El envejecimiento de la población y una vida laboral más larga están transformando el mercado laboral.
Trabajar codo con codo entre distintas generaciones puede ayudar a transmitir habilidades y experiencia.
Las nuevas generaciones están cuestionando los modelos operativos existentes.
La llegada de una nueva generación al mercado laboral que sacude las viejas costumbres no tiene nada de inusual. Pero el rápido ritmo del cambio tecnológico, combinado con la cantidad de generaciones que trabajan juntas al mismo tiempo (los baby boomers, la generación X, los millennials y la generación Z), crea una situación nueva.
El aumento de la esperanza de vida da lugar a una población envejecida y a vidas laborales más largas, especialmente con el aumento de la edad legal de jubilación en muchos países. Estas dos tendencias están transformando el mercado laboral de distintas maneras. Y, sobre todo, ya no es concebible dejar de aprender y desarrollar habilidades a los 20 o 25 años. La enorme aceleración del progreso tecnológico y la digitalización hacen imperativos el aprendizaje y la formación a lo largo de toda la vida.
Entonces, ¿cómo podemos aprovechar al máximo este auge de la diversidad generacional?
En primer lugar, debemos aceptar el principio del enriquecimiento mutuo. Algunas personas aportarán más probablemente su experiencia; otras, nuevas habilidades. En ciertos oficios, los jóvenes llegan hoy al mercado laboral con habilidades sólidas y muy valoradas, especialmente en los ámbitos digital y de la comunicación, la electrónica y la gestión de datos.
No se trata de un descubrimiento completamente nuevo, y ya contamos con testimonios que respaldan sus beneficios. Hace diecisiete años, Louis Schweitzer, antiguo director ejecutivo de Groupe Renault, pidió a cada miembro del comité ejecutivo que se formara en nuevas tecnologías con la ayuda de un empleado joven. Esta «tutoría inversa» demostró su eficacia.
El enriquecimiento también puede surgir de un cambio en las perspectivas laborales. Los valores que promueven las nuevas generaciones están cambiando. Para los jóvenes de 18 a 30 años, entre los 14 «valores importantes en el trabajo» propuestos, la «capacidad de escuchar» ocupa el primer lugar. Al final de la lista estaban la «lealtad» y, en último lugar, la «autoridad».
La generación que se incorpora al trabajo se caracteriza por un fuerte deseo de autonomía, una mentalidad abierta, un sólido espíritu de equipo y una jerarquía mínima. Está cuestionando las formas de trabajo existentes al exigir más agilidad, flexibilidad y cooperación. Empieza a esbozar un nuevo modelo de liderazgo, basado en la confianza, la autonomía y la transparencia.

Esto es positivo, porque en esta era de cambio tecnológico y digitalización, una nueva forma de gestionar es clave para garantizar una transformación exitosa y empresas preparadas para el futuro. Una mayor apertura y agilidad son fundamentales para comprender y satisfacer las necesidades de distintos tipos de consumidores.
No se trata de llevar la cuenta ni de confrontar culturas en el lugar de trabajo. El esfuerzo de adaptación no debe recaer únicamente sobre los hombros de una generación u otra. La transformación es responsabilidad de toda la empresa, que debe involucrar a todas las generaciones en este esfuerzo.
Todos esperan esta transformación, no solo los más jóvenes. Estudios recientes muestran que una gran mayoría de las personas, independientemente de su edad, cree que su trabajo se transformará (así lo piensa el 90 % de quienes tienen menos de 35 años y el 86 % de quienes tienen más de 35).
Ante este desafío, los jóvenes parecen tener más confianza y ser menos pesimistas que las personas mayores. En respuesta a la pregunta «¿Cómo cambia tu motivación en el trabajo con el tiempo?», el 23 % de la población activa de 18 a 25 años dijo que aumentaba, mientras que el 23 % dijo que disminuía. Entre las personas de 50 años o más, el 7 % respondió «aumenta» y el 34 %, «disminuye». Por tanto, recuperar la motivación e involucrar a todas las generaciones en la transformación de la empresa es un gran desafío.
Para lograrlo, es esencial centrarse en un objetivo compartido y establecerlo como denominador común. Nadie, ni joven ni mayor, puede sentirse satisfecho con una vida entera de trabajo si los únicos objetivos son la productividad y los beneficios.
En efecto, centrarse en una dirección común puede reducir la percepción de «nosotros» frente a «ellos» y crear o reforzar la unidad. Por tanto, es responsabilidad de la empresa hacer que todas las personas, tanto mayores como jóvenes, trabajen por un mismo propósito significativo.

