Por qué la salud de las mujeres necesita un rediseño sistémico para cerrar la brecha diagnóstica

Women's health faces a paradox; longevity has improved but quality of life has not kept pace.
Women's health faces a diagnostics gap, leading to poorer outcomes.Image: Getty Images/Unsplash
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  • Las mujeres viven más que los hombres, pero no gozan de vidas más saludables; en promedio, pasan alrededor de un 25 % más de su vida con mala salud que los hombres.

  • Esta paradoja de la salud de las mujeres se debe al diseño de los sistemas de salud, a lo que miden y priorizan, y a lo que no logran diagnosticar.

  • El reto ahora es rediseñar los sistemas en torno a la detección temprana y la atención integrada, y reconocer que el diagnóstico es fundamental para una atención eficaz.

Las mujeres viven más que los hombres, pero no gozan de vidas más saludables. En todas las regiones y niveles de ingresos, el informe del Foro Económico Mundial «Cerrar la brecha en la salud de las mujeres reveló que las mujeres pasan aproximadamente un 25 % más de su vida con mala salud.

Esta es la paradoja que subyace a la salud de las mujeres hoy: la longevidad ha mejorado, pero la calidad de vida no ha avanzado al mismo ritmo. No es una consecuencia inevitable de la biología. Es el resultado del diseño de los sistemas de salud, de lo que miden y priorizan y, fundamentalmente, de lo que no logran diagnosticar.

Esta brecha también se refleja en la respuesta de las organizaciones. El [w]Health Index de Kearney para los sectores de la salud y las ciencias de la vida muestra que solo alrededor de la mitad de las organizaciones ha alcanzado etapas más avanzadas de acción para abordar la brecha de género en la salud. Si bien la concienciación va en aumento, la integración sistemática en las estrategias, los datos y las vías asistenciales sigue siendo limitada, sobre todo en ámbitos como el diagnóstico y la detección temprana.

Pensemos en dos madres que sufren la misma complicación durante el embarazo. A una se le diagnosticó antes, lo que permitió intervenir a tiempo, y su hija tiene ahora 10 años. A la otra no se le diagnosticó a tiempo y su hija vivió apenas seis días. La diferencia no radicó en la disponibilidad del tratamiento, sino en el momento del diagnóstico y en la capacidad del sistema para actuar en consecuencia.

Los diagnósticos tardíos retrasan la atención y empeoran los resultados

En la salud de las mujeres, este patrón no es la excepción. Cuando el diagnóstico se retrasa, también se retrasa la atención. Y cuando la atención se retrasa, los resultados empeoran, a menudo de maneras que podrían evitarse. Este reto va mucho más allá de la salud materna y reproductiva.

Las enfermedades cardiovasculares, principal causa de muerte entre las mujeres en todo el mundo, ponen de manifiesto una brecha crítica. Las mujeres tienen un 50 % más de probabilidades que los hombres de recibir un diagnóstico erróneo tras un infarto, y un diagnóstico erróneo aumenta hasta en un 70 % el riesgo de muerte.

Afecciones como la endometriosis pueden tardar casi una década en diagnosticarse, lo que obliga a millones de mujeres a sobrellevar años de dolor sin tratar e incertidumbre. No son fallos aislados: son el resultado previsible de sistemas que no reflejan las diferencias de sexo y género ni cómo se manifiestan y evolucionan las enfermedades.

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Muchos sistemas de salud se diseñaron para responder a enfermedades agudas y ofrecer tratamiento, no para priorizar la prevención ni facilitar la detección temprana. El resultado es que las afecciones se identifican demasiado tarde, cuando las intervenciones son más complejas, costosas y menos eficaces. En el centro de este reto hay un círculo vicioso que se refuerza a sí mismo.

Durante décadas, las mujeres estuvieron infrarrepresentadas en la investigación clínica, lo que generó carencias persistentes en los datos sobre la biología femenina. Estas carencias siguen determinando cómo se reconocen los síntomas, cómo se evalúa el riesgo y cómo se toman las decisiones clínicas, a menudo basadas en modelos de enfermedad centrados en los hombres.

La consecuencia no es solo un conocimiento incompleto, sino también una interpretación errónea sistemática: los síntomas de las mujeres pasan inadvertidos, se atribuyen a otras causas, se desestiman o se diagnostican demasiado tarde. Esto provoca diagnósticos tardíos o que no llegan a realizarse. Como las afecciones siguen infradiagnosticándose, se subestima su verdadera carga, lo que refuerza la percepción de que la salud de las mujeres es un tema de nicho y limita la inversión. Cada paso agrava el siguiente.

La brecha en la salud de las mujeres se refleja en la asignación de recursos

Este desajuste se refleja en la forma en que los sistemas de salud y los marcos de financiación priorizan y asignan los recursos. El análisis de Kearney muestra que entre 2020 y 2025 se invirtieron aproximadamente 34.000 millones de dólares de capital privado en la salud de las mujeres, y alrededor de dos tercios se concentraron en afecciones específicas de las mujeres, como la fertilidad, la atención reproductiva y los cánceres que afectan a las mujeres.

Se destinó una inversión comparativamente menor a afecciones que afectan de manera desproporcionada a las mujeres, así como a los enfoques de diagnóstico y detección temprana que podrían ayudar a abordar las mayores cargas de enfermedad. Al mismo tiempo, las políticas y los sistemas de reembolso han tardado en reconocer el valor de la detección temprana y suelen priorizar el tratamiento por encima de la prevención. El resultado es un sistema que responde a la enfermedad en lugar de anticiparse a ella.

Este desajuste también es visible a nivel sectorial. El [w]Health Index destaca que, pese al importante papel del diagnóstico para facilitar la detección temprana, muchos enfoques de atención sanitaria siguen sin tener suficientemente en cuenta las diferencias en cómo se manifiestan y evolucionan las enfermedades en las mujeres. Como resultado, las herramientas de diagnóstico, los protocolos clínicos y las vías asistenciales no siempre se adaptan a las experiencias y los síntomas de las mujeres.

Como señaló una participante en la sesión «Mind the Diagnostics Gap: Strengthening Diagnostics Capacity for Women’s Health» (Atender la brecha diagnóstica: fortalecer la capacidad de diagnóstico para la salud de las mujeres), celebrada durante la conferencia Women Deliver 2026 en Melbourne: «Plantamos manzanos, pero las manzanas caen en el patio trasero de otra persona». El valor generado por la detección temprana suele atribuirse a otros ámbitos, en particular al tratamiento, en vez de reconocerse como un componente fundamental de la atención.

La desconexión del diagnóstico entre la detección y la acción

En el ámbito del diagnóstico, se generan datos, existen pruebas y las tecnologías avanzan, pero no siempre están conectados con los sistemas que prestan atención. El resultado es una desconexión persistente entre la detección y la acción. Sin embargo, hay ejemplos claros de lo que puede lograrse cuando la detección temprana se integra en los sistemas de salud.

El cáncer de cuello uterino ofrece uno de los ejemplos más claros. Cuando se detecta temprano, las tasas de supervivencia superan el 90 %, frente a menos del 20 % en etapas avanzadas. Países como Australia, Suecia y el Reino Unidoavanzan hacia la eliminación del cáncer de cuello uterino al coordinar la vacunación, el cribado y el tratamiento oportuno. Esto demuestra lo que puede lograrse cuando la detección temprana se integra en las políticas, la financiación y los sistemas de prestación de servicios. La lección va mucho más allá de una sola enfermedad.

Este servicio gratuito está salvando a mujeres brasileñas de zonas rurales del cáncer de cuello uterino.
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El reto ahora es rediseñar los sistemas en torno a la detección temprana y la atención integrada. Esto exige cambiar la forma en que definimos el valor y reconocer el diagnóstico no como un coste, sino como una infraestructura fundamental que hace posible una atención eficaz.

También exige integrar la detección temprana en las guías clínicas, los mecanismos de financiación y las vías de reembolso. Y requiere fortalecer los sistemas de datos para que reflejen la salud de las mujeres a lo largo de toda su vida.

Cerrar la brecha en la salud de las mujeres es un imperativo económico

Cerrar la brecha en la salud de las mujeres no es solo un imperativo sanitario, sino también económico. Las mujeres pasan una cuarta parte de su vida con mala salud, lo que contribuye a una pérdida estimada de 75 millones de años de vida al año y de hasta 1 billón de dólares en producción económica mundial para 2040.

En última instancia, mejorar los resultados de salud de las mujeres no consiste solo en ampliar el acceso a los servicios. Consiste en crear sistemas que reconozcan las necesidades de las mujeres, respondan a tiempo y faciliten la toma de decisiones fundamentadas. Como dijo Samukeliso Dube, directora ejecutiva de Family Planning 2030 (FP2030): «La base de la salud de las mujeres es la capacidad de elegir».

Esa capacidad de elegir depende de sistemas que diagnostiquen antes, conecten la atención y actúen a tiempo. En la salud de las mujeres, la diferencia entre recibir atención y no recibirla suele determinarse en el momento del diagnóstico.

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