¿Te rechazaron para un trabajo? He aquí por qué podría ser algo bueno

Unemployed Belgian Mohamed Sammar (R) answers questions during a simulated job interview, which is recorded to help him get feedback afterwards in Brussels July 2, 2013. Sammar, 27, has been looking for a job in the construction sector for 2 years. "Fit for a job" is the initiative of former Belgian boxing champion Bea Diallo, whose goal was to restore the confidence of unemployed people and help them find a job through their participation in sports. Picture taken July 2, 2013. REUTERS/Francois Lenoir (BELGIUM - Tags: SPORT BOXING SOCIETY BUSINESS EMPLOYMENT) - RTX11DQK
Finding the right job is about matchmaking.Image: REUTERS/Francois Lenoir
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Alguien me dijo una vez que buscar trabajo es como tener citas: que te descarten para un nuevo puesto y superar esos momentos en que «simplemente no le gustas tanto» provocan un golpe parecido al ego.

El año pasado, dejé mi trabajo para escribir mi libro, Extreme YOU – Da un paso al frente. Destaca. Arrasa. Repite. Y aunque en realidad no estaba buscando trabajo, algunos reclutadores y responsables de contratación se pusieron en contacto conmigo para ofrecerme oportunidades interesantes. Me pareció importante explorar algunas para mantenerme al día con las entrevistas y tener más claro qué querría realmente en mi próximo puesto.

Hubo una oportunidad en particular para la que hice una entrevista: un puesto importante en una gran empresa. El proceso de «cortejo» llegó hasta el punto de que me invitaron a su sede en otra ciudad para conocer a varios líderes clave. Disfruté mucho conociéndolos e incluso congenié con el director ejecutivo. Sin embargo, cuando volví a casa esa noche y se lo conté a mi marido, mis ojos no se iluminaron ante la oportunidad como él los había visto iluminarse antes.

Image: Travis Bradberry

Unos días después, la empresa de selección me llamó para decirme que el empleador había decidido descartarme. Un momento, ¿qué? ¡Pero si había congeniado totalmente con ellos! ¿Cómo era posible que no me quisieran? Me invadió un leve pánico y de pronto empecé a pensar: «¿Me quedaré para siempre en la pila de rechazados? ¿Esto es lo que pasa cuando dejas una carrera corporativa de alto nivel? ¿Te vuelves irrelevante así, sin más?». Por mi mente pasaron todos esos pensamientos disparatados y llenos de pánico.

Entonces hice lo que siempre hago cuando me preocupo de forma irracional por algo: salí a correr. Mientras empezaba a ordenar mis pensamientos y emociones, me di cuenta de que no me querían, en parte porque yo tampoco los quería a ellos. Uno de los comentarios que recibí fue que se me notaba claramente «ilusionada» cuando hablaba del libro que estaba escribiendo, de mi deseo de ayudar a otras personas a alcanzar su propio potencial y de cómo había descubierto esa pasión trabajando en el deporte y el ejercicio físico. Pero, al hablar del negocio de ese empleador, no mostraba el mismo entusiasmo. Y ¿saben qué? Tenían razón.

Aunque fue un golpe para mi ego —me dolió durante una o dos semanas mientras procesaba mi inquietud por el futuro y por si acabaría encontrando otro trabajo—, fue un gran recordatorio de que encontrar el trabajo adecuado es cuestión de encontrar la pareja adecuada. En ese momento ni imaginaba que, unos meses más tarde, se me presentaría el trabajo de mis sueños: ser directora ejecutiva de Flywheel Sports.

A menudo comparo toda esta historia con el comienzo de mi carrera, cuando me rechazaron al solicitar un puesto en Air New Zealand, la aerolínea nacional de mi país. No superé las pruebas estándar de competencias que debían realizar todos los candidatos. En aquel caso, yo deseaba desesperadamente trabajar allí. Me apasionaban la idea de viajar por el mundo y la aventura, pues había crecido mudándome entre distintos países, y estaba convencida de que era el puesto indicado para mí. En vez de aceptar el rechazo, después de salir a correr para asimilarlo, comprendí que simplemente no debía aceptar un no por respuesta.

Esa convicción me llevó a esforzarme mucho más que cualquiera de los otros candidatos rechazados: contacté con el reclutador interno y le supliqué que me dedicara apenas 30 minutos para hablar de mi rechazo. Llevé ideas y observaciones bien documentadas sobre la aerolínea y mostré cómo mis aptitudes, intereses y pasión singulares podían aportarles valor. Por suerte, eso me permitió entrevistarme con el responsable de contratación y, finalmente, conseguir un trabajo.

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