Por qué estar de mal humor puede ser bueno para ti

Traders work on the floor of the New York Stock Exchange, November 18, 2008. REUTERS/Shannon Stapleton (UNITED STATES) - RTXAPYI
Mild, temporary bad moods may serve an important and useful adaptive purpose.Image: REUTERS/Shannon Stapleton
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Homo sapiens es una especie muy temperamental. Aunque la tristeza y el mal humor siempre han formado parte de la experiencia humana, hoy vivimos en una época que ignora o resta valor a estos sentimientos.

En nuestra cultura, las emociones humanas normales, como la tristeza pasajera, suelen tratarse como trastornos. La publicidad manipuladora y las industrias del marketing y la autoayuda afirman que la felicidad debería estar al alcance de todos. Sin embargo, el mal humor sigue siendo una parte esencial de la gama normal de estados de ánimo que experimentamos habitualmente.

A pesar del casi universal culto a la felicidad y de una riqueza material sin precedentes, la felicidad y la satisfacción vital en las sociedades occidentales no han mejorado en décadas.

Es hora de reevaluar el papel del mal humor en nuestras vidas. Debemos reconocer que es una parte normal, e incluso útil y adaptativa, de la experiencia humana, que nos ayuda a afrontar muchas situaciones y dificultades cotidianas.

Breve historia de la tristeza

En épocas históricas anteriores, los breves periodos de tristeza o mal humor (conocidos como disforia leve) siempre se han aceptado como parte normal de la vida cotidiana. De hecho, muchos de los mayores logros del espíritu humano consisten en evocar, ensayar e incluso cultivar sentimientos negativos.

Las tragedias griegas exponían a los espectadores a la desgracia inevitable y los preparaban para aceptarla y afrontarla como parte normal de la vida humana. Las tragedias de Shakespeare son clásicos porque reflejan este tema. Y las obras de grandes artistas, como Beethoven y Chopin en la música, o Chéjov e Ibsen en la literatura, exploran el paisaje de la tristeza, un tema reconocido desde hace mucho como instructivo y valioso.

Los filósofos de la Antigüedad también creían que aceptar el mal humor era esencial para llevar una vida plena. Incluso filósofos hedonistas como Epicuro reconocían que vivir bien implica ejercer el buen juicio, la moderación y el autocontrol, y aceptar las adversidades inevitables.

Otros filósofos, como los estoicos también destacaban la importancia de aprender a anticipar y aceptar las desgracias, como la pérdida, el dolor o la injusticia.

¿Qué sentido tiene la tristeza?

Los psicólogos que estudian cómo han evolucionado con el tiempo nuestros sentimientos y comportamientos sostienen que todos nuestros estados afectivos (como los estados de ánimo y las emociones) cumplen una función útil: nos alertan sobre situaciones del mundo a las que debemos responder.

De hecho, la gama de emociones humanas incluye muchas más sensaciones negativas que positivas. Las emociones negativas, como el miedo, la ira, la vergüenza o el asco, son útiles porque nos ayudan a reconocer, evitar y superar situaciones amenazantes o peligrosas.

Pero ¿qué sentido tiene la tristeza, quizá la emoción negativa más común y una de las que más atienden los psicólogos en ejercicio?

La tristeza intensa y duradera, como la depresión, es obviamente un trastorno grave e incapacitante. Sin embargo, el mal humor leve y pasajero puede cumplir una función adaptativa importante y útil, al ayudarnos a afrontar los retos cotidianos y las situaciones difíciles. También actúa como una señal social que comunica distanciamiento y retirada de la competencia, y ofrece una cobertura protectora. Cuando parecemos tristes o estamos de mal humor, la gente suele preocuparse y tiende a ayudarnos.

Algunos estados de ánimo negativos, como la melancolía y la nostalgia (añoranza del pasado), incluso pueden ser agradables y parecer proporcionar información útil para orientar los planes y la motivación futuros.

La tristeza también puede potenciar la empatía, la compasión, la conexión y la sensibilidad moral y estética. Además, desde hace mucho es un estímulo para la creatividad artística.

Experimentos científicos recientes documentan los beneficios del mal humor leve, que a menudo funciona como una señal de alarma automática e inconsciente y promueve un estilo de pensamiento más atento y minucioso. En otras palabras, el mal humor nos ayuda a prestar más atención y concentrarnos en situaciones difíciles.

En cambio, el estado de ánimo positivo (como sentirse feliz) suele servir de señal de que las situaciones son familiares y seguras, y da lugar a un procesamiento menos minucioso y atento.

Beneficios psicológicos de la tristeza

Cada vez hay más pruebas de que los estados de ánimo negativos, como la tristeza, tienen beneficios psicológicos.

Para demostrarlo, los investigadores primero manipulan el estado de ánimo de las personas (por ejemplo, mostrándoles películas alegres o tristes) y luego miden los cambios en el rendimiento en diversas tareas cognitivas y conductuales.

Sentirse triste o estar de mal humor aporta varios beneficios:

  • mejor memoria En un estudio, el mal humor (provocado por el mal tiempo) hizo que las personas recordaran mejor los detalles de una tienda de la que acababan de salir. El mal humor también puede mejorar los recuerdos de testigos presenciales al reducir los efectos de diversas distracciones, como la información irrelevante, falsa o engañosa.

  • juicios más precisos El mal humor leve también reduce algunos sesgos y distorsiones en la forma en que las personas se forman impresiones. Por ejemplo, los jueces ligeramente tristes se formaron impresiones más precisas y fiables sobre los demás porque procesaron los detalles con mayor eficacia. Descubrimos que el mal humor también reducía la credulidad y aumentaba el escepticismo al evaluar leyendas urbanas y rumores, e incluso mejoraba la capacidad de las personas para detectar engaños. Además, es menos probable que las personas con un mal humor leve recurran a estereotipos simplistas.

  • motivación Otros experimentos descubrieron que, cuando se pidió a participantes alegres y tristes que realizaran una tarea mental difícil, quienes estaban de mal humor se esforzaron más y perseveraron más. Ded icaron más tiempo a la tarea, intentaron responder más preguntas y dieron más respuestas correctas.

  • mejor comunicación El estilo de pensamiento más atento y minucioso que propicia el mal humor también puede mejorar la comunicación. Descubrimos que las personas tristes utilizaban argumentos más eficaces para persuadir a los demás, comprendían mejor las frases ambiguas y se comunicaban mejor al hablar.

  • mayor equidad Otros experimentos descubrieron que el mal humor leve hacía que las personas prestaran más atención a las expectativas y normas sociales, y trataran a los demás de forma menos egoísta y más justa.

Contrarrestar el culto a la felicidad

Al ensalzar la felicidad y negar las virtudes de la tristeza, nos fijamos un objetivo inalcanzable. También podemos estar provocando más decepción y, según algunos, incluso depresión.

También se reconoce cada vez más que estar de buen humor, pese a algunas ventajas, no siempre es deseable.

Sentirse triste o estar de mal humor nos ayuda a concentrarnos mejor en la situación en la que nos encontramos y, por tanto, aumenta nuestra capacidad de observar y responder con éxito a situaciones más exigentes.

Estos hallazgos sugieren que la búsqueda incesante de la felicidad a menudo puede ser contraproducente. Hace mucho que debería haberse hecho una evaluación más equilibrada de los costes y beneficios de los estados de ánimo buenos y malos.

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