Una presentación crucial. Una reunión clave. Una relación con un cliente deteriorada que debes reparar. Sea lo que sea que estés a punto de hacer, es increíblemente importante… lo que hace que estés increíblemente nervioso.
Para dar lo mejor de ti, necesitas una dosis rápida de confianza, que quizá requiera algo más que leer citas inspiradoras para aumentar tu confianza. (Aunque quizá no: échales un vistazo.)
Aunque la confianza verdadera lleva tiempo desarrollarla (porque se basa en éxitos graduales y constantes), por suerte hay formas de superar rápidamente la ansiedad y los nervios y rendir bien:
1. Libera parte del estrés químico.
Cuando sientes ansiedad o estrés, las glándulas suprarrenales secretan cortisol, uno de los desencadenantes químicos del reflejo instintivo de lucha o huida. Los niveles altos de cortisol intensifican tus emociones, limitan tu creatividad y reducen tu capacidad para procesar información compleja. Cuando tienes el cortisol «por las nubes», tu visión se vuelve de túnel, igual que cuando te sobresaltas o asustas.
Esto es lo que debes hacer: quema el exceso de cortisol haciendo ejercicio. Sal a caminar a la hora del almuerzo. Entrena antes de ir al trabajo. Ve al gimnasio del hotel antes de la reunión.
¿Crees que no servirá de nada? Recuerda alguna vez en que estabas totalmente estresado y decidiste hacer ejercicio. Al terminar, te sentías mucho menos ansioso y mucho más centrado. La perspectiva que ganaste se debió, al menos en parte, a la reducción de tus niveles de cortisol.
2. Come la comida perfecta para «prepararte para el partido».
La dopamina y la epinefrina son dos sustancias químicas que ayudan a regular el estado de alerta mental. Ambas se encuentran en la tirosina, un aminoácido presente en las proteínas.
Esto es lo que debes hacer: asegúrate de incluir algún tipo de proteína en la comida previa. Y no esperes hasta el último momento para alimentarte: lo último que la mayoría queremos hacer cuando estamos nerviosos es comer algo saludable.
3. Prepárate para algunas posibilidades del tipo «¿Y si…?»
Si eres como yo, lo que más te preocupa son las preguntas del tipo «¿Y si…?»: ¿y si falla PowerPoint? ¿Y si me acortan el tiempo? ¿Y si alguien interrumpe constantemente y me desbarata el ritmo?
El miedo a lo desconocido acaba con la confianza y puede descontrolarse rápidamente.
Esto es lo que debes hacer: piensa en algunas de las peores cosas que podrían pasar y elabora un plan para afrontarlas. Así te sentirás más seguro, porque habrás transformado «¿Y si…?» en algo mucho más positivo: «De acuerdo, si eso pasa, lo único que tengo que hacer es…»
Además, el simple ejercicio de planificar distintos escenarios te preparará mejor para pensar con rapidez y adaptarte si ocurre algo inesperado.
4. Ve más allá de tus calcetines de la suerte.
Las supersticiones son un intento inútil de controlar la incertidumbre o el miedo. Llevar calcetines de la suerte no hace que nadie rinda mejor.
Esto es lo que debes hacer: en lugar de crear una superstición, crea una rutina que te ayude a prepararte y a centrarte emocionalmente.
Por ejemplo, me gusta recorrer el pasillo antes de dar un discurso para comprobar las líneas de visión del público. Quizá decidas ensayar siempre tu presentación una hora antes de salir, aunque estés seguro de que podrías hacerla dormido. O quizá decidas probar tu demostración una última vez antes de cada reunión con un cliente, aunque ya la hayas hecho docenas de veces.
Elige ciertas acciones que llevarás a cabo: acciones que realmente te beneficien y no se basen solo en supersticiones ; y repítelas siempre.
La comodidad reside en lo familiar, y la confianza también.
5. Establece un objetivo secundario.
Supongamos que hablas ante un grupo y tu objetivo es convencer a sus integrantes de que donen tiempo a una causa digna. Muy pronto te das cuenta de que casi nadie te escucha, y mucho menos le importa.
¿Qué haces? Te desorientas. Quizá te esfuerzas demasiado. O quizá te rindes y te limitas a cumplir. Hagas lo que hagas, te marchas con la sensación de haber fracasado.
Esto es lo que debes hacer: si sabes que lo que realmente quieres puede ser difícil de conseguir, ten siempre presente un objetivo secundario. Planifica el éxito, pero también cómo convertir un fracaso total en un éxito parcial. Si ves que no alcanzarás tu objetivo principal, prepárate para sembrar las semillas de otro intento más adelante.
Supongamos que tienes una idea y quieres que la alta dirección apruebe tu proyecto. A mitad de camino, te das cuenta de que no te darán el sí enseguida (al fin y al cabo, casi nunca lo hacen). Prepárate para centrarte en sentar las bases de futuras reuniones. Explica lo que has hecho y lo que planeas hacer, aunque tu proyecto no esté aprobado oficialmente. Siembra en quienes están en la sala la posibilidad de vislumbrar oportunidades futuras. Siembra las bases para que desarrollen confianza en ti y en tu idea.
Claro que quizá quieras que digan: «¡Aprobado!». Vaya, quizá necesites que digan: «¡Aprobado!». Pero también debes estar listo para convertir una reunión puntual en una serie de reuniones.
Sea cual sea tu objetivo principal, establece uno secundario para que, en lugar de perder toda la fe en ti mismo y en tu misión, estés listo para pasar a ese objetivo. Si las cosas no salen como esperas, aun así podrás mantener la confianza y seguir avanzando.
Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.
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Autor: Jeff Haden es escritor fantasma y conferenciante, además de editor colaborador de Inc. Magazine.
Imagen: Un hombre camina por una calle vacía cerca del distrito financiero central de Hong Kong. REUTERS/Carlos Barria.
