Transforma tu cultura
Todos sabemos que el miedo al fracaso puede paralizar la toma de decisiones y el progreso, y eso hace que las personas no den los pequeños pasos que permiten que la innovación, en todas sus formas, se haga realidad.
Las ideas y soluciones preconcebidas bloquean la innovación y el cambio. La cultura es fundamental. Las organizaciones deben adoptar una cultura de fracasar rápido y sin culpas si se toman en serio la innovación.
La tecnología está integrada en todo lo que hacemos. Más que la tecnología más reciente en sí misma, la innovación consiste sobre todo en aplicar los conocimientos que la tecnología hace posibles para crear soluciones.
En un entorno así, hay que estar abierto a aprender y a dar pequeños pasos: crear una cultura en la que las personas puedan decir con seguridad: «Eso no funcionó; ¿qué hemos aprendido?». Esto supone dejar atrás la mentalidad tradicional de pensamiento grupal, que juzga los fracasos personales o fuerza la continuidad de una inversión o un programa porque cuenta con patrocinio.
Por ejemplo, el reciente Innovation Challenge de PwC. Este año despertó un enorme interés y recibió un número récord de candidaturas: participaron más de 2.000 personas, con 185 propuestas de 54 países.

Pero esto no es una feria científica de ideas atractivas y buenas presentaciones. Para mí, demuestra cuánto estamos avanzando como organización: este año, los finalistas solo podían clasificarse si habían identificado fuentes de ingresos comerciales, clientes o mercados. Es una prueba multidisciplinaria de viabilidad comercial. Desde una plataforma para prevenir el fraude fiscal hasta un nuevo enfoque para las pruebas psicométricas, la aplicación de conocimientos y tecnología a las necesidades de los clientes se alejó por completo de lo «habitual» para nuestro personal y nuestros clientes.
De India a Australia, de Sudáfrica a Estados Unidos, de Polonia a China, las ideas tenían algo en común, además de su valor para los clientes: se presentaron sin miedo al fracaso.
Apuesta más por una cartera de proyectos
El año pasado, el gasto anual mundial en I+D de las 1.000 empresas que más invierten en I+D superó por primera vez los 700.000 millones de dólares. El gasto estuvo dominado por los sectores de la informática y la electrónica, la salud y la automoción, y las cuatro empresas que más gastaron eran compañías de alta tecnología.
Eso es innovación a escala empresarial. Es vital tanto por razones competitivas como económicas. La inversión es grande y su amortización puede llevar mucho tiempo.
En el otro extremo está una cultura de innovación basada en pequeños pasos, que depende de una cartera de ideas que se crean y prueban constantemente. En la cultura de innovación que estamos impulsando, se prueba a menudo, se fracasa rápido y se aprende deprisa. A nivel de cada iniciativa, este tipo de innovación consiste en gestionar una cartera, con muchas ideas y cambios pequeños en marcha.
Una cultura de innovación con una cartera de ideas puede sonar como si estuvieras creando un lejano oeste de conceptos nuevos. Pero no será así si, a nivel de cada empresa, creas soluciones que respondan a las necesidades concretas de los clientes.

También implica conversar de otra manera con tus clientes. No buscas una perfección del 100 %. Buscas validar si estás abordando los problemas adecuados y si existe potencial e interés comercial para resolverlos de una forma nueva y más valiosa.
Nuestra unidad de nuevos negocios invierte en todo el mundo en este tipo de generación de ideas escalable y de rápido inicio, y valida constantemente el valor que aporta a nuestros clientes. Invertimos porque es el futuro de nuestro negocio, y los clientes exigen más valor, a menor coste y con mayor rapidez. De nuevo, se trata de la cultura: fomentar una mentalidad de empresa emergente que fracasa rápido en nuestra unidad de nuevos negocios permite crear soluciones nuevas con mayor rapidez.
Ponemos el énfasis en validar pronto y ampliamente con los clientes: establecemos etapas de control en las que se detienen y revisan las actividades, se fijan plazos y se decide si el proyecto continúa. Los hitos de tres y seis semanas son habituales. Es un entorno exigente e intenso. Pero, al gestionar una cartera de proyectos, un enfoque de fracaso rápido examina constantemente por qué las cosas podrían no funcionar, en lugar de ensalzar las razones por las que sí lo harán.
Ponte en forma (digital)
La tecnología por sí sola no resuelve el problema más amplio al que se enfrentan las organizaciones: desarrollar e integrar una cultura de innovación que impulse el crecimiento. La rapidez con que avanza la tecnología y el carácter ubicuo de su impacto en las empresas hacen que la cuestión no sea solo contratar a personas con las competencias adecuadas, sino también mantenerse al día.
Para mí, este es un asunto fundamental para una cultura que respalde la innovación continua e integrada. Si los líderes no están en forma digital, ¿cómo puede fomentarla la cultura de una organización? Pensemos en el informe del Foro Económico Mundial de 2017 sobre la recualificación de la fuerza laboral, que señaló que uno de cada cuatro adultos afirma que hay una discrepancia entre las competencias que tiene y las que necesita para su trabajo actual. Mientras tanto, el 70 % de los directores ejecutivos dice no estar seguro de que sus propios equipos directivos sénior tengan las competencias digitales necesarias para competir.
La aptitud digital consiste en desarrollar soltura con las nuevas formas de trabajar que impulsa la tecnología, y en comprender que lo que está cambiando es nuestra manera de trabajar, no solo la tecnología en sí. Es un cambio de mentalidad hacia el aprendizaje continuo, facilitado por la tecnología. En menos de un año, casi 40.000 personas de nuestra red de PwC se han inscrito voluntariamente para usar una nueva aplicación de aptitud digital. Ofrece formación en sesiones breves para mejorar sus capacidades en ámbitos que van desde el análisis de datos hasta la IA y las redes sociales.
Es un ejemplo destacado de que, cuando la cultura de una organización es la adecuada, no se oye hablar de innovación como si fuera un proyecto, un producto o una tecnología.
La innovación es una mentalidad. Y, como líderes, empieza por nosotros.


