A medida que ha evolucionado la pandemia de COVID-19, también lo han hecho las mutaciones del virus; ómicron XE se ha identificado como la última variante recombinante.
Las variantes recombinantes surgen cuando dos variantes distintas infectan la misma célula, en la misma persona y al mismo tiempo, y combinan su material genético.
Se han identificado al menos 1.179 casos de ómicron XE en el Reino Unido, y las pruebas actuales indican que hay pocos motivos para preocuparse.
Sin embargo, cada vez es más necesario actualizar las vacunas, ya que todas las vacunas actuales se basan en la cepa original de Wuhan.
A medida que ha avanzado la pandemia de COVID, hemos visto repetidamente la aparición de nuevas variantes virales. Las variantes preocupantes, como delta y ómicron, son versiones del SARS-CoV-2 (el virus que causa la COVID-19) que han adquirido mutaciones. Estas mutaciones pueden conferir al SARS-CoV-2 una ventaja genética; por ejemplo, delta se asocia con una enfermedad más grave que la cepa original de Wuhan, mientras que ómicron es más contagiosa.
Ahora estamos viendo variantes recombinantes como ómicron XE. No son virus que hayan acumulado unas pocas mutaciones. En cambio, contienen una combinación de material genético de varias variantes, lo que produce una nueva versión del virus SARS-CoV-2.
Hasta ahora se han identificado al menos 1.179 casos de ómicron XE en el Reino Unido (esta era la cifra de la actualización más reciente de la Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido, publicada el 8 de abril). La mayoría de estos casos se han registrado en el sur y el este de Inglaterra. También se ha informado de un puñado de casos en otras partes del mundo, probablemente debido a los viajes internacionales.
Entonces, ¿cuánto deberíamos preocuparnos por ómicron XE? Aunque todavía no sabemos mucho sobre ella, lo que sí sabemos no indica que haya motivos para una preocupación seria. Veámoslo.
Un poco sobre ómicron XE y otras variantes recombinantes
Cuando los virus se replican, a veces cometen errores en su código genético que dan lugar a mutaciones individuales. A menudo, estas mutaciones no provocan ningún cambio en la estructura del virus; se denominan «mutaciones silenciosas». Sin embargo, algunas mutaciones pueden conferir una ventaja. Por ejemplo, las mutaciones que se producen en la proteína de la espícula (la parte del SARS-CoV-2 responsable de infectar nuestras células) pueden hacer que el virus sea más transmisible que las variantes anteriores. Hemos visto mutaciones repetidas en la proteína de la espícula que han dado lugar a variantes preocupantes.
La recombinación es un proceso distinto, por el que dos variantes diferentes infectan la misma célula, en la misma persona y al mismo tiempo. A partir de ahí, pueden combinar su material genético, lo que da lugar a un virus que posee una mezcla de genes de ambos virus «parentales» que lo infectaron. Esta variante recombinante puede propagarse entonces a otras personas, como ha ocurrido con ómicron XE.
De hecho, se han identificado en todo el mundo múltiples variantes recombinantes mediante PANGOLIN (el sistema de vigilancia de linajes del SARS-CoV-2 llevado a cabo por el consorcio COVID-19 Genomics UK). Al menos tres de ellas —XD, XE y XF— se han detectado en el Reino Unido.
Algunas recombinantes, como XD y XF, son combinaciones de la variante delta con linajes de ómicron. Quizá haya oído hablar de estos híbridos, a los que se ha llamado «deltacron». Ómicron XE, en cambio, es una combinación de dos cepas de ómicron: BA.1 y BA.2.
¿Por qué se combinan distintas variantes?
La recombinación genética de los virus no es un fenómeno nuevo. Ocurre con regularidad en virus como la gripe y el VIH. De hecho, uno de los orígenes propuestos del virus SARS-CoV-2 original de Wuhan es un episodio de recombinación en murciélagos.
Desde una perspectiva evolutiva, la recombinación ofrece una ventaja a los virus, ya que permite cambios más rápidos y significativos en el virus, en comparación con el proceso más lento de adquirir mutaciones por errores de replicación. Los virus recombinantes pueden mostrar cambios notables en su comportamiento, como una mayor capacidad de infección, la evasión de la inmunidad que ya tenemos frente al virus o resistencia a los medicamentos. Sin embargo, al igual que ocurre con las mutaciones causadas por errores, algunos virus recombinantes no presentan diferencias aparentes respecto de sus virus parentales.
Sabemos que ómicron XE tiene la mayor parte de su información genética, incluida la proteína de la espícula, de la subvariante ómicron BA.2, que es la variante predominante en el Reino Unido en este momento. Por lo tanto, es probable que las características de ómicron XE (como la transmisibilidad, la gravedad de la enfermedad y la eficacia de las vacunas) sean similares a las de BA.2. Sin embargo, es prudente que los científicos sigan vigilando y estudiando ómicron XE, ya que es un virus genéticamente distinto de sus variantes parentales.
Los datos iniciales sobre la variante ómicron XE indican que su tasa de crecimiento (es decir, la proporción de nuevas infecciones en la población) es ligeramente superior a la de ómicron BA.2. Sin embargo, como actualmente hay pocas infecciones por XE, los datos disponibles al respecto son limitados y, por ahora, es difícil extraer conclusiones sólidas.
Es tranquilizador saber que BA.2 no es más grave que BA.1, y que las variantes de ómicron en general tienden a causar enfermedades menos graves que las variantes anteriores del SARS-CoV-2. Sin embargo, son muy contagiosas.
La necesidad de actualizar las vacunas es cada vez más apremiante, ya que todas las vacunas actuales se basan en la cepa original de Wuhan. Los datos han demostrado que, cuantos más cambios adquieren las variantes posteriores en la proteína de la espícula, menos eficaces son nuestras vacunas actuales para prevenir la infección. Dicho esto, las vacunas siguen siendo muy eficaces para prevenir enfermedades graves o la muerte por COVID.
Por supuesto, necesitamos más investigación para comprender las características de esta nueva cepa ómicron XE. Sin embargo, por ahora parece muy similar a las cepas de SARS-CoV-2 que circulan actualmente. Como bien sabemos, no es la primera variante del virus y es muy poco probable que sea la última.


