Algunas personas hacen mucho más que otras: mucho más.
Claro, trabajan duro. Y trabajan con inteligencia. (Aunque «trabajar con más inteligencia, no más duro» está bien, trabajar con más inteligencia y más duro es mucho mejor.) Pero también poseen algunas otras cualidades que repercuten considerablemente en su desempeño:
1. Hacen el trabajo a pesar de la desaprobación o el ridículo.
Trabaja demasiado, esfuérzate demasiado, pareces demasiado ambicioso, intenta destacar entre la multitud… y la persona promedio te guardará rencor. Es mucho más fácil y cómodo moderarse y encajar.
A las personas muy productivas no les preocupa complacer a la multitud (de rendimiento promedio). (Puede que lo piensen, pero luego siguen adelante.) Escuchan las críticas, reciben los ataques, soportan las risas, las burlas o incluso la hostilidad… y siguen midiéndose a sí mismas y sus esfuerzos según sus propios criterios. siguen midiéndose a sí mismas y sus esfuerzos según sus propios criterios.
Y, en el proceso, logran lo que quieren lograr. (Que, en realidad, es lo único que importa.)
2. Aceptan que el miedo es un elemento previsto del proceso.
Uno de mis clientes es un cómico extraordinario y extraordinariamente exitoso. El público lo adora. Es increíblemente bueno.
Sin embargo, sigue teniendo ataques de pánico antes de salir al escenario. Sabe que se derrumbará, que sudará hasta empapar la camisa y sentirá náuseas. Así es él.
Así que, justo antes de salir al escenario, se da una ducha rápida, se bebe una botella de agua, salta en el sitio y hace un poco de boxeo de sombra.
Claro, sigue teniendo miedo. Sabe que siempre tendrá miedo. Pero lo acepta como parte del proceso y ha desarrollado una manera de lidiar con ello.
Cualquiera que espere lograr grandes cosas se pone nervioso. Cualquiera que intente lograr grandes cosas siente miedo.
Las personas productivas no son más valientes que las demás; simplemente encuentran la fuerza para seguir avanzando. Se dan cuenta de que quedarse atrapado en el miedo paraliza, pero actuar genera de forma natural confianza y seguridad en uno mismo.
3. Pueden dar lo mejor de sí incluso en su peor día.
Norman Mailer dijo: «Ser un escritor de verdad significa poder trabajar en un mal día».
Las personas extraordinariamente exitosas no ponen excusas. Siguen adelante porque saben que crear buenos hábitos requiere mucho tiempo y esfuerzo. Saben lo fácil que es crear de inmediato un mal hábito cediendo… aunque sea «solo esta vez». (Porque, una vez que cedes, rara vez es solo una vez.)
4. Ven la creatividad como resultado del esfuerzo, no de la inspiración.
La mayoría de las personas espera una idea. La mayoría piensa que la creatividad surge de algún modo. Esperan que una musa divina algún día les muestre una nueva manera, un nuevo enfoque, un nuevo concepto.
Y esperan, y esperan, y esperan.
De vez en cuando, a algunas personas simplemente se les ocurren grandes ideas. Pero, en general, la creatividad es fruto del esfuerzo: trabajar, esforzarse, perfeccionar, probar, experimentar… El propio trabajo da lugar a la inspiración.
Las personas muy productivas no esperan a que surjan ideas. No esperan a que llegue la inspiración. Saben que las grandes ideas suelen provenir de quienes actúan, no de quienes simplemente sueñan.
5. Consideran que pedir ayuda es esencial, no una debilidad.
Imagina que viajas a un país desconocido, solo conoces unas pocas palabras del idioma, estás perdido y tienes algo de miedo. ¿Pedirías ayuda? Por supuesto.
Nadie lo sabe todo. Nadie es bueno en todo.
Las personas productivas siguen adelante y esperan que el esfuerzo compense la falta de conocimientos o habilidades. Y lo hace, pero solo hasta cierto punto.
Las personas muy productivas también piden ayuda. Saben que pedir ayuda es una muestra de fortaleza y la clave para lograr más.
6. Empiezan…
A veces todos carecemos de motivación y autodisciplina. A veces nos distraemos con facilidad. A veces todos tememos el fracaso y el éxito.
Procrastinar forma parte de lo que nos hace humanos; no es posible superar por completo ninguna de esas deficiencias. Es normal querer posponer una tarea difícil. Es normal evitar un desafío.
Pero piensa en alguna ocasión en que pospusiste una tarea, por fin empezaste y, una vez metido en ella, pensaste: «No sé por qué seguí posponiéndola; está saliendo muy bien. Y no resultó ni de lejos tan difícil como imaginaba».
(No es de extrañar; siempre es más fácil de lo que pensamos.)
Las personas muy productivas intentan no pensar en el malestar que sentirán al principio; se centran en lo bien que se sentirán una vez que estén trabajando en ello y participando activamente.
Así que se ponen manos a la obra…
7. …y terminan.
A menos que haya una razón realmente, realmente buena para no terminar, cosa que, por supuesto, casi nunca ocurre.
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde esos puntos de vista.
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Autor: Jeff Haden es editor colaborador de Inc. Magazine
Imagen: Un hombre está de pie en medio de la Grand Central Terminal mientras habla por teléfono móvil. REUTERS/Zoran Milich
