5 formas inesperadas de impresionar a tu jefe

5 formas inesperadas de impresionar a tu jefe
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Hace poco, el CEO de LinkedIn, Jeff Weiner, ideó un fantástico diagrama de Venn que define a la perfección las cualidades de un gran compañero de trabajo. Sugiere que los colegas que dan en el punto justo sueñan a lo grande, «hacen el trabajo» y recuerdan divertirse por el camino. A mí me parece bastante acertado.

Pero esa es solo la fórmula general. Por supuesto, hay muchos otros rasgos básicos a los que los empleados de alto rendimiento deberían aspirar en su trabajo, como ser autónomos, productivos y saber trabajar en equipo. Con los años, también he descubierto algunos trucos laborales decididamente poco convencionales que pueden llevar el desempeño de una persona de bueno a excelente. Los ajustes son pequeños, pero quizá te ayuden a destacar en el trabajo y a facilitarle la vida a tu jefe, lo cual siempre es bueno:

Escribe correos electrónicos más breves. Con los años, me he acostumbrado a escribir correos de tres frases (un concepto explicado aquí), eliminando lo superfluo y conservando solo los puntos más esenciales. Así ahorro tiempo y también se lo ahorro al lector. Cada vez que recibo un correo largo de un empleado nuevo, me pregunto si las cosas podrían haberse expresado de forma más concisa. Es estupendo ver que le importa lo suficiente como para dedicar tiempo a redactarlo, pero ¿es absolutamente necesaria toda la información? ¿Podrían haberse eliminado algunas frases más? El tiempo suele ser el recurso más valioso de un jefe. En vez de enviar correos largos, reserva las comunicaciones más sustanciales para una llamada o una reunión.

Sé un poco obsesivo con los detalles. En su apogeo, la banda de rock de los años 80 Van Halen era famosa por una ingeniosa táctica de control de calidad. Escondida en lo más profundo del contrato de gira de 53 páginas había una cláusula que estipulaba que en su camerino hubiera M&M’s de todos los colores excepto marrón. Si la banda encontraba un M&M marrón, según se cuenta, se enfurecía y cancelaba por completo el concierto. Su lógica: si sus contratistas no leían la letra pequeña cuando se trataba de golosinas, ¿cómo se podía confiar en que montaran sus elaborados escenarios, a menudo peligrosos?

Para los empleados que quieren llevar su desempeño al siguiente nivel, aquí hay una lección bastante clara. Presta atención a los detalles. En cualquier empresa, los M&M marrones pueden ser desastres graves a punto de ocurrir. En mi empresa, con más de 10 millones de usuarios, un pequeño problema de derechos de autor, una campaña de correo electrónico ejecutada incorrectamente o incluso lo que parece un fallo técnico menor pueden acabar afectando a muchos clientes en poco tiempo. Un empleado en quien se puede confiar para detectar esos pequeños errores empieza de verdad a destacar.

Sal de una reunión. Me encanta que los empleados se marchen de una reunión de grupo conmigo. ¿Por qué? Por naturaleza, las reuniones son ineficientes. Algunos puntos del orden del día se resuelven en minutos, mientras que otros se prolongan eternamente. Los temas fundamentales para algunos miembros del grupo pueden ser totalmente irrelevantes para otros. La solución: levántate y discúlpate cuando ya no estés obteniendo nada de valor. Prefiero que mis empleados aprovechen bien su tiempo a que se queden sentados escuchando educadamente información que no pueden usar. Ahora bien, no todos los jefes van a verlo así. Pero para el jefe adecuado —ese experto en productividad que siempre busca formas de aumentar la eficiencia—, esta táctica puede decir mucho.

Gestiona hacia abajo: trata mejor al conserje que a mí. Hace poco, varias personas se presentaron a un puesto de ventas de alto nivel. Tras consultarlo con mi asistente ejecutivo, me sorprendió saber que muchos candidatos que habían sido amables y corteses conmigo habían sido francamente groseros con ella. La capacidad de llevarse bien con los demás, no solo con tu jefe, es una habilidad fundamental en cualquier puesto. Siempre evalúo cómo tratan los nuevos empleados a sus compañeros, a los clientes e incluso a desconocidos. La cordialidad, la cortesía y el interés genuino por los demás son rasgos que los jefes suelen valorar mucho, porque contribuyen a que el equipo sea más armonioso y productivo. Deja el ego en la puerta.

Fracasa en algo. Hay dos tipos de fracaso: el que se debe a la incompetencia y el que se debe a la ambición. Un buen jefe reconoce la diferencia entre ambos y respeta a los empleados que fracasan por esta última razón. Admiro mucho a las personas que abarcan más de lo que pueden manejar, que se hacen cargo de proyectos quizá demasiado grandes o ambiciosos. Y no se lo reprocho si las cosas no salen según lo previsto. Al fin y al cabo, sin riesgos, a cualquier empresa le resulta difícil avanzar. Steve Jobs lo sabía bien. Aunque Apple es venerada por el iPhone y el MacBook, se recuerdan menos los muchos productos que fueron un fracaso rotundo, como el Apple Lisa, el Apple III y el Power Mac G4 Cube. Un buen jefe sabe que el fracaso y la innovación son las dos caras de una misma moneda.

Nota de cautela: es importante tener presente que, aunque seguir estas sugerencias podría impresionarme, no todos los jefes están hechos del mismo molde. Por eso, estos trucos deben aplicarse con criterio, sobre todo si trabajas en un sector más conservador o regulado.

Dicho esto, los grandes jefes saben que los empleados empoderados, y no temerosos, son una de las claves del éxito. Ojalá tengas la suerte de trabajar en una empresa que apoye a las personas con el valor de asumir riesgos (bien ponderados), especialmente cuando tienen en cuenta los mejores intereses de la empresa.

Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Ryan Holmes es el CEO de Hootsuite.

Imagen: Una empresaria aparece en silueta mientras camina bajo el Arche de la Défense. REUTERS/Christian Hartmann.

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