Los países encabezados por mujeres líderes han estado en el centro de atención por su gestión de la pandemia de COVID-19.
Las habilidades necesarias para tomar decisiones eficaces durante una crisis sanitaria, como el pragmatismo y la benevolencia, son características habituales de la gestión femenina.
Dos académicos sostienen que los desafíos del siglo XXI exigen un nuevo tipo de liderazgo, favorable a las mujeres en puestos de poder.
Desde el comienzo de la actual pandemia de coronavirus, se ha prestado mucha atención mediática a la relación entre las mujeres líderes al frente de varios países y la eficacia con que han gestionado la crisis de COVID-19.
Las medidas adoptadas por las mujeres líderes de Dinamarca, Finlandia, Alemania, Islandia, Nueva Zelanda y Noruega se han citado como prueba de apoyo a la idea de que las mujeres gestionan la crisis mejor que sus homólogos masculinos. La resiliencia, el pragmatismo, la benevolencia, la confianza en el sentido común colectivo, la ayuda mutua y la humildad se mencionan como características comunes del éxito de estas mujeres líderes.
Sería fácil concluir sin más que las mujeres son mejores líderes que los hombres. Sin embargo, nuestra formación académica y nuestra experiencia como administradores corporativos certificados nos indican que ese sería un veredicto demasiado simplista y que, en realidad, la cuestión es más compleja.
Ampliemos nuestra perspectiva. ¿Y si los países liderados por mujeres gestionan la pandemia con más eficacia no por el hecho de que ellas sean mujeres, sino porque la elección de mujeres refleja sociedades en las que hay una mayor presencia femenina en puestos de poder de muchos sectores?
Una mayor participación de las mujeres aporta una perspectiva más amplia sobre la crisis y allana el camino para poner en práctica soluciones más ricas y completas que las que habría ideado un grupo homogéneo.
Los países más igualitarios gestionan mejor la pandemia
Veamos cómo se sostiene esta hipótesis a la luz del estudio anual del Foro Económico Mundial sobre la paridad de género en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
La paridad de género se mide en función de la participación de hombres y mujeres en la sociedad y de las oportunidades disponibles para cada género, entre otros aspectos, en el acceso a la salud, la educación y el empleo. El Informe Global sobre la Brecha de Género 2020del Foro clasifica a los países según sus resultados en materia de igualdad de género. Los que han combatido la pandemia con mayor eficacia y están liderados por mujeres ocupan puestos destacados en la lista.
El informe también muestra que esos mismos países ocupan puestos destacados en cuanto a la presencia de mujeres en los consejos de administración de empresas. Esto nos lleva a concluir que las sociedades más igualitarias están mejor gestionadas.
En esos países, el poder se ve reforzado por la contribución complementaria de dos géneros. El valor añadido de este factor complementario en la gestión empresarial, por ejemplo, ha sido objeto de varios estudios. Uno de ellos, titulado «Prosperar gracias a la diversidad», de la consultora estadounidense McKinsey, sugiere que las empresas con un equilibrio de género más equitativo obtienen mejores resultados financieros.
¿Se gestionan de manera distinta los países con mayor paridad de género? Observamos que, en estos ecosistemas, el liderazgo se guía por las llamadas «cualidades femeninas»: empatía, compasión, escucha y colaboración. Estas se distinguen de las características asociadas al ejercicio tradicional del poder de gestión, supervisión y control.
Sin embargo, cabe señalar que estos distintos atributos basados en el género reflejan más bien las percepciones, los estereotipos y los sesgos que caracterizan a nuestras sociedades. Las mujeres pueden mostrar rasgos de gestión supuestamente masculinos y viceversa.
Se necesita un liderazgo de tipo femenino
Esto significa que los entornos con equilibrio de género producen decisiones más sólidas. También representan un liderazgo en el que predominan valores considerados femeninos.
Los desafíos del siglo XXI exigen un nuevo tipo de liderazgo, distinto del basado en el mando y el control. Entre ellos figuran el cambio climático, la salud, el medioambiente, el agotamiento de los recursos de la Tierra, el envejecimiento de la población y la escasez de talento, la gestión virtual de la producción y de las contribuciones de los empleados, y el desarrollo de nuevas tecnologías.
Este nuevo tipo de liderazgo implica principalmente resiliencia, valentía, flexibilidad, escucha, empatía, colaboración, atención a los demás y reconocimiento de la contribución colectiva. La participación de la inteligencia de todos se convierte en la clave del éxito. Todas estas son características de la gestión tradicionalmente femenina.
Por tanto, para superar los obstáculos del siglo XXI y tener éxito, las organizaciones y los países deben diversificar al máximo sus fuentes de talento, dando prioridad a la igualdad de género.
Veamos el mundo empresarial canadiense como ejemplo.
Conciliación de la vida laboral y familiar
Las diversas dificultades que afrontan las mujeres debido a los sesgos, los estereotipos, la conciliación de la vida laboral y familiar, las ausencias por maternidad y las políticas empresariales que no se adaptan a los desafíos específicos que enfrentan hacen que pocas alcancen los puestos más altos de las organizaciones canadienses. Solo el cuatro por ciento de los cargos de presidente y director ejecutivo están ocupados por mujeres, y ninguna de ellas trabaja en una de las 60 mayores empresas que cotizan en la Bolsa de Toronto.
Otro ámbito en el que es necesario actuar es el de STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). En su informe «Descifrar el código: educación de niñas y mujeres en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM)», la UNESCO hace esta preocupante observación:
«Solo el 35 por ciento de las niñas de todo el mundo estudia materias STEM… solo el tres por ciento de las estudiantes de educación superior elige estudiar tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Esta disparidad de género es aún más alarmante porque las carreras STEM suelen considerarse los empleos del futuro y el motor de la innovación, el bienestar social, el crecimiento inclusivo y el desarrollo sostenible».
UNESCO
Urge aumentar la representación de las mujeres en todos los puestos de influencia. Nuestras estudiantes, entre otras, necesitan referentes femeninos que las animen a intentarlo.
En este sentido, la Escuela de Negocios John Molson de la Universidad Concordia, en Montreal, está intensificando sus esfuerzos para contratar profesoras e investigadoras y hacer que la presencia de mujeres en las aulas sea la norma y no la excepción. Solo este equilibrio allanará el camino hacia un nuevo liderazgo y contribuirá a crear un mundo mejor.


