Para muchas personas, refugiarse en casa no es sostenible o resulta imposible, y los edificios públicos deben estar preparados para las comunidades que permanecen y las que regresan.
El marco FLEXREADY permite a las organizaciones gestionar edificios —como hospitales, universidades, escuelas y oficinas— de forma más segura, inteligente y sostenible.
El marco comprende nueve elementos: flexibilidad, diseño orientado a la seguridad de las personas, preparación para responder a emergencias, financiación adecuada, resiliencia, eficiencia energética, seguridad de la calidad del aire, tecnología digital inteligente y ciberseguridad.
En caso de una crisis de salud pública o un desastre natural, los edificios públicos prestan servicios que salvan vidas y ofrecen capacidad para la atención médica temporal y otras operaciones de ayuda comunitaria. También forman parte de la infraestructura que permite a los gobiernos cumplir sus misiones. Sin embargo, como hemos visto durante la pandemia de COVID-19, muchas de estas instalaciones necesitan urgentemente mejoras para cumplir los requisitos modernos.
En febrero, el gobierno provincial de China pidió a Johnson Controls que ayudara a construir un centro de atención médica temporal en Wuhan que estuvo operativo en cuestión de semanas. El gobierno también renovó estadios y centros de conferencias y los convirtió en hospitales temporales. A medida que el coronavirus se propagaba por el mundo, los empleados de Johnson Controls estuvieron en primera línea, apoyando la construcción y renovación rápidas de instalaciones públicas en varios estados de EE. UU. para ofrecer atención médica temporal a pacientes con COVID-19.
Desde el inicio del brote de coronavirus, los edificios públicos de EE. UU. han tenido dificultades para ofrecer refugios comunitarios saludables y seguros en respuesta a fenómenos meteorológicos extremos, incendios forestales y otras emergencias. Al combinar fondos nacionales para la recuperación económica con inversión privada, los edificios pueden modernizarse de forma rentable para mejorar la seguridad, la sostenibilidad y la resiliencia, y ofrecer a la vez la flexibilidad necesaria para responder a diversos desastres naturales y de salud pública.
Este sistema «FLEXREADY» permite comprobar si las organizaciones cumplen las nueve normas que deben satisfacer para mejorar la salud, la seguridad, la sostenibilidad y la resiliencia de sus edificios, y prepararse para futuras emergencias.
Flexibilidad – Las instalaciones deberían poder cambiar rápidamente sus modos de funcionamiento para responder a distintas situaciones de emergencia y a condiciones normales. Los sistemas de automatización de edificios deberían programarse para garantizar operaciones seguras y saludables durante una pandemia viral, y operaciones energéticamente eficientes cuando la ocupación sea menor. Las instalaciones también deberían poder mantener operaciones seguras ante diversas condiciones, como fenómenos meteorológicos extremos, cortes de la red eléctrica y otros desastres naturales.
Seguridad de las personas – Las instalaciones deberían estar protegidas contra el acceso no autorizado y los riesgos para la seguridad de las personas. Las evaluaciones detalladas de seguridad y protección pueden identificar oportunidades para implementar controles de acceso sin contacto, escaneo térmico para vigilar temperaturas elevadas de la piel, y detección remota de incendios y gestión de alarmas, medidas que pueden mejorar la seguridad de los ocupantes durante una pandemia.
Emergencias – Las instalaciones deberían poder responder a diversas situaciones de emergencia temporales, incluidas las crisis de salud pública y los desastres naturales. Los espacios públicos, que a menudo sirven de refugio comunitario durante los desastres naturales, ahora deben funcionar ante el posible riesgo de exposición al coronavirus y ofrecer espacios temporales de cuarentena y aislamiento para personas con COVID-19, expuestas al virus o con síntomas. Algunas instalaciones también pueden adaptarse para funcionar como centros temporales de atención médica no intensiva durante los brotes pandémicos.
capX – Modernizar las instalaciones y la infraestructura para que puedan responder con flexibilidad a diversas situaciones de emergencia requiere una inversión adicional. Además de recurrir a los gastos de capital internos, pueden estar disponibles diversos fondos federales, estatales y locales de estímulo económico y de recuperación ante desastres. También puede haber oportunidades para aprovechar la financiación público-privada, por ejemplo, mediante contratos basados en el rendimiento y modelos de negocio de «infraestructura como servicio», que permiten financiar mejoras de infraestructura a lo largo del tiempo gracias al ahorro energético y operativo a largo plazo.
Resiliencia – Las instalaciones deberían diseñarse para seguir operativas o recuperarse rápidamente tras fenómenos meteorológicos extremos o cortes prolongados de la red eléctrica. Entre las medidas habituales figuran garantizar que los generadores de reserva tengan combustible suficiente, reciban mantenimiento y se sometan a pruebas, y proteger de las inundaciones los equipos mecánicos y eléctricos. Los sistemas solares fotovoltaicos y de almacenamiento en baterías, que suelen instalarse para cumplir objetivos de sostenibilidad, pueden diseñarse para suministrar energía de emergencia a servicios esenciales. Las centrales de cogeneración y otros recursos energéticos distribuidos configurados como microrredes para funcionar de forma autónoma durante periodos prolongados pueden aportar niveles aún mayores de resiliencia.
Eficiencia – Mantener operaciones eficientes en las instalaciones durante una pandemia puede ser difícil, ya que muchas medidas para mejorar la calidad del aire interior —como aumentar la ventilación con aire exterior y la filtración del aire interior— pueden incrementar el consumo de energía, según el tipo y la ubicación del edificio. Los edificios que funcionan con horarios ampliados para reducir la densidad de ocupación y la congestión de los desplazamientos también podrían verse afectados por un mayor consumo energético. Será esencial actualizar los sistemas mecánicos y programar los sistemas de automatización de edificios para optimizar el rendimiento energético en estas condiciones de la pandemia, que constituyen la «nueva normalidad», y así lograr operaciones sostenibles y energéticamente eficientes.
Calidad del aire – Mantener una alta calidad del aire interior se ha vuelto fundamental durante la pandemia debido al riesgo de transmisión del coronavirus por el aire en espacios interiores. Diversas agencias gubernamentales y organizaciones de ingeniería de reconocido prestigio de todo el mundo han publicado directrices para operar edificios de forma saludable y segura. Entre las recomendaciones habituales figuran aumentar la ventilación, mejorar la filtración del aire y tratar el aire interior. También es importante mantener la humedad ambiental dentro de un intervalo de 40-60 % de humedad relativa. Estas medidas pueden combinarse para reducir la probabilidad de infección, pero dependen de que los sistemas mecánicos y de control existentes en los edificios puedan implementar las mejoras y mantener al mismo tiempo un nivel de confort adecuado para los ocupantes.
Tecnología digital – El uso de tecnología digital ha aumentado de forma espectacular en este nuevo mundo de distanciamiento social y trabajo remoto en el que vivimos. En el entorno construido, las herramientas digitales permiten supervisar y gestionar a distancia los sistemas de seguridad, seguridad de las personas, mecánicos, eléctricos y de control, así como realizar análisis remoto de la eficiencia energética. La tecnología digital también puede facilitar el acceso sin contacto a determinados espacios y servicios del edificio, como los ascensores. Asimismo, puede respaldar aplicaciones para rastrear y localizar a los ocupantes, hacer cumplir el distanciamiento social y rastrear automáticamente la exposición a personas con COVID-19.
Ciberseguridad – Como si la pandemia de coronavirus y las emergencias meteorológicas, cada vez más frecuentes y graves, no fueran suficientes, los ciberataques pueden desbaratar incluso los mejores planes de respuesta ante emergencias de una instalación. A medida que se digitalizan cada vez más las operaciones y la gestión de las instalaciones, es fundamental implementar correctamente las medidas de ciberseguridad. Entre ellas se incluyen ofrecer acceso seguro de los usuarios a los sistemas y redes de las instalaciones, actualizar periódicamente el software antivirus, implementar la tecnología de cifrado de datos más reciente y aislar los sistemas críticos. Una auditoría y un proceso de certificación de ciberseguridad pueden aportar garantías y protección adicionales a las instalaciones y la infraestructura esenciales para el cumplimiento de misiones.
Los edificios diseñados o renovados para incorporar estos elementos contribuyen a diversos Objetivos de Desarrollo Sostenible, incluidos el ODS 3 (Salud y bienestar), el ODS 8 (Trabajo decente y crecimiento económico), el ODS 11 (Ciudades y comunidades sostenibles) y el ODS 13 (Acción por el clima).
Estas mejoras pueden aumentar la confianza de las comunidades en que sus edificios se gestionan de forma segura y sostenible y están preparados para responder a diversas emergencias futuras, incluidas las relacionadas con el cambio climático global y la salud.

