Miles de trabajadores sanitarios esenciales cruzan a diario la frontera entre Canadá y EE. UU.
Una nueva iniciativa respaldada por un importante empleador del sector sanitario y el Foro Económico Mundial está estudiando formas de ofrecer a estos trabajadores un desplazamiento viable y fiable, como parte clave de una mejor respuesta a la pandemia.
Las lecciones de esta iniciativa son aplicables en general a los empleadores que necesitan que los trabajadores esenciales y de menores ingresos puedan volver al trabajo de forma segura
Cada día, miles de trabajadores sanitarios esenciales cruzan la frontera entre Canadá y Estados Unidos para trabajar en hospitales estadounidenses y contribuir a la lucha contra la pandemia de COVID-19. En estos tiempos difíciles, los trabajadores transfronterizos a menudo se enfrentan a desafíos específicos, como redes de transporte público interrumpidas o inexistentes, así como al riesgo de cierres fronterizos y controles más estrictos. Pero su lucha también encierra lecciones más amplias sobre cómo podemos mejorar los trayectos diarios de todos los trabajadores, especialmente en las profesiones peor remuneradas.
Por lo general, el desplazamiento al trabajo se considera un asunto privado, que el empleado debe organizar en su propio tiempo y, normalmente, con su propio presupuesto. El empleador espera que se presenten en el lugar y el momento adecuados, y lo demás depende de ellos. La pandemia ha demostrado que esta actitud debe cambiar si queremos que nuestra fuerza laboral sea resiliente y productiva, incluidos nuestros trabajadores esenciales. Con frecuencia, ellos soportan una carga financiera y logística desproporcionada en lo que respecta al transporte.
En un informe del Surface Transportation Policy Project, de Smart Growth America, los investigadores constataron que el 20 % más pobre de los estadounidenses destina el 40,2 % de su salario neto al transporte (principalmente para gastos de vehículo privado). Quienes ganan 71.898 dólares o más solo destinan el 13,1 %. En la profesión de enfermería a nivel nacional, los trabajadores de nivel inicial parten de unos 41.000 dólares. Si los trabajadores sanitarios se ven obligados a desplazarse en coche por falta de otras opciones, el coste de comprar y mantener ese coche por sí solo reducirá considerablemente su salario neto.
En las zonas fronterizas, el desplazamiento puede ser aún más gravoso. El cruce fronterizo más transitado entre Canadá y EE. UU. se encuentra entre las ciudades de Windsor (Ontario) y Detroit (Michigan). Ambas ciudades están separadas por el río Detroit y comunicadas por una serie de puentes y túneles transfronterizos, que cientos de trabajadores sanitarios canadienses cruzan a diario para prestar atención esencial en los hospitales del área de Detroit. Una encuesta realizada al personal hospitalario del área de Detroit reveló que el 10-20 % de la plantilla se identificó como canadiense y cruzó la frontera Detroit-Windsor en cada turno. El 90 % de esos trabajadores que cruzan la frontera dependen de un vehículo privado para desplazarse al trabajo.
Además de los gastos de propiedad y mantenimiento del vehículo, estos trabajadores también deben tener en cuenta la carga adicional que supone la congestión del tráfico, especialmente ante el aumento de las restricciones fronterizas. Durante la pandemia, las opciones de transporte se han reducido, en parte por la menor oferta de transporte público, por opciones de movilidad compartida más costosas y por el temor a contagiarse en el transporte público. Este problema afecta de forma desproporcionada a las mujeres, ya que representan la mayoría de los trabajadores sanitarios esenciales. En el área de Detroit-Windsor, el 80 % de los trabajadores sanitarios son mujeres, cifra en consonancia en líneas generales con el resto de Estados Unidos, donde las mujeres representan el 76 % de los trabajadores esenciales del sector sanitario.
Ante una posible segunda ola de la pandemia, y mientras muchos de nosotros todavía luchamos contra la primera, es hora de pensar en las responsabilidades que conlleva depender de los trabajadores esenciales. Un elemento clave a considerar es la facilidad de acceso al transporte, que sigue siendo un enorme desafío en muchas zonas de Estados Unidos. Mientras que las grandes ciudades como Nueva York ofrecen una amplia gama de opciones de viaje, como autobuses, trenes, metro, taxis y servicios de bicicletas compartidas, las zonas rurales y los cruces fronterizos suelen ser desiertos de movilidad. De hecho, las zonas rurales de todo el mundo suelen depender de la propiedad de vehículos privados. El brote de coronavirus ha hecho aún más evidente este desafío. Algo tan aparentemente sencillo como llegar a un centro de pruebas de COVID-19 puede ser difícil para las personas que no tienen coche y viven lejos de los hospitales y otros centros sanitarios.
Muchos aspectos del desplazamiento transfronterizo aún no se comprenden del todo. Viajar de Windsor a Detroit y de vuelta es, en cierto modo, como desplazarse entre dos barrios de la misma ciudad, ya que ambas localidades están geográficamente cerca, tan cerca como Brooklyn y Manhattan. Pero, en otros aspectos, está condicionado por las restricciones propias de los viajes internacionales, como los controles de pasaportes y los posibles cierres fronterizos.
Por eso el Foro Económico Mundial puso en marcha el proyecto Inclusivity Quotient y desarrolló una línea de trabajo sobre la vuelta al trabajo centrada en resolver la brecha de desplazamiento de la columna vertebral de la economía. El caso de uso de los trabajadores transfronterizos entre Ontario y Michigan podría empezar a cuantificar los beneficios organizativos y sociales de una estrategia de desplazamiento deliberada y proactiva. Como parte de este estudio de caso piloto inicial, IQ se ha asociado con el Henry Ford Health System, una organización sanitaria sin ánimo de lucro de Detroit, para empezar a trabajar junto con la ciudad de Windsor en la realización de entrevistas cualitativas y en la labor de divulgación entre los trabajadores, con el fin de analizar y comprender mejor los desplazamientos transfronterizos de sus propios trabajadores esenciales.
Si los empleadores y los gobiernos se unen para ofrecer un mejor desplazamiento, el resultado podría transformar la vida de innumerables trabajadores esenciales y la de las personas que dependen de su trabajo diario. Este es solo uno de los muchos ejemplos que el proyecto IQ pretende destacar. El objetivo de IQ es identificar los desplazamientos más difíciles de los trabajadores esenciales y colaborar con los empleadores y los proveedores gubernamentales de transporte público para idear servicios de transporte alternativos que ayuden a los trabajadores esenciales a llegar al trabajo con facilidad. Estos primeros estudios de caso servirán más adelante de base para el trabajo de IQ, que busca poner en marcha pilotos de nuevas alianzas de transporte para que todos los demás trabajadores vuelvan a sus puestos de trabajo.
El objetivo de IQ es abordar los puntos débiles del desplazamiento con nuevos servicios y soluciones de movilidad que ayuden a mejorar tanto la accesibilidad de los trabajadores de primera línea hacia sus pacientes como su productividad una vez que llegan a su destino. Las soluciones de desplazamiento serán diferentes de una ciudad a otra y de una región a otra, y aprovecharán en última instancia el poder de un sistema de transporte multimodal, ya sea a través del transporte público, la movilidad compartida o la micromovilidad segura.
Mientras el mundo considera la vuelta al trabajo y a la escuela, los empleadores deben dedicar una atención seria a este tipo de esfuerzos. En última instancia, la reactivación de la economía depende en gran medida de que los trabajadores, especialmente los empleados esenciales y de menores ingresos, vuelvan a trabajar. Este problema se vuelve aún más acuciante a medida que entramos en la temporada de gripe, y necesitaremos el apoyo de los trabajadores de la sanidad, el comercio minorista y la atención infantil para superar este momento difícil. La pandemia nos ha demostrado que estamos todos en el mismo barco. Si los trabajadores sanitarios se enfrentan a una brecha de desplazamiento, toda la economía sufrirá, sin contar el riesgo que esto supone para la salud de millones de personas.

