El Gobierno japonés flexibilizó recientemente las restricciones de entrada por la COVID-19, lo que significa que los turistas ya pueden visitar el país sin formar parte de un viaje organizado.
Sin embargo, Japón sigue siendo una de las pocas grandes economías que mantiene importantes restricciones de viaje, incluido un límite al número de visitantes.
Con un yen débil, el turismo podría impulsar la economía, pero el Gobierno quiere equilibrar ese objetivo con un control riguroso de las infecciones.
El 7 de septiembre, el Gobierno japonés flexibilizó las restricciones de entrada para los viajeros con sus nuevas medidas contra el coronavirus. Con las restricciones anteriores, los viajeros solo podían visitar el país como parte de un viaje organizado.
Ahora, con un certificado de vacunación válido, ya no es necesario hacerse una prueba PCR antes de la salida; el número máximo de personas admitidas aumentará de 20.000 a 50.000 al día; y se permitirá la entrada de visitantes de todos los países siempre que hayan reservado sus itinerarios a través de una agencia de viajes.
¿Permitirá esto que se recuperen el turismo y otros sectores? La respuesta de la comunidad empresarial ha sido una mezcla de esperanza e inquietud, en parte porque aún hay un límite al número de visitantes.
Sin embargo, el Gobierno ha indicado que estudia eliminar el límite y reabrir las fronteras a los viajeros extranjeros que viajen por su cuenta, posiblemente ya en octubre.
Japón es el único de los principales países del G7 que limita las llegadas, y la nueva cifra de 50.000 al día sigue siendo menos de la mitad de las 140.000 personas que entraron en Japón, en promedio, cada día de 2019. Los visados también suponen un obstáculo para visitar el país. Antes de la propagación del nuevo coronavirus, Japón había eximido a 68 países y territorios, incluidos Estados Unidos, de los requisitos de visado para estancias de corta duración (de hasta 90 días), pero el paquete de medidas más reciente sigue exigiendo que todos los extranjeros obtengan un visado.
El 2 de septiembre, la Agencia de Turismo de Japón revisó sus directrices, pero sigue pidiendo que se apliquen rigurosamente las medidas básicas de prevención de infecciones, como usar mascarilla, desinfectarse las manos y evitar las «tres C» (espacios cerrados, aglomeraciones y situaciones de contacto cercano); también recomienda contratar un seguro médico privado. En muchos otros países importantes del mundo ya se han levantado las restricciones de entrada y el uso de mascarillas se ha vuelto menos habitual.
Según la información más reciente del rastreador de destinos, desarrollado conjuntamente por la Organización Mundial del Turismo de las Naciones Unidas (OMT) y la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), al 2 de septiembre había aumentado a 81 el número de países y territorios «sin restricciones de entrada para extranjeros». De ellos, 43 son países europeos. No cabe duda de que Japón va a la zaga de la tendencia mundial a flexibilizar las restricciones migratorias.

Japón ocupó el primer puesto en el Informe del Índice de Desarrollo de Viajes y Turismo 2021publicado por el Foro Económico Mundial, que mide «el conjunto de factores y políticas que permiten el desarrollo sostenible y resiliente del sector de los viajes y el turismo, que a su vez contribuye al desarrollo de un país». Con un yen débil, Japón podría ser un destino atractivo para los turistas extranjeros, con todos los beneficios económicos que eso conlleva. Sin embargo, dado que el número de visitantes extranjeros a Japón está muy por debajo del nivel anterior a la pandemia, de más de 30 millones al año, la cuestión será cómo impulsar la recuperación económica y, al mismo tiempo, mantener el compromiso con la prevención de infecciones.

