Empresas de todo el mundo —de los sectores del transporte, la exploración, la energía, la construcción o la hostelería— miran hacia arriba en busca de la próxima oportunidad de crecimiento. El espacio se está convirtiendo rápidamente en un lugar donde los sectores que impulsan la economía mundial llevarán a cabo sus negocios.
¿Cómo llamamos a un espacio económico como este, que no se limita a un solo planeta y ya no tiene fronteras físicas? No podemos llamarlo industria cuando los grupos industriales privados pueden generar ingresos y beneficios no solo en la Tierra, sino también en asteroides cercanos a la Tierra (NEA), la Luna, Marte y más allá. Es simplemente un medio en el que la humanidad realiza actividades comerciales.

Veamos qué sectores industriales serán los primeros en aprovechar nuestra esfera económica ampliada y algunas de las oportunidades concretas de crecimiento.
Energía
Con un valor superior a 8,4 billones de dólares y una tasa de crecimiento anual compuesta del 4,1 %, la energía es el mayor sector industrial de la Tierra.
Los seres humanos consumen grandes cantidades de energía y pronto habrá más personas en el espacio.
Jeff Bezos, fundador y director ejecutivo de Amazon, prevé que «millones de personas vivirán y trabajarán en el espacio» en las próximas décadas. Está tan convencido de que esto ocurrirá que invierte más de 1.000 millones de dólares al año en su empresa de transporte espacial, Blue Origin. Una población de esta magnitud en el espacio necesitará enormes cantidades de energía para vivir, trabajar y desplazarse. Esta energía procederá de la energía solar, más eficaz cuando se capta en el espacio debido a la ausencia de una atmósfera que la filtre, y de cohetes químicos, que serán el principal medio de transporte en el futuro previsible.
Los propulsantes más eficientes para cohetes químicos se componen de oxígeno líquido criogénico combinado con hidrógeno líquido o metano. Al principio, el propulsante necesario para abastecer la economía espacial se lanzará desde la Tierra, como han propuesto hacer en un futuro próximo tanto United Launch Alliance (una empresa conjunta de Lockheed Martin y Boeing) como SpaceX. Sin embargo, hay una forma mucho más atractiva de obtener los propulsantes necesarios para mantener una presencia humana permanente en el espacio: extraerlos mediante la minería.
Minería
En los últimos años, el valor de mercado de la industria minera mundial se ha desplomado: pasó de más de 1,6 billones de dólares en 2010 a 714.000 millones en 2016. Sin embargo, esto podría cambiar rápidamente cuando la emergente industria de los recursos espaciales transforme la definición «mundial» de la minería.
Los recursos espaciales pueden extraerse de cuerpos celestes, sobre todo de asteroides y de la Luna. A principios de este año, Goldman Sachs publicó un informe que afirmaba que la minería de asteroides es más realista de lo que se cree y que sus costos son «comparables a los de las minas tradicionales». El informe también señalaba que «aunque la barrera psicológica para extraer minerales de asteroides es alta, las barreras financieras y tecnológicas reales son mucho menores».
El Gobierno de Luxemburgo confía tanto en esta industria emergente que recientemente creó la iniciativa Space Resources, dotada con 227 millones de dólares para convertir a Luxemburgo en un centro europeo de recursos espaciales. Su objetivo es contribuir a la exploración pacífica y al aprovechamiento sostenible de los recursos espaciales en beneficio de la humanidad. Al principio, las actividades de minería espacial se centrarán en el agua y en los propulsantes derivados del agua para hacer posible la infraestructura espacial. Cuando estos propulsantes estén fácilmente disponibles, las empresas empezarán a obtener metales estructurales para proyectos de construcción y, más adelante, metales preciosos necesarios para la fabricación en el espacio o, posiblemente, para traerlos de vuelta a la Tierra.
Transporte
El recurso más importante que se extraerá en el espacio es el agua.
El agua es esencial para todas las funciones de soporte vital en el espacio: la subsistencia, la higiene y la producción de alimentos. También puede servir de escudo eficaz contra la peligrosa radiación espacial. Además, es la materia prima más importante para las refinerías espaciales, que producirán propulsantes para cohetes y los venderán a proveedores de transporte.
La disponibilidad de propulsantes más allá del campo gravitatorio de la Tierra dará lugar a la primera superautopista espacial: una serie de depósitos de combustible situados en lugares estratégicos de todo el sistema solar.
Imaginemos el potencial de crecimiento de los sectores de la energía, la minería y el refinado una vez que dejen atrás las limitaciones de una economía restringida a la Tierra. Las empresas de transporte y logística espacial que consumirán estos productos ya están bien establecidas y las dirigen grandes figuras de la industria: Jeff Bezos (Blue Origin), Elon Musk (SpaceX), Richard Branson (Virgin Galactic) y Tory Bruno (United Launch Alliance). Ahora, empresas de minería espacial como Planetary Resources —respaldada por el gigante industrial Bechtel y el Gobierno de Luxemburgo— pueden hacerse con este mercado cada vez más importante suministrando agua y propulsantes a base de agua al sector del transporte espacial.
Construcción
Hoy, la industria mundial de la construcción compite con la energética por el título de mayor industria del mundo, y esta rivalidad continuará en el espacio. Los primeros sistemas de construcción orbital se desplegarán antes de que termine la década. Estas naves espaciales robóticas podrán ensamblar grandes estructuras en órbita y reparar o reabastecer de combustible satélites existentes. Al combinarse con técnicas de fabricación aditiva en gravedad cero, permitirán crear sistemas de construcción capaces de «imprimir» y ensamblar estructuras enormes en el entorno espacial. La construcción en el espacio del futuro no se parecerá en nada a la de la Tierra, pero tendrá el mismo valor, porque sus técnicas y servicios se aplicarán a toda la cadena de valor espacial. Se podrá ensamblar una refinería de propulsantes en órbita, reparar minas de asteroides de forma autónoma y ampliar y modernizar a gran escala las centrales de energía solar para satisfacer las necesidades de casi cualquier proyecto.
Hostelería y bienes raíces
Los seres humanos solo podrán vivir, trabajar y disfrutar en el espacio si cuentan con refugio frente a su entorno hostil. La Estación Espacial Internacional (ISS) ha mantenido una presencia humana continua durante más de 10 años, pero esto también cambiará pronto.
Numerosas empresas de estaciones espaciales comerciales, incluida una fundada por Robert Bigelow, multimillonario y fundador de una cadena hotelera, compiten por contratos lucrativos que abarcan desde prestar apoyo a astronautas de países soberanos y turistas de alto poder adquisitivo hasta arrendar espacio en el espacio para la fabricación orbital y los programas de investigación y desarrollo. Se prevé que esta nueva industria genere 37.000 millones de dólares en la próxima década.
Al principio, los hábitats espaciales se lanzarán desde la Tierra. Pero, a medida que se amplíe la cadena de suministro de recursos y haya metales procedentes de asteroides y de la Luna, este sector también dependerá de recursos obtenidos en el espacio. Las empresas de construcción combinarán materias primas metálicas de alta calidad con flotas robóticas de ensamblaje orbital, a medida que adquiramos la capacidad de crear meg estructuras orbitales: hoteles, fábricas y asentamientos permanentes cuyo tamaño ya no tendrá límites. La aparición de mercados inmobiliarios en órbita hará posible que surjan las primeras ciudades espaciales. El espacio será asequible y rentable para los promotores.
Nuestra economía mundial está limitada por su propio nombre. Cuando comprendamos que la economía terrestre es solo el comienzo, nuestra idea del crecimiento cambiará de forma exponencial. Para las empresas industriales con la visión de considerar el espacio no como un sector independiente, sino como el próximo medio en el que desarrollar sus actividades, el cielo no es el límite. Las únicas limitaciones son las que nos imponemos.
Los autores son miembros del Consejo Global del Futuro sobre Tecnologías Espaciales.


