Las economías de mercados emergentes han disfrutado de un buen crecimiento en las últimas décadas, pero aún están lejos de cerrar las brechas en los niveles de vida con las economías avanzadas. Los mercados emergentes también necesitan que el crecimiento beneficie a todos, en particular mediante la creación de buenos empleos y protección social para sus poblaciones en expansión.
En un nuevo documento del personal técnico del FMI, analizamos cómo el diseño de los mercados laborales —sus instituciones y políticas— podría fomentar el crecimiento inclusivo en estos países.
Diseños diferentes
El diseño de las políticas del mercado laboral en los mercados emergentes difiere significativamente del de las economías avanzadas, como muestra esta sencilla figura de síntesis.

Solo la mitad de los mercados emergentes cuenta con sistemas de seguro de desempleo, mientras que estos existen en casi todas las economías avanzadas. Esto significa que los trabajadores de los mercados emergentes tienen menos respaldo en caso de perder su empleo.
En cambio, la legislación de protección del empleo tiene una presencia tan extendida en los mercados emergentes como en las economías avanzadas. De hecho, los mercados emergentes superan a las economías avanzadas —al menos en la legislación— en un componente importante de esa normativa: la indemnización por despido (lo que las empresas deben pagar a los trabajadores si los despiden).
Los convenios de negociación colectiva abarcan solo a alrededor del 20 % de los trabajadores de los mercados emergentes y a cerca de la mitad de los trabajadores de las economías avanzadas.
La relación entre el salario mínimo y el salario mediano es más alta en los mercados emergentes que en las economías avanzadas. Esto significa que, en los mercados emergentes, el salario mínimo está más cerca del salario mediano, lo que refleja en parte los bajos salarios medianos.
¿Ofrece el diseño de los mercados laborales de las economías avanzadas alguna orientación para los mercados emergentes?
Proteger a los trabajadores
La creación de empleos bien remunerados exige que los puestos de trabajo que dejan de ser productivos sean reemplazados por otros más productivos. Pero los trabajadores necesitan cierta protección básica frente a estas reasignaciones de empleo. Esto puede lograrse en parte mediante un sistema de seguro de desempleo, que proporciona cierto apoyo a los ingresos de quienes pierden su empleo mientras buscan otro. En cambio, la legislación de protección del empleo —normas sobre motivos válidos para eliminar puestos de trabajo y el pago de indemnizaciones por despido, por ejemplo— protege los empleos al impedir que las empresas despidan o reasignen trabajadores en exceso.
Aunque el contexto de los países emergentes es distinto, la experiencia de las economías avanzadas sugiere que quizá sea mejor proteger a los trabajadores mediante el seguro de desempleo que mediante una legislación de protección del empleo muy estricta. El modelo de los países nórdicos, como Dinamarca —protección del empleo moderada y previsible, combinada con prestaciones por desempleo elevadas y políticas activas para reincorporar a los desempleados al trabajo—, es un ejemplo destacado.
«¿Ofrece el diseño de los mercados laborales de las economías avanzadas alguna orientación para los mercados emergentes?»
undefined
En los mercados emergentes, la necesidad de ofrecer a los trabajadores algún seguro frente al riesgo de perder ingresos es mayor que en las economías avanzadas. Sin embargo, también es mayor el riesgo de que las políticas fracasen, debido a la informalidad generalizada del mercado laboral y a la limitada capacidad administrativa. Esto puede ayudar a explicar por qué los mercados emergentes recurren más a la legislación de protección del empleo, que, sin embargo, protege solo a una parte de los trabajadores —con el riesgo de crear un mercado laboral dual, con trabajadores protegidos en el sector formal y un amplio sector informal sin protección— y puede ser uno de los obstáculos a la creación de empleos en el sector formal.
Por lo tanto, a medida que se reduzca la informalidad y mejore la capacidad administrativa, los mercados emergentes podrían ampliar gradualmente el seguro de desempleo y avanzar hacia una legislación de protección del empleo menos estricta y más previsible.
Esta es la orientación que ha promovido el FMI durante la última década, a partir de nuestro análisis de las recomendaciones dirigidas a 30 economías de mercados emergentes y de frontera. Por ejemplo, se recomendó a Chile, Malasia y Turquía que introdujeran o ampliaran los sistemas de seguro de desempleo y redujeran las indemnizaciones por despido. A otros países, como Marruecos e Indonesia, se les recomendó reducir las indemnizaciones legales por despido, muy elevadas, que pueden desviar el trabajo hacia el sector informal y fomentar la segmentación de los mercados laborales.
Niveles salariales adecuados
En cuanto a los salarios mínimos, el enfoque, el nivel y el diseño que dan buenos resultados varían según el país. En los mercados emergentes, los salarios mínimos cumplen una importante función distributiva al proporcionar a los trabajadores un nivel de vida básico. Ayudan a aliviar la pobreza de quienes todavía no ganan lo suficiente en sus empleos para llegar a fin de mes. También pueden reducir el riesgo de que los empleadores paguen menos de lo debido a los trabajadores. Sin embargo, si se fijan en un nivel demasiado alto en comparación con los salarios medianos, pueden disuadir a las empresas de contratar desde el principio a trabajadores poco cualificados e impedir que adquieran las competencias que más adelante les permitirían acceder a empleos mejor remunerados.
Por lo tanto, al fijar el salario mínimo hay que equilibrar las necesidades distributivas esenciales con los posibles efectos adversos sobre la creación de empleo. Una opción es establecer salarios mínimos en un nivel razonable (en relación con el salario mediano del país) y complementarlos con programas como las transferencias monetarias o, cuando la capacidad administrativa lo permita, los créditos fiscales para trabajadores. Por ejemplo, el Dibao en China y Bolsa Familia en Brasil han proporcionado con éxito apoyo a los ingresos dirigido a las personas pobres. Otra opción puede ser establecer salarios mínimos más bajos para ciertos grupos de trabajadores o en determinadas regiones donde sean particularmente altos en relación con el salario mediano local.
Las recomendaciones del FMI a Filipinas y Sudáfrica durante los últimos años ilustran la primera opción. En el caso de Sudáfrica, al tiempo que recomendaba fijar el salario mínimo nacional de manera que no perjudicara la creación de empleo, el FMI también reconoció los objetivos del gobierno de reducir la desigualdad y cubrir las necesidades mínimas de ingresos de los hogares, y recomendó recurrir a transferencias sociales e impuestos progresivos para alcanzarlos. La segunda opción se recomendó en Malasia, donde se aconsejó reducir los salarios mínimos en algunas regiones.
Negociación colectiva: la confianza importa
Además de los salarios mínimos establecidos por ley, la negociación colectiva entre los trabajadores y sus empleadores puede complementar eficazmente la fijación de salarios y condiciones laborales dignos. Sin embargo, es más difícil que la negociación funcione en todo un sector, aunque países avanzados como Alemania y los Países Bajos lo han logrado. Mucho depende de los detalles de los acuerdos de negociación: por ejemplo, de si los intereses de todas las empresas individuales están bien representados en la mesa de negociación, de si los representantes de los trabajadores se coordinan entre sí y de si el acuerdo sectorial ofrece cierta flexibilidad mínima para atender las distintas necesidades de cada empresa.
Las recomendaciones del FMI sobre el mercado laboral han evolucionado con el tiempo y hacen cada vez más hincapié en la necesidad de protección social y de un crecimiento más inclusivo. El FMI sigue evaluando cómo diseñar las instituciones del mercado laboral para respaldar la eficiencia económica, pero también presta más atención a reducir la desigualdad.
En general, las recomendaciones del FMI han sido ampliamente coherentes con las enseñanzas de la literatura académica sobre cómo fomentar la flexibilidad y fortalecer las redes de protección social. Para acertar con las políticas del mercado laboral en los mercados emergentes, habrá que dar pasos importantes, como integrar mejor las consideraciones de eficiencia y equidad, ofrecer recomendaciones más específicas en cada ámbito y tener en cuenta la interacción entre las distintas áreas de política.


