La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las residencias de mayores.
La atención domiciliaria es una opción más segura y económica que la atención residencial, y ofrece mejores resultados a los pacientes.
Así pueden los gobiernos y los proveedores de atención sanitaria hacer que la atención domiciliaria sea más asequible y accesible.
La pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto las fortalezas y debilidades de los sistemas sanitarios de todo el mundo. Un ámbito al que ha prestado especial atención es la atención domiciliaria, tanto por sus beneficios como por sus desafíos. El sector ofrece servicios como visitas médicas; servicios de enfermería, como el cuidado de heridas y el cambio de sondas nasogástricas; gestión de enfermedades crónicas; baño; fisioterapia, y servicios no clínicos, como recordatorios para tomar medicamentos, ayuda para el baño y compañía.
La pandemia ha trastocado la atención sanitaria institucional al limitar el acceso a los centros sanitarios, mientras los hospitales tienen dificultades para atender los casos de COVID-19. Se han aplazado las cirugías programadas, se han interrumpido las terapias y se han reducido las consultas. Al mismo tiempo, la pandemia ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las residencias de mayores y los centros de enfermería especializada, donde el virus se ha propagado rápidamente y que han soportado la mayor parte de las muertes por COVID-19. En Estados Unidos, el 40 % de las muertes por esta enfermedad se han producido en residencias de mayores, mientras que en Europa, el 50 % de las muertes se produjeron en este tipo de centros. En Canadá, la cifra ha llegado a alcanzar el 80 %. Durante esta pandemia, quedarse en casa ha sido la forma más segura para que las personas mayores se protejan y reciban los servicios médicos que necesitan.
¿Por qué atención domiciliaria?
Incluso antes de la pandemia, la atención domiciliaria era un modelo de atención preferido por las personas mayores. A medida que envejecen, su mayor temor es perder la independencia. En un estudio realizado en Estados Unidos en 2007, el 26 % de las personas mayores afirmó que su principal temor era perder la independencia. Le seguía un 13 % que señaló como principal temor dejar su hogar e ingresar en una residencia de mayores. La muerte era la principal preocupación de apenas el 3 % de las personas encuestadas. La misma encuesta mostró que el 89 % de las personas mayores consideraba muy importante seguir viviendo en su hogar.
Estos sentimientos son comprensibles. Vivir en casa permite a las personas mayores seguir tomando decisiones sobre su vida cotidiana y mantener el contacto con sus redes sociales. La atención se puede personalizar con mayor facilidad, y las personas mayores disfrutan de una mejor calidad de vida y mayor felicidad personal.
Se ha demostrado que la atención domiciliaria es más económica que la atención institucional y mejora los resultados de los pacientes. Un estudio de investigación de 2019 que analizó 17 millones de ingresos hospitalarios de Medicare entre 2010 y 2016 y comparó la atención domiciliaria con el ingreso en un centro de enfermería especializada concluyó que la atención domiciliaria se asociaba con un ahorro medio de 4.514 dólares durante los 60 días posteriores a la hospitalización. El uso de ayudas tecnológicas, como los sistemas personales de respuesta a emergencias y la monitorización remota, reduce aún más los costes y mejora los resultados de los pacientes. En un estudio de 2016 sobre el sector de la atención sanitaria domiciliaria, se preguntó a los proveedores de atención domiciliaria por el impacto del uso de la telesalud. El mayor impacto de la telesalud señalado por las personas encuestadas fue un aumento del 75 % en la calidad general de la atención, un aumento del 63 % en la satisfacción de los pacientes y una reducción del 63 % de las hospitalizaciones imprevistas.
Principales desafíos
A pesar de sus beneficios, optar por la atención domiciliaria puede ser difícil. En casos de mayor fragilidad y cuando las afecciones requieren más atención clínica, la atención domiciliaria puede no ser viable ni segura. También requiere una mayor participación de las personas cuidadoras, que probablemente sean familiares. La carga suele recaer de forma desproporcionada en las mujeres de la familia, que deben coordinar y supervisar más la atención y cubrir las carencias. Carecen de algunas competencias y experimentan más estrés y ansiedad en sus funciones de cuidadoras informales. En la UE, las mujeres representan el 62 % de todas las personas que prestan cuidados informales de larga duración a personas mayores o con discapacidad en la UE. Las mujeres en edad próxima a la jubilación (50–64 años) son quienes más probablemente prestan este tipo de cuidados. Esto genera mayores desigualdades para ellas al jubilarse.
En todo el mundo, el sector de la atención domiciliaria sufre escasez de personal, ya que la demanda de auxiliares de atención domiciliaria supera la oferta. Aunque la disponibilidad de personal cualificado es un problema en todo el ámbito sanitario, en el segmento de la atención domiciliaria la situación se agrava por los bajos salarios y la falta de reconocimiento de la profesión. En muchos países, incluidos Estados Unidos y Singapur, los precios se fijan según las tarifas de reembolso del gobierno. La falta de voluntad política para elevar esas tarifas limita de hecho los salarios del personal de atención domiciliaria y afecta a la inversión en formación y prestaciones para el personal. Como entran en los hogares de los pacientes y trabajan en solitario, el personal de atención domiciliaria corre un mayor riesgo de sufrir abusos verbales y físicos, lo que hace que el sector resulte aún menos atractivo. Al no poder aumentar la plantilla nacional, muchos países recurren a la inmigración y a trabajadores extranjeros temporales para cubrir estos puestos, pero esto conlleva sus propios problemas.
En comparación con la atención institucional, el sector de la atención domiciliaria está poco regulado en todo el mundo, lo que plantea dudas sobre la calidad y las normas. La adopción de tecnología sigue siendo baja, aunque podría mejorar la productividad y la eficacia.
Soluciones
Después de la pandemia, los gobiernos deberían volver a considerar la atención domiciliaria, ya que ofrece una opción más segura, asequible y de mayor calidad para las personas mayores. Esto implica revisar cómo organizan y financian los países la atención sanitaria, para destinar más presupuesto y recursos a la atención domiciliaria. Podemos hacer que esta sea más asequible y accesible para las familias si garantizamos que pueda financiarse mediante seguros sanitarios públicos y privados. Aumentar las tasas de subsidio para la atención domiciliaria ayudará a subir los salarios del personal de atención domiciliaria.
Para que más familias puedan optar por la atención domiciliaria, debemos ofrecer más información, asistencia y apoyo comunitario a las personas cuidadoras informales. Deberíamos destinar más recursos financieros a apoyar a quienes cuidan sin remuneración, por ejemplo, mediante subsidios para las familias que recurren a la atención domiciliaria y créditos fiscales para las personas cuidadoras informales.
Debemos definir mejor las normas y mejorar la regulación del sector de la atención domiciliaria. Esto mejorará la calidad de la atención, elevará los estándares de formación y contribuirá a una mayor profesionalización del sector. También es necesario integrar mejor la atención domiciliaria con los hospitales y otros tipos de atención comunitaria, para que las personas mayores reciban una atención multidisciplinaria coordinada a lo largo de todo el continuo asistencial. Los gobiernos deberían promover el uso de la tecnología en la atención domiciliaria, sobre todo porque la llegada del 5G y la computación en la nube puede permitir la telesalud y otros modelos innovadores de atención que reduzcan los costes, mejoren los resultados y aumenten la productividad del personal. La tecnología también puede desempeñar un papel importante en la integración de la atención.
Muchos países han empezado a adoptar la atención comunitaria como una forma de mejorar la calidad y reducir los costes sanitarios. La pandemia de COVID-19 ha dado un impulso adicional al abandono de la atención institucional. Ahora es el momento de tomar las decisiones políticas necesarias para adoptar la atención domiciliaria y transformar radicalmente el funcionamiento de nuestros sistemas sanitarios.

