La guerra en Siria terminará. No sabemos cuándo, pero, cuando lo haga, el desafío de reconstruir este país, antaño orgulloso y hermoso, recaerá firmemente sobre los hombros de los niños de Siria: la próxima generación.
Pero, ante el nivel de daños que ha sufrido en los últimos seis años —en su infraestructura, sus escuelas y sus corazones y mentes—, ¿cómo podemos evitar que la próxima generación de Siria pierda el rumbo? Durante el período de regeneración posterior al conflicto, el empleo juvenil será clave.
Después del conflicto, seguirá siendo un entorno sumamente complejo para operar, sobre todo en los ámbitos de la política y la seguridad. La pregunta obvia, la que hará que muchos se detengan en seco, es: ¿por dónde empezamos?
Hace cuatro años, el tifón Haiyan azotó Filipinas y dejó a su paso un rastro de destrucción. Como parte de la respuesta de emergencia, Plan International trabajó con su socio Accenture en un programa de empleo juvenil para abrir oportunidades a los jóvenes en algunas de las zonas más devastadas. Lo que aprendimos de esta experiencia es pertinente para los numerosos desafíos a los que se enfrentará un programa de empleo juvenil en Siria. Estas son cuatro áreas que consideramos clave para ayudar a los jóvenes a volver al trabajo.
1. Promover el valor compartido
Los programas de empleo juvenil funcionan mejor cuando el gobierno, el sector empresarial y las ONG comparten el valor que generan. Para alcanzar ese punto ideal y forjar alianzas adecuadas, es necesario comprender claramente tanto el mercado como la realidad sobre el terreno. Una investigación reciente que realizamos en América Latina sobre los motivos que impulsaban a las empresas a participar en programas de empleo juvenil en Brasil, Colombia y El Salvador reveló tres factores principales: 1) era bueno para el negocio; 2) la responsabilidad social empresarial; y 3) en el caso de algunas empresas, simplemente sus vínculos existentes con Plan International.
El primer punto —que fuera bueno para el negocio— puede parecer obvio, pero es importante insistir en ese mensaje. Los programas de empleo juvenil bien gestionados generan riqueza que vuelve a la economía al crear nuevos consumidores con mayor poder adquisitivo; reducen los costos de formación para los gobiernos y las empresas, y proporcionan una fuerza laboral lista para trabajar. Este debería ser el principal factor que motive a las empresas a invertir tiempo y esfuerzo en estos programas; hay que hacerles ver que los beneficios van más allá de proyectar una imagen filantrópica.
Como ONG internacional, nos esforzamos por comprender las exigentes necesidades de las empresas que operan localmente. Al entrar en una situación de emergencia o una zona de conflicto, la primera idea (y fuente de empleo inmediato) suele ser la reconstrucción. Sin embargo, preparar a toda una generación de jóvenes sirios para que trabaje exclusivamente en el sector de la construcción solo será una solución temporal. En Filipinas, nuestra experiencia demostró que los cursos para capacitar a jóvenes en las habilidades manuales y técnicas necesarias para la reconstrucción tras el tifón Haiyan no ofrecían una solución sostenible. A muchos jóvenes que recibieron formación les costaba encontrar trabajo una vez terminada la reconstrucción y, aunque tenían las habilidades técnicas necesarias para acceder a oportunidades laborales, ahora carecían de las aptitudes empresariales necesarias para encontrar nuevas fuentes de ingresos ante la falta de empleos continuos. Aprendimos que, después de un desastre humanitario, es esencial adoptar un enfoque más integral para los programas de empleo juvenil.
En Filipinas, constatamos que una buena combinación de habilidades y formación hacía que los candidatos resultaran más atractivos para los empleadores. Nuestra formación incluía apoyo previo al empleo (dinero en efectivo para ayudar a los jóvenes y a sus familias mientras seguían desempleados durante el período de capacitación y, de ese modo, mejorar la permanencia en los cursos); habilidades técnicas especializadas (específicas del puesto); competencias para la empleabilidad; y alfabetización digital (que resultó popular tanto entre las empresas como entre los alumnos). La mentoría y el asesoramiento a emprendedores también dieron buenos resultados y propiciaron la generación sostenida de ingresos.

2. Incorporar una perspectiva de género
Las niñas, especialmente las adolescentes, son uno de los grupos más marginados del mundo, y las estimaciones indican que las niñas de Oriente Medio y el Norte de África tienen un 25% menos de probabilidades de asistir a la escuela que los niños. Las normas sociales y las tradiciones siguen siendo grandes obstáculos, y las percepciones y expectativas sobre el papel de las mujeres y los hombres en la familia, el mercado laboral y la sociedad en general contribuyen a que se valore de manera diferente a las niñas y a los niños.
Teniendo esto presente, es imperativo analizar los futuros programas de empleo juvenil en Siria —desde su alcance y planificación hasta su implementación— con perspectiva de género. Por ejemplo, en el proyecto de Filipinas, el número de hombres que se inscribieron en programas de formación técnica fue mucho mayor que el de mujeres. En cambio, a más mujeres que hombres les interesaba centrarse en la formación empresarial, ya que era más probable que estuvieran a cargo del hogar y, por tanto, prefirieran trabajar cerca de casa. En la fase de diseño del proyecto no se previeron varios aspectos, como disponer de espacios seguros para madres y niños durante la formación, contar con baños separados y el hecho de que algunas empresas preferían contratar mujeres. Estos aspectos deberían tenerse en cuenta en el diseño de cualquier proyecto futuro.
3. Adoptar un enfoque flexible para lograr un cambio duradero
Un enfoque flexible es clave cuando se opera en un entorno con infraestructura limitada y cuando, a veces —por muy buena que sea la investigación—, solo se dispone de una visión parcial de la realidad sobre el terreno. Esto empieza por el donante y el proyecto que financia. Pronto quedó claro sobre el terreno, en los municipios filipinos de Guiuan, Salcedo, Balangkayan, Hernani y Tacloban, que el alcance inicial del proyecto de empleo juvenil, sobre todo en cuanto a plazos, era demasiado rígido para resultar viable. Accenture, socio de larga trayectoria de Plan International y patrocinador de este proyecto en particular, se mostró dispuesto a ajustar los parámetros del proyecto para alcanzar el objetivo final, lo que nos permitió adaptarnos a la situación sobre el terreno. A menudo no es posible contar con esta flexibilidad, lo que pone de relieve las ventajas de que las ONG establezcan buenas relaciones de trabajo con el sector empresarial basadas en la confianza y el entendimiento mutuos.
4. Empezar ya a forjar relaciones sólidas y de colaboración
Crear redes con las comunidades, el gobierno y las empresas locales será fundamental para cualquier programa de empleo juvenil en Siria. En Filipinas, constatamos que hablar desde el principio con posibles empleadores era beneficioso, pues les permitía hacerse una buena idea de lo que podían esperar de la fuerza laboral juvenil que estábamos formando.
En el contexto de Siria, es imperativa la colaboración entre las ONG y sus socios del sector privado, ya que varios programas que abarcan una multitud de objetivos competirán por recursos y atención. En esta situación hay tanto posibilidades de caos como de oportunidades, en igual medida. Trabajar en estrecha colaboración ayudará a coordinar esfuerzos, reducir duplicaciones y aumentar el impacto colectivo de nuestro trabajo; estas relaciones, sin embargo, deben forjarse pronto, anticipándose a lo que está por venir.


