Automatización y empleo: cuando la tecnología impulsa el empleo

Employees work on the production line of a robot vacuum cleaner factory of Matsutek in Shenzhen, China August 9, 2019. Picture taken August 9, 2019. REUTERS/Jason Lee - RC1AA8FAFB80
A host of recent papers estimate that these technologies put anywhere from 9% of jobs to 47% at risk of automation in the near futureImage: REUTERS/Jason Lee - RC1AA8FAFB80
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¿Destruyen o crean empleo los sectores cuando adoptan nuevas tecnologías que ahorran mano de obra? Esta columna muestra que el empleo en la industria manufacturera creció junto con la productividad durante un siglo o más, y solo disminuyó más tarde. Sostiene que la naturaleza cambiante de la demanda explica este patrón, que condujo a la saturación del mercado. Ello implica que el principal impacto de la automatización en el futuro próximo puede ser una gran reasignación de empleos, no necesariamente pérdidas masivas de puestos de trabajo.

Hoy existe una preocupación generalizada de que muchos empleos se perderán a causa de las nuevas tecnologías informáticas, ya que las máquinas pueden realizar cada vez más tareas humanas. Numerosos estudios recientes estiman que estas tecnologías ponen en riesgo de automatización en el futuro próximo entre el 9 % y el 47 % de los empleos (por ejemplo, Arntz et al. 2017, Frey y Osborne 2017). Algunas personas temen que esta ampliación del abanico de tareas automatizables esté provocando un desempleo masivo y exija nuevas políticas, como una renta básica universal (Ford 2015).

Pero esos temores están mal fundados. La historia demuestra que la automatización puede y, con frecuencia, sí conduce a un aumento del empleo en los sectores afectados. Cuando los principales sectores se automatizan, su empleo suele aumentar en lugar de disminuir (véase la Figura 1). En Estados Unidos, los empleos en la industria textil del algodón y en la siderurgia primaria crecieron rápidamente junto con una automatización acelerada durante un siglo o más. Solo más tarde se observaron fuertes pérdidas de empleo asociadas a la automatización continua.

Está claro que la automatización del pasado no siempre condujo al desempleo masivo. Pero ¿son relevantes estos ejemplos históricos para las tecnologías actuales? La cuestión clave es por qué la automatización a veces fue acompañada de crecimiento del empleo y otras veces no. En Bessen (de próxima publicación), muestro que la respuesta cambiante del empleo se debió a una elasticidad de la demanda también cambiante. Es probable que los distintos sectores actuales tengan elasticidades de demanda diferentes y, por tanto, respuestas diferentes del empleo a la automatización. Así, mientras que la automatización puede eliminar empleos en algunos sectores, crea empleos en otros. Pero esto no es solo una buena noticia. Significa que muchos trabajadores deben adaptarse a nuevos sectores, competencias y ocupaciones. El verdadero desafío político que plantea la nueva tecnología que ahorra mano de obra no es el desempleo masivo, sino ayudar a los trabajadores a realizar estas transiciones.

El enigma de la automatización y el crecimiento del empleo

¿Por qué la automatización se asocia en algunos momentos con el crecimiento del empleo en algunos sectores, y en otros momentos con la caída del empleo en otros sectores? Los economistas han tendido a centrarse en la tasa de crecimiento de la productividad para comprender el impacto de la tecnología en el empleo. Sin embargo, estas explicaciones parecen incompletas. Por ejemplo, Baumol (1967) sostuvo que un crecimiento más rápido de la productividad en la industria manufacturera, en comparación con otros sectores, ha dado lugar a una disminución de la proporción del empleo en la manufactura. Sin embargo, el empleo manufacturero aumentó durante el siglo XIX, aunque la productividad de la manufactura creció más rápido que la de otros sectores, incluida la agricultura. Del mismo modo, Acemoglu y Restrepo (2018) afirman que la demanda de trabajo aumentará con un crecimiento rápido de la productividad, pero disminuirá cuando el crecimiento de la productividad sea solo moderado. Sin embargo, las industrias textil y siderúrgica registraron tasas de crecimiento de la productividad similares tanto cuando el empleo aumentaba durante el siglo XIX como cuando disminuía a finales del siglo XX.

Un factor explicativo clave es la naturaleza cambiante de la demanda. La automatización puede, por supuesto, aumentar la demanda. En un mercado competitivo, reducir la cantidad de mano de obra necesaria para producir una unidad de producto reducirá el precio. Si la demanda es suficientemente elástica, esta crecerá con la rapidez suficiente para que el empleo aumente incluso si la cantidad de mano de obra por unidad disminuye. Esto es precisamente lo que ocurrió durante los primeros años de las industrias del algodón textil, del acero y del automóvil en Estados Unidos.

La Figura 2 muestra el consumo per cápita de estos tres bienes en función de la productividad laboral, ambos representados en escalas logarítmicas. Durante el periodo mostrado, la productividad laboral creció a un ritmo más o menos constante en cada uno de los tres bienes. Pero la respuesta de la demanda fue muy diferente. Durante los primeros años, la demanda creció rápidamente con las mejoras de productividad, lo que aumentó el empleo. Más tarde, el crecimiento de la demanda se ralentizó, de modo que dejó de compensar la caída del empleo causada por el efecto de ahorro de mano de obra de la automatización. La demanda fue muy elástica respecto a la productividad durante los primeros años y se volvió muy inelástica después. La figura no describe por completo todos los cambios producidos. Por ejemplo, no tiene en cuenta los cambios simultáneos en la renta que podrían afectar a la demanda. En mi artículo, realizo un análisis econométrico más completo y encuentro la misma disminución de la elasticidad de la demanda respecto a la productividad laboral.

Consumo per cápita:

Saturación de la demanda

Podemos entender este ciclo de vida industrial como una cuestión de saturación de la demanda. A principios del siglo XIX, el adulto medio solo tenía un juego de ropa. La tela era cara, y gran parte se fabricaba en casa, en la granja, en un proceso muy laborioso. La automatización provocó caídas de precios que liberaron una gran demanda reprimida. La gente demandó rápidamente mayores cantidades de tela para más prendas de vestir. Pero hacia mediados del siglo XX, la mayoría de las personas tenían armarios llenos y utilizaban los textiles en cortinas, tapicería, etc. La automatización siguió reduciendo los precios, pero esas caídas ya no provocaron aumentos tan grandes de la demanda.

La elasticidad cambiante de la demanda explica las formas de U invertida que se observan en el empleo de la Figura 1. Una demanda muy elástica durante los primeros años significó que el crecimiento de la demanda compensó con creces el efecto de ahorro de mano de obra de la automatización, lo que provocó un aumento del empleo. Más tarde, una demanda inelástica significó que predominó el efecto de ahorro de mano de obra y el empleo disminuyó.

Pero ¿hasta qué punto es general este patrón del ciclo de vida industrial? Para explorar esta cuestión, el artículo presenta un modelo sencillo que explica estos cambios en la demanda. Partiendo de la noción original de curva de demanda propuesta por Dupuit (1844), los distintos usos de un bien (la tela utilizada para un primer juego de ropa, la tela para muebles tapizados, etc.) generan una función de distribución cuando se ordenan según su valor relativo. A precios altos, los consumidores solo elegirán los usos más valiosos, es decir, la cola superior de la distribución. La demanda del consumidor está representada por el área de esta cola superior. A medida que bajan los precios, una porción mayor de la distribución entra en la cola superior, lo que corresponde a una demanda creciente.

Muestro que, para funciones de distribución habituales (normal, lognormal, exponencial o uniforme), la demanda dará lugar al patrón de U invertida en el empleo. Es decir, a precios suficientemente altos, la demanda será elástica (mayor que 1), y a medida que los precios bajen, la elasticidad de la demanda disminuirá, hasta volverse finalmente inelástica (menor que 1). Aplicando este modelo, encuentro que la función de distribución lognormal se ajusta muy bien a los datos de las industrias textil, siderúrgica y automovilística. También cabe esperar que muchos de los sectores actuales compartan esta propiedad común.

Implicaciones para las políticas

La implicación es que algunos sectores actuales, aquellos con una demanda insatisfecha considerable, responderán de forma elástica a la automatización y es probable que vean aumentar su empleo. Además, esto es cierto incluso si las nuevas tecnologías traen consigo una automatización a un ritmo más rápido. Aunque la tasa de crecimiento de la productividad influye en la velocidad del cambio, la elasticidad de la demanda determina el signo del cambio.

Por supuesto, la elasticidad de la respuesta a la automatización es una cuestión empírica. Algunos estudios recientes sí encuentran indicios de respuestas positivas del empleo en algunos sectores con nuevas tecnologías de la información, automatización y robótica. Por ejemplo, Gaggl y Wright (2014), Mann y Püttmann (2017), y Bessen y Righi (2019) constatan que las tecnologías de la información parecen aumentar el empleo en numerosos sectores, pero reducirlo en otros. Koch et al. (2019) constatan que las empresas que adoptan robots aumentan el empleo, mientras que Graetz y Michaels (2018) y Dauth et al. (2017) no encuentran ningún efecto sobre el empleo. Acemoglu y Restrepo (2017), por el contrario, encuentran un efecto negativo.

Estos resultados dispares sugieren que el principal impacto de la automatización en el futuro próximo puede ser provocar una gran reasignación de empleos, aunque no elimine de forma permanente un número elevado de puestos de trabajo. Este tipo de cambio puede ser, no obstante, muy perturbador. Los trabajadores que cambian de sector a menudo necesitan nuevas competencias, y pueden tener que trasladarse a nuevas ocupaciones y, en ocasiones, a nuevas ubicaciones geográficas. Estas transiciones pueden provocar periodos de desempleo, lo que supone un gran desafío para la política.

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