho minutos más cada noche) y mejoró su percepción de dormir lo suficiente.

Puede parecer un cambio pequeño, pero cualquier mejora en la duración y la calidad del sueño, por mínima que sea, es un paso en la dirección correcta para reducir la falta de sueño que experimentan los adultos. Con el tiempo, esa hora adicional de sueño cada semana podría tener efectos positivos en la salud.

Recuerde que la calidad y la cantidad de sueño dependen de muchos factores. Si tiene un trayecto largo hasta el trabajo, quizá se levante antes de lo que le resulta cómodo para llegar a la oficina a una hora determinada. O puede que necesite empezar el día antes para salir de la oficina a tiempo y recoger a sus hijos del colegio. En este caso, resulta útil examinar las entrevistas a los empleados para evaluar el impacto del horario laboral flexible. Los empleados del grupo de intervención afirmaron que tener control sobre su horario de trabajo les permitió ajustar el sueño y, como resultado, dormir —en palabras de uno de ellos— «más de lo que he dormido en años». Las medidas subjetivas del sueño, como la percepción de los trabajadores sobre cuánto duermen, no siempre son tan precisas como las medidas objetivas del tiempo que realmente duermen. Sin embargo, comentarios como este muestran cómo los horarios flexibles pueden ayudar a las personas a dormir más.

Aunque en los estudios grupales los horarios laborales flexibles no aumentaron significativamente la duración del sueño, es posible que el tiempo adicional que brindó esa flexibilidad se dedicara a actividades familiares o sociales. Si bien actividades como salir con amigos o pasar tiempo con la familia a veces pueden competir con el sueño, también pueden ayudar a reducir el estrés, lo que a largo plazo puede mejorar la cantidad y la calidad del sueño. Permitir horarios laborales flexibles quizá sea solo una parte de la solución para aumentar la duración del sueño en los adultos.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. Lea el artículo original.

La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Gemma Paech es investigadora posdoctoral en el Sleep and Performance Research Center de la Washington State University.

Imagen: Un estudiante bosteza durante la clase «Fundamentals of Algebra», que se imparte de las 11:45 p. m. a las 2:30 a. m., en el Bunker Hill Community College de Boston, Massachusetts. REUTERS/Brian Snyder

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