Enclavada en un bosque remoto cerca de la frontera con Vietnam, la aldea de Labangkhok es una de las más pobres de Laos. A menudo queda aislada del mundo exterior durante meses cada año, cuando las fuertes lluvias convierten los caminos en lodazales intransitables. Sin embargo, la situación ha ido mejorando: han aparecido paneles solares en la localidad, señal de una mejor infraestructura, y las familias tienen menos hijos, lo que les permite planificar mejor el futuro y, con ello, contribuir también al desarrollo de su país.
Agnod, que ronda los 60 años, ha proporcionado píldoras anticonceptivas, preservativos y asesoramiento sanitario a mujeres y hombres de Labangkhok y de otras cuatro comunidades cercanas. Como distribuidor formado por el gobierno, Agnod y otras personas como él han contribuido a reducir las muertes maternas e infantiles y otros riesgos para la salud relacionados con los embarazos no deseados. También han promovido un intervalo adecuado entre los nacimientos para que las mujeres puedan recuperarse plenamente.
Entre 2012 y 2015, la tasa de mortalidad materna de Laos descendió un 42%, de 357 a 206 por cada 100.000 nacidos vivos, y superó la meta del país incluida en los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Ahora, en la era de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, Laos se ha comprometido a reducir aún más las muertes maternas, hasta 180 por cada 100.000 nacidos vivos. Debe alcanzar esta meta para dejar de figurar entre los países menos adelantados del mundo antes de 2020.
La planificación familiar, dentro del marco más amplio de la salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivos, es realmente fundamental para la prosperidad de este pequeño país; una historia que se ha repetido en toda la región y el mundo.

De la casualidad a la elección
En 2017, 1.600 millones de mujeres en edad reproductiva vivían en regiones en desarrollo. Cerca de la mitad, 885 millones, querían evitar un embarazo.
A unas 214 millones de estas mujeres que quieren evitar un embarazo les resulta difícil, si no imposible, hacerlo. En cuanto a la prevención del embarazo, 59 millones usan métodos tradicionales poco fiables, lo que refleja una gran necesidad insatisfecha de anticonceptivos modernos. Otras 155 millones no utilizan ningún método anticonceptivo.
La mayor cantidad absoluta de mujeres con necesidad insatisfecha de anticonceptivos modernos —70 millones— se encuentra en Asia meridional, donde las cifras generales de mortalidad materna siguen siendo elevadas. En los países donde se han ampliado los servicios de planificación familiar, mueren menos mujeres durante el parto. La expansión de la planificación familiar también contribuye claramente a reducir la pobreza. Con menos hijos, las familias pueden invertir más en salud y educación, lo que a su vez hace que los futuros trabajadores sean más productivos y puedan obtener ingresos más altos.
La planificación familiar también protege la salud de las mujeres y reduce el gasto en atención médica, tanto para las familias como para las sociedades. De hecho, ningún país ha salido de la pobreza en los últimos 50 años sin ampliar el acceso a los anticonceptivos.
Al permitir y facilitar que las mujeres elijan si quieren tener hijos y cuántos, la planificación familiar les da poder. El derecho y la capacidad de controlar la fertilidad son fundamentales para la igualdad de género; sin ellos, no es posible ejercer otros derechos. Con ellos, las niñas pueden seguir estudiando en lugar de abandonar la escuela, y las mujeres reciben una mejor formación para conseguir un empleo digno. Como demuestra el Informe Global sobre la Brecha de Género 2016, cuando se fortalece la paridad de género en un país, también mejoran sus perspectivas económicas.
Un efecto dominó
Aunque celebramos los efectos positivos de la planificación familiar, persisten desafíos abrumadores que pueden desencadenar un efecto dominó.
El 43% de los 206 millones de embarazos estimados en los países en desarrollo no son intencionados: ocurren demasiado pronto o no se desean en absoluto.
Además, de las 127 millones de mujeres que dan a luz cada año en las regiones en desarrollo, demasiadas no reciben la atención esencial durante el embarazo y para ellas y sus recién nacidos. Menos de dos de cada tres reciben el mínimo de cuatro consultas prenatales, y apenas tres cuartas partes dan a luz en un centro de salud.
Este año, se estima que 308.000 mujeres de países en desarrollo morirán por causas relacionadas con el embarazo o el parto; unas 85.000 de esas muertes se producirán en la región de Asia-Pacífico. Otros 2,7 millones de bebés morirán durante su primer mes de vida; 1,3 millones de ellos, en nuestra región.

Cuentas que cuadran
Si se satisficieran todas las necesidades insatisfechas de anticonceptivos modernos en las regiones en desarrollo, los embarazos no intencionados, los nacimientos no planificados y los abortos inducidos disminuirían un 75%.
Si proporcionáramos anticonceptivos modernos a todas las mujeres que quieren evitar un embarazo y atención integral materna y neonatal para todos los embarazos, las muertes maternas se reducirían drásticamente: de las 308.000 estimadas actualmente a 84.000 al año en todo el mundo. Las muertes de recién nacidos caerían de 2,7 millones a 541.000 al año.
El costo anual actual estimado de los servicios anticonceptivos modernos en las regiones en desarrollo para las más de 670 millones de mujeres que actualmente utilizan métodos modernos es de 5.500 millones de dólares. En realidad, es menos de un dólar por persona al año: 88 centavos, para ser exactos.
Ampliar y fortalecer los servicios para satisfacer todas las necesidades anticonceptivas de las mujeres en las regiones en desarrollo duplicaría el costo actual, hasta los 11.000 millones de dólares al año, lo que equivale a 1,75 dólares por persona.
Si fuéramos más allá y satisficiéramos plenamente las necesidades tanto de anticonceptivos modernos como de atención materna y neonatal, el costo en las regiones en desarrollo sería de 52.500 millones de dólares al año, es decir, 8,39 dólares por persona. Invertir conjuntamente en ambos servicios acabaría generando un ahorro neto de 7.100 millones de dólares, gracias a su eficiencia en términos de costos, frente a invertir solo en atención sanitaria materna y neonatal.
Si esas cifras parecen elevadas, recuerden que en 2016 el mundo gastó 1,69 billones de dólares en los ejércitos de sus países, es decir, 150 veces más.
Desde hace tiempo sabemos que el costo de prevenir un embarazo no intencionado mediante anticonceptivos modernos es mucho menor que el de proporcionar atención para ese embarazo. Los estudios más recientes muestran que por cada dólar adicional que se gasta en servicios anticonceptivos por encima del nivel actual, el costo de la atención relacionada con el embarazo disminuiría 2,30 dólares.
Debemos difundir lo más ampliamente posible todos estos datos sobre los beneficios que la planificación familiar puede aportar a las sociedades a un costo relativamente bajo, para que se tengan en cuenta en los debates nacionales sobre los presupuestos.
Los gobiernos nacionales, incluidos los parlamentos, tienen la responsabilidad principal de garantizar a todos sus ciudadanos el derecho a la salud materna e infantil y a los servicios de planificación familiar. Pero los países donantes y las organizaciones internacionales también tienen la obligación de dar prioridad a estos servicios al asignar recursos para la cooperación al desarrollo.
Empoderar a las personas, desarrollar las naciones
Las estimaciones más recientes indican que para 2020 el déficit de financiación de la atención anticonceptiva por sí sola ascenderá a 700 millones de dólares; las mujeres y niñas más pobres de los países en desarrollo serán quienes más se enfrenten a embarazos no planificados o no deseados.
Los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil y los medios de comunicación —tanto de los países en desarrollo como de los desarrollados—, así como la ONU y otras organizaciones internacionales, deben trabajar codo con codo para movilizar los recursos necesarios y evitar que ocurra esta tragedia.
Este esfuerzo colectivo incluye hacer frente al auge del conservadurismo político y sociocultural que busca restringir el derecho de las personas, especialmente de las mujeres, a decidir libremente si quieren tener hijos, cuándo y cuántos.
Entre ellas están mujeres como Du, de poco más de 20 años, de la aldea laosiana de Labangkhok, que recibió de Agnod, el distribuidor de suministros, una inyección anticonceptiva de larga duración. Esta le quitó la preocupación de un embarazo no deseado y reforzó su capacidad para dar un futuro mejor a sus dos hijos.
Si queremos ayudar a Du y a millones de mujeres como ella, y contribuir al desarrollo de naciones enteras, no podemos fallarles ahora ni a las generaciones venideras.

