La COVID-19 ha golpeado especialmente a las mujeres, ya que el cierre de escuelas y guarderías ha hecho que ellas asuman la mayor parte de las tareas de cuidado infantil.
Una encuesta de McKinsey ha revelado que 1 de cada 4 mujeres considera dejar su trabajo, reducir sus horas o disminuir su dedicación laboral como consecuencia de la pandemia.
Rachel Thomas, directora ejecutiva y cofundadora de la organización sin ánimo de lucro LeanIn.Org, afirma que sería un importante revés para el avance hacia la diversidad de género.
Ya está bien establecido que la crisis de la Covid-19 está afectando especialmente a las mujeres. Las madres trabajadoras soportan el peso de las responsabilidades de cuidado infantil derivadas del cierre de guarderías y aulas en Zoom, mientras que las mujeres negras soportan la carga adicional que la pandemia ha cobrado en sus comunidades.
Un nuevo informe cuantifica la magnitud del problema: una de cada cuatro mujeres considera dejar sus empleos, reducir sus horas o disminuir de otro modo su trabajo como consecuencia de la pandemia y de sus efectos colaterales.
El informe anual de McKinsey & Company y Lean In encuestó a más de 40.000 empleados de 47 empresas de Estados Unidos y Canadá.
“Si existiera un botón de pánico, lo estaríamos pulsando”, afirma Rachel Thomas, directora ejecutiva y cofundadora de la organización sin ánimo de lucro LeanIn.Org y coautora del informe, en declaraciones a Quartz. Señala que, si las mujeres llevan a cabo su intención de reducir su dedicación profesional, supondría un importante revés para los avances logrados hacia la diversidad de género desde que comenzó el estudio, incluido un aumento del 22 % en la proporción de mujeres en los puestos de máximo nivel (C-suite) desde 2015.
De hecho, el informe muestra que las mujeres de nivel directivo sufren una presión especial en el trabajo y tienen 1,5 veces más probabilidades que los hombres de afirmar que están pensando en reducir su dedicación por la Covid-19, en gran medida por el agotamiento. Además de las responsabilidades parentales que asumen un buen número de mujeres en puestos de alto nivel, el informe señala que «[l]as mujeres suelen estar sometidas a estándares de rendimiento más exigentes que los hombres, y es más probable que se les atribuya la culpa en caso de fracaso; por ello, cuando lo que está en juego es importante, como ahora, las mujeres de nivel directivo podrían enfrentarse a críticas más duras y a juicios más severos».
Por desgracia, la «penalización por maternidad» a la que se enfrentan las mujeres en el trabajo es muy real. Thomas y la coautora del informe, Lareina Yee, socia sénior y directora de diversidad e inclusión de McKinsey, afirman que los empleadores, los directivos y los compañeros pueden hacer mucho para ayudar a aliviar parte de esa presión. Implantar políticas de horarios flexibles es de gran ayuda, al igual que el gesto sencillo de mostrar apoyo y comprensión si un hijo aparece de forma inesperada durante una reunión por Zoom. Y los directivos deberían reevaluar las expectativas de rendimiento y productividad a la luz de las circunstancias, sumamente inusuales, en las que se encuentran muchos trabajadores en la actualidad.
Dada la presión económica a la que se enfrentan muchas empresas, no existe una fórmula única para acomodar a las madres trabajadoras. Lo importante es que todas las empresas adopten de forma proactiva medidas para acomodar a los trabajadores que se sienten abrumados y, con razón, preocupados por el juicio que podrían sufrir si lo reconocen. «Lo que necesitamos que hagan las empresas es experimentar con distintas formas de reescribir los manuales», afirma Yee. «Lo que hacían antes no es suficiente».

