Así pueden los edificios públicos responder a esta crisis y estar preparados para la próxima

Work continues at ExCel London, during its conversion into the temporary NHS Nightingale Hospital, comprising of two wards, each of 2,000 people, to help tackle the coronavirus disease (COVID-19) outbreak, in London, Britain March 31, 2020. Picture taken March 31, 2020. Stefan Rousseau/Pool via REUTERS - RC2CVF96VX0Q
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  • Para muchas personas, refugiarse en casa no es sostenible o resulta imposible, y los edificios públicos deben estar preparados para las comunidades que permanecen y las que regresan.

  • El marco FLEXREADY permite a las organizaciones gestionar edificios —como hospitales, universidades, escuelas y oficinas— de forma más segura, inteligente y sostenible.

  • El marco comprende nueve elementos: flexibilidad, diseño orientado a la seguridad de las personas, preparación para responder a emergencias, financiación adecuada, resiliencia, eficiencia energética, seguridad de la calidad del aire, tecnología digital inteligente y ciberseguridad.

En caso de una crisis de salud pública o un desastre natural, los edificios públicos prestan servicios que salvan vidas y ofrecen capacidad para la atención médica temporal y otras operaciones de ayuda comunitaria. También forman parte de la infraestructura que permite a los gobiernos cumplir sus misiones. Sin embargo, como hemos visto durante la pandemia de COVID-19, muchas de estas instalaciones necesitan urgentemente mejoras para cumplir los requisitos modernos.

En febrero, el gobierno provincial de China pidió a Johnson Controls que ayudara a construir un centro de atención médica temporal en Wuhan que estuvo operativo en cuestión de semanas. El gobierno también renovó estadios y centros de conferencias y los convirtió en hospitales temporales. A medida que el coronavirus se propagaba por el mundo, los empleados de Johnson Controls estuvieron en primera línea, apoyando la construcción y renovación rápidas de instalaciones públicas en varios estados de EE. UU. para ofrecer atención médica temporal a pacientes con COVID-19.

Desde el inicio del brote de coronavirus, los edificios públicos de EE. UU. han tenido dificultades para ofrecer refugios comunitarios saludables y seguros en respuesta a fenómenos meteorológicos extremos, incendios forestales y otras emergencias. Al combinar fondos nacionales para la recuperación económica con inversión privada, los edificios pueden modernizarse de forma rentable para mejorar la seguridad, la sostenibilidad y la resiliencia, y ofrecer a la vez la flexibilidad necesaria para responder a diversos desastres naturales y de salud pública.

Este sistema «FLEXREADY» permite comprobar si las organizaciones cumplen las nueve normas que deben satisfacer para mejorar la salud, la seguridad, la sostenibilidad y la resiliencia de sus edificios, y prepararse para futuras emergencias.

Flexibilidad – Las instalaciones deberían poder cambiar rápidamente sus modos de funcionamiento para responder a distintas situaciones de emergencia y a condiciones normales. Los sistemas de automatización de edificios deberían programarse para garantizar operaciones seguras y saludables durante una pandemia viral, y operaciones energéticamente eficientes cuando la ocupación sea menor. Las instalaciones también deberían poder mantener operaciones seguras ante diversas condiciones, como fenómenos meteorológicos extremos, cortes de la red eléctrica y otros desastres naturales.

Seguridad de las personas – Las instalaciones deberían estar protegidas contra el acceso no autorizado y los riesgos para la seguridad de las personas. Las evaluaciones detalladas de seguridad y protección pueden identificar oportunidades para implementar controles de acceso sin contacto, escaneo térmico para vigilar temperaturas elevadas de la piel, y detección remota de incendios y gestión de alarmas, medidas que pueden mejorar la seguridad de los ocupantes durante una pandemia.

Emergencias – Las instalaciones deberían poder responder a diversas situaciones de emergencia temporales, incluidas las crisis de salud pública y los desastres naturales. Los espacios públicos, que a menudo sirven de refugio comunitario durante los desastres naturales, ahora deben funcionar ante el posible riesgo de exposición al coronavirus y ofrecer espacios temporales de cuarentena y aislamiento para personas con COVID-19, expuestas al virus o con síntomas. Algunas instalaciones también pueden adaptarse para funcionar como centros temporales de atención médica no intensiva durante los brotes pandémicos.

capX – Modernizar las instalaciones y la infraestructura para que puedan responder con flexibilidad a diversas situaciones de emergencia requiere una inversión adicional. Además de recurrir a los gastos de capital internos, pueden estar disponibles diversos fondos federales, estatales y locales de estímulo económico y de recuperación ante desastres. También puede haber oportunidades para aprovechar la financiación público-privada, por ejemplo, mediante contratos basados en el rendimiento y modelos de negocio de «infraestructura como servicio», que permiten financiar mejoras de infraestructura a lo largo del tiempo gracias al ahorro energético y operativo a largo plazo.

Resiliencia – Las instalaciones deberían diseñarse para seguir operativas o recuperarse rápidamente tras fenómenos meteorológicos extremos o cortes prolongados de la red eléctrica. Entre las medidas habituales figuran garantizar que los generadores de reserva tengan combustible suficiente, reciban mantenimiento y se sometan a pruebas, y proteger de las inundaciones los equipos mecánicos y eléctricos. Los sistemas solares fotovoltaicos y de almacenamiento en baterías, que suelen instalarse para cumplir objetivos de sostenibilidad, pueden diseñarse para suministrar energía de emergencia a servicios esenciales. Las centrales de cogeneración y otros recursos energéticos distribuidos configurados como microrredes para funcionar de forma autónoma durante periodos prolongados pueden aportar niveles aún mayores de resiliencia.

Eficiencia – Mantener operaciones eficientes en las instalaciones durante una pandemia puede ser difícil, ya que muchas medidas para mejorar la calidad del aire interior —como aumentar la ventilación con aire exterior y la filtración del aire interior— pueden incrementar el consumo de energía, según el tipo y la ubicación del edificio. Los edificios que funcionan con horarios ampliados para reducir la densidad de ocupación y la congestión de los desplazamientos también podrían verse afectados por un mayor consumo energético. Será esencial actualizar los sistemas mecánicos y programar los sistemas de automatización de edificios para optimizar el rendimiento energético en estas condiciones de la pandemia, que constituyen la «nueva normalidad», y así lograr operaciones sostenibles y energéticamente eficientes.

Calidad del aire – Mantener una alta calidad del aire interior se ha vuelto fundamental durante la pandemia debido al riesgo de transmisión del coronavirus por el aire en espacios interiores. Diversas agencias gubernamentales y organizaciones de ingeniería de reconocido prestigio de todo el mundo han publicado directrices para operar edificios de forma saludable y segura. Entre las recomendaciones habituales figuran aumentar la ventilación, mejorar la filtración del aire y tratar el aire interior. También es importante mantener la humedad ambiental dentro de un intervalo de 40-60 % de humedad relativa. Estas medidas pueden combinarse para reducir la probabilidad de infección, pero dependen de que los sistemas mecánicos y de control existentes en los edificios puedan implementar las mejoras y mantener al mismo tiempo un nivel de confort adecuado para los ocupantes.

Los trabajadores del sector público son solo una de las comunidades que dependen de edificios públicos más seguros, inteligentes y sostenibles.

Tecnología digital – El uso de tecnología digital ha aumentado de forma espectacular en este nuevo mundo de distanciamiento social y trabajo remoto en el que vivimos. En el entorno construido, las herramientas digitales permiten supervisar y gestionar a distancia los sistemas de seguridad, seguridad de las personas, mecánicos, eléctricos y de control, así como realizar análisis remoto de la eficiencia energética. La tecnología digital también puede facilitar el acceso sin contacto a determinados espacios y servicios del edificio, como los ascensores. Asimismo, puede respaldar aplicaciones para rastrear y localizar a los ocupantes, hacer cumplir el distanciamiento social y rastrear automáticamente la exposición a personas con COVID-19.

Ciberseguridad – Como si la pandemia de coronavirus y las emergencias meteorológicas, cada vez más frecuentes y graves, no fueran suficientes, los ciberataques pueden desbaratar incluso los mejores planes de respuesta ante emergencias de una instalación. A medida que se digitalizan cada vez más las operaciones y la gestión de las instalaciones, es fundamental implementar correctamente las medidas de ciberseguridad. Entre ellas se incluyen ofrecer acceso seguro de los usuarios a los sistemas y redes de las instalaciones, actualizar periódicamente el software antivirus, implementar la tecnología de cifrado de datos más reciente y aislar los sistemas críticos. Una auditoría y un proceso de certificación de ciberseguridad pueden aportar garantías y protección adicionales a las instalaciones y la infraestructura esenciales para el cumplimiento de misiones.

Los edificios diseñados o renovados para incorporar estos elementos contribuyen a diversos Objetivos de Desarrollo Sostenible, incluidos el ODS 3 (Salud y bienestar), el ODS 8 (Trabajo decente y crecimiento económico), el ODS 11 (Ciudades y comunidades sostenibles) y el ODS 13 (Acción por el clima).

Estas mejoras pueden aumentar la confianza de las comunidades en que sus edificios se gestionan de forma segura y sostenible y están preparados para responder a diversas emergencias futuras, incluidas las relacionadas con el cambio climático global y la salud.

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