Desarrollar el talento, conectar y dar forma al futuro del trabajo: un llamamiento a los líderes responsables

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Si 2017 se parece en algo a 2016, «disrupción» está llamada a convertirse en la palabra del año. En la política, los negocios y la sociedad, los acontecimientos recientes han puesto de manifiesto las limitaciones de la previsibilidad y la urgencia de esperar lo inesperado.

Lo mismo ocurre en el mercado laboral. Los vertiginosos avances tecnológicos —la automatización, la inteligencia artificial y la llegada de la economía colaborativa— están transformando nuestra forma de trabajar. Más allá de la tecnología, los cambios en la sociedad, las organizaciones y la gestión de la fuerza laboral también están alterando los patrones de trabajo tradicionales, lo que da lugar a una fuerza laboral más independiente y dispersa.

La flexibilidad es, en efecto, la clave de esta nueva era: alrededor del 30 % de la población activa de Estados Unidos y Europa ya trabaja por cuenta propia. El «empleo para toda la vida» ya no existe, mientras que la «carrera profesional múltiple» es la norma.

No reconocer estos desafíos y adaptarse a ellos podría tener consecuencias desastrosas para la desigualdad social, el desempleo y la polarización. Si bien los datos históricos indican que la tecnología aumenta la productividad humana y, en última instancia, incrementa el número de empleos con el tiempo, la transición puede ser difícil.

Los países líderes en talento como modelo

La cuarta edición del Índice Global de Competitividad por el Talento (GTCI) ofrece orientaciones útiles para afrontar este futuro incierto. Este año, su tema es «Talento y tecnología».

Publicado por primera vez en 2013, el GTCI es un informe anual de evaluación comparativa que mide la capacidad de los países para competir por el talento. El informe clasifica a 118 países según su capacidad para desarrollar, atraer y retener talento.

Suiza, Singapur y el Reino Unido encabezan la clasificación, y los países nórdicos figuran entre los 10 primeros. Este éxito también queda confirmado en el recién publicado Índice Global de Competitividad por el Talento de las Ciudades (GCTCI), en el que Copenhague, Zúrich y Helsinki ocupan los primeros puestos, y San Francisco queda en cuarto lugar.

El último índice muestra que una intensa «conectividad» entre gobiernos, empresas y centros educativos es un rasgo común de los países y ciudades que atraen talento, y que la colaboración es la palabra clave para sus líderes.

Una educación excelente se deriva de esa conectividad. Los países «líderes en talento» cuentan con sistemas educativos que proporcionan las competencias laborales que necesita el nuevo mercado de trabajo. Para formar a los trabajadores de hoy y de mañana y prepararlos para el futuro, los centros educativos deben enseñar competencias técnicas especializadas, como las disciplinas STEM, muy demandadas. La Comisión Europea ha previsto que para 2020 habrá un déficit de 756.000 profesionales de las tecnologías de la información y la comunicación y, según la Organización Mundial de la Salud, ya faltan 7 millones de trabajadores sanitarios.

Pero los centros educativos también deben proporcionar las competencias sociales y de gestión de proyectos que las personas necesitan para desarrollar la flexibilidad. Dado que el mundo en que vivimos es tan impredecible, es imprescindible poder aprender y adaptarse al cambio, además de contar con creatividad y capacidad para resolver problemas y comunicarse.

Medidas imprescindibles en las políticas de educación y empleo

Los líderes receptivos y responsables de los gobiernos y las empresas deben actuar y colaborar para acelerar el cambio, mediante la aplicación de enfoques educativos innovadores, experienciales y basados en proyectos. Estos deben incluir la integración de oportunidades de formación en el trabajo, como las que ofrecen los sistemas de aprendizaje profesional. La empleabilidad —y, por tanto, el futuro de nuestros jóvenes— está en juego, así que no podemos permitirnos esperar más para que se produzca el cambio.

Más allá de la educación, los países que obtienen buenos resultados en el GTCI atraen y retienen talento mediante la creación de mercados laborales flexibles que ofrecen cierto nivel de protección social. También aquí se necesita un liderazgo responsable en el ámbito de las políticas, con la colaboración de los líderes empresariales.

En términos más generales, para que los mercados laborales sean eficaces harán falta menos trabas burocráticas y políticas activas de empleo que impulsen la competitividad y la creación de puestos de trabajo. Pensemos en Suiza o Dinamarca, donde una regulación sencilla beneficia tanto a las empresas como a los empleados al centrarse en su empleabilidad. Al mismo tiempo, para los nuevos trabajadores de la economía colaborativa, la necesidad de protección va de la mano de la búsqueda de flexibilidad. Para garantizar condiciones equitativas en todas las formas de empleo, las normas deberán aplicarse a todos.

Las reformas también deben facilitar la reconversión profesional y la movilidad en respuesta a las necesidades del mercado. La economía global y sus nuevos paradigmas laborales exigen nuevas competencias: en una vida profesional con múltiples carreras, el aprendizaje permanente se vuelve imprescindible. En cuanto a la movilidad, una posible solución consiste en crear «cuentas individuales de seguridad» que permitan trasladar las prestaciones (seguro de desempleo, seguro médico y seguro por discapacidad y accidentes) cuando las personas cambien de empleo y de país.

El papel de los líderes empresariales

También nos corresponde a nosotros, los líderes empresariales, maximizar la flexibilidad organizativa de las empresas, dada la probabilidad de que la volatilidad siga aumentando. A medida que los trabajadores ganan independencia, las organizaciones se vuelven más horizontales e interconectadas, y los cambios sin precedentes en el liderazgo ponen de relieve la importancia de la colaboración y los resultados por encima de las jerarquías y la autoridad corporativas tradicionales.

Al mismo tiempo, debemos invertir en formación para desarrollar, atraer y retener talento, y garantizar la empleabilidad de nuestro propio personal.

En definitiva, todos tenemos que actuar con urgencia e implementar reformas de amplio alcance para impulsar la innovación, promover la flexibilidad y combatir el desempleo desde sus raíces.

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