El poder del dinero: los pagos en efectivo pueden convencer a la gente de hacer lo correcto

A girl from the "Insurgentes de la Paz" (Peace Insurgents) school reads outside an old bus turned into a classroom in the settlement of Pueblo Nuevo, Oaxaca September 1, 2009. The bus was donated to the neighborhood by a truck company after the other classrooms became too small for the 83 children at the school. Mexico, ridden with organized crime and drug gang violence, ranks poorly in education standards, which is holding back the country's economic growth and development according to analysts. Picture taken September 1, 2009. REUTERS/Jorge Luis Plata (MEXICO POLITICS EDUCATION SOCIETY IMAGES OF THE DAY)
Researchers found exposure to the Progresa program has a positive impact.Image: REUTERS/Jorge Luis Plata (MEXICO POLITICS EDUCATION SOCIETY IMAGES OF THE DAY)
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La exposición durante la infancia al programa Progresa de México elevó en 1,4 años el nivel educativo promedio. Las niñas tuvieron 30 puntos porcentuales más de probabilidad de cursar algún grado de educación secundaria, y los niños, 18 puntos porcentuales más.

Más de 80 países de todo el mundo administran actualmente programas de transferencias monetarias condicionadas (TMC) que proporcionan dinero a familias de bajos ingresos a cambio de que adopten determinados comportamientos. Los estudios sobre estos programas suelen haber encontrado efectos positivos a corto plazo en los resultados educativos y de salud, pero la evidencia sobre sus efectos a largo plazo e intergeneracionales ha sido limitada.

En ¿Mejoran las transferencias monetarias condicionadas los resultados económicos de la siguiente generación? (Documento de trabajo del NBER n.º 24303), Susan W. Parker y Tom Vogl estudian uno de los programas de TMC más conocidos: Progresa, de México. Progresa se puso en marcha en zonas rurales del país a partir de 1997. Proporciona dinero a familias de bajos ingresos con la condición de que sus hijos asistan a la escuela y los miembros de la familia acudan a un centro de salud para revisiones periódicas. Actualmente, el programa cubre a 6 millones de familias —alrededor de una cuarta parte de todas las familias mexicanas—, tanto en zonas urbanas como rurales.

Con datos del Censo de Población y Vivienda de México de 2010, los investigadores compararon a personas de dos cohortes de nacimiento: un grupo más joven que estuvo expuesto a Progresa antes de cumplir 12 años y, por tanto, se vio afectado por el programa, y un grupo algo mayor cuyos integrantes ya tenían demasiada edad para verse afectados cuando el programa se puso en marcha en su zona.

Image: NBER

Los investigadores encuentran efectos educativos considerables en los niños expuestos al programa. En promedio, quienes tenían menos de 12 años cuando el programa estuvo disponible completaron 1,4 grados más de educación que la cohorte de mayor edad. Las mujeres expuestas a Progresa cuando eran niñas menores de 12 años tuvieron 30 puntos porcentuales más de probabilidad de cursar algún grado de educación secundaria; en el caso de los hombres, la probabilidad fue 18 puntos porcentuales mayor. La exposición al programa durante la infancia también elevó entre 10 y 15 puntos porcentuales la probabilidad de que un niño completara algún curso de educación secundaria superior. Los investigadores concluyen que «los efectos educativos estimados representan aumentos notables del nivel educativo entre los niños que crecen con Progresa».

Quizá no sorprenda que, dada la magnitud de los efectos educativos, las cohortes expuestas al programa también mostraran mejores resultados en el mercado laboral. La exposición a Progresa durante la infancia aumentó entre 7 y 11 puntos porcentuales la participación laboral de las mujeres e incrementó sus ingresos entre 30 y 40 dólares al mes. Los efectos fueron menores para los hombres, pero aun así significativos. Los hombres de la cohorte afectada por Progresa trabajaron en promedio tres horas más a la semana que los de la cohorte mayor, que no estuvo expuesta. También tuvieron más probabilidades de trabajar en el mercado laboral formal y en ocupaciones no agrícolas. Aunque los efectos sobre los ingresos fueron positivos, no resultaron estadísticamente significativos para los hombres. Sin embargo, los investigadores encuentran efectos significativos en los ingresos medios por sector entre los trabajadores varones, del orden de 40 a 50 dólares al mes.

La exposición a Progresa también mejoró las condiciones de vivienda y la posesión de bienes duraderos.

Los beneficios económicos que las mujeres obtuvieron de la exposición a Progresa durante la infancia se deben, al menos en parte, a un efecto de «traslado en busca de oportunidades». Las mujeres expuestas al programa durante su niñez tuvieron más probabilidades de migrar y vivir en zonas urbanas.

Los investigadores concluyen que «estos resultados sugieren que las TMC y las mejoras educativas que las acompañan tienen importantes consecuencias económicas para la siguiente generación».

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