Los hechos son sencillos: la obesidad es una crisis para el mundo.
La obesidad se ha convertido en un problema de salud pública significativo, y con razón. En los últimos 40 años, el número de personas que viven con obesidad casi se ha triplicado. Hoy en día, más de 650 millones de adultos en todo el mundo tienen obesidad, una cifra que equivale al doble de la población total de Estados Unidos. Además, más de 120 millones de niños y adolescentes viven con obesidad, y otros 210 millones tienen sobrepeso, lo que los expone al riesgo de padecer obesidad en la edad adulta.
La Federación Mundial de la Obesidad calcula que la obesidad supone un asombroso costo de 850 000 millones de dólares en gastos sanitarios directos a nivel mundial. Si no se toman medidas, se prevé que la factura médica para tratar las complicaciones de salud asociadas a la obesidad aumente hasta 1,2 billones de dólares en 2025.

Se trata de una crisis mundial, con profundas implicaciones sociales, económicas y sanitarias para las personas y sus comunidades. Estos hechos ponen de manifiesto la necesidad de un sentido de urgencia en el debate.
Tenía 28 años y pesaba 400 libras, es decir, 180 kg. Era madre de dos hijos, dos niños maravillosos, y estaba casada. En muchos sentidos, estaba contenta con mi vida, pero sufría una depresión muy intensa. No quería hablar de ello. No quería reconocer mi problema de peso. La gente me preguntaba: «¿Cómo llegaste a este peso? ¿Cómo llegaste a las 400 libras?
Vicki Mooney, Secretaría General del Consejo de Pacientes de la EASO, Irlanda.
La obesidad es una enfermedad compleja y no se debe a una falta de voluntad. Desafortunadamente, las percepciones incorrectas y desactualizadas sobre las causas de la obesidad son un factor subyacente que frena la acción decisiva frente a esta pandemia. Existen pruebas científicas significativas que demuestran que la obesidad es una enfermedad compleja, desencadenada y mantenida por numerosos factores que están fuera del control de la persona. Por ejemplo, se han identificado casi 100 genes relacionados con la obesidad.

Tener dificultades para mantener la pérdida de peso no es una debilidad de carácter
Perder peso y mantener la pérdida es un desafío que muchos hemos experimentado. La dificultad de la pérdida de peso radica en que activa varios cambios hormonales en el organismo que favorecen la recuperación del peso durante muchos años. Para una persona que vive con obesidad, el desafío puede resultar casi insuperable, y se ve aún más dificultado por las complicaciones que provoca la enfermedad. Solo una de cada 10 personas con obesidad consigue mantener la pérdida de peso durante más de un año tras perderlo.8,9
Todavía queda mucho por aprender sobre las causas y el impacto de la obesidad en la vida cotidiana de las personas, así como sobre cómo debemos tratar a quienes tienen obesidad. Como explica Donna Kasznel, de Kentucky (Estados Unidos): «He tenido sobrepeso durante la mayor parte de mi vida adulta y siempre me he avergonzado de ello. A diferencia de otras enfermedades, la obesidad no es algo que puedas mantener en secreto. Es lo primero que la gente ve cuando te conoce, y te juzgan de inmediato según tu apariencia. La obesidad es implacable: afecta todo lo que haces durante todo el día, todos los días, y permea todos los aspectos de tu vida, desde lo que te pones hasta dónde aparcas, pasando por el asiento que eliges o incluso si puedes participar en determinadas actividades».
Cinco prioridades para hacer realidad el cambio
Aunque cambiar la narrativa sobre la obesidad puede no ser fácil y requerirá tiempo, solo al reconocer la obesidad como una enfermedad crónica podrán los gobiernos y los servicios sanitarios priorizar y financiar adecuadamente su prevención y tratamiento eficaces, y reducir la carga que soportan las personas y la sociedad.
Para ello es fundamental adoptar una nueva narrativa y una nueva filosofía en las que la comprensión y el respeto por la persona sean clave. Esto implica:
1. Reconocer que la obesidad es una enfermedad con factores muy complejos que subyacen a su desarrollo
2. Reconocer la lucha diaria a la que se enfrentan las personas con obesidad, en un mundo en el que las fuerzas biológicas, sociales y ambientales influyen negativamente en su capacidad para controlar su peso corporal. Por tanto, la obesidad, como problema de salud pública, requiere estrategias tanto de prevención como de tratamiento para controlarla
3. Capacitar a los profesionales sanitarios para que utilicen un lenguaje adecuado con el fin de abordar con éxito el tema del peso con las personas, evitando, por ejemplo, términos como «pesadez», «gran tamaño» o «gordura»
4. Aprovechar los equipos multidisciplinarios de servicios sociales y sanitarios para apoyar a las personas que gestionan su enfermedad crónica, permitiéndoles vivir sin apenas restricciones
5. Abogar por un enfoque centrado en las personas para cambiar la forma en que el mundo ve a las personas con obesidad, de modo que la prevención y el tratamiento de la obesidad se conviertan en una prioridad sanitaria
Apoyar a las personas con obesidad es una estrategia en la que todos ganan
Hace tres años, los líderes mundiales adoptaron los 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la ONU, que abarcan una amplia gama de cuestiones de desarrollo social y económico. Sin abordar la obesidad, el logro de muchos de estos objetivos seguirá estando fuera de nuestro alcance.10
Por ejemplo, el ODS 3 tiene como objetivo garantizar vidas sanas y promover el bienestar para todos, en todas las edades. Una de las metas asociadas es reducir en un tercio la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles (ENT) para 2030, mediante la prevención y el tratamiento, y promover la salud mental y el bienestar.
La obesidad está asociada a una serie de enfermedades crónicas que son directamente responsables de la mayoría de las muertes relacionadas con las ENT. Entre ellas se incluyen las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2 y diversos tipos de cáncer.

En personas con obesidad, una pérdida de peso del 5–10 % se asocia a una reducción del riesgo y la gravedad de las ENT y a una mejora de la calidad de vida relacionada con la salud.11,12 Teniendo en cuenta los costos sanitarios del tratamiento de las afecciones relacionadas con la obesidad, tiene sentido centrarse en cómo podemos ayudar a las personas con obesidad a perder peso y mantenerlo.
Cambiar la narrativa puede no ser fácil ni ocurrirá rápidamente, pero es necesario que se produzca un cambio en la forma en que hablamos de la obesidad y de las personas a las que afecta, en todos los niveles de la sociedad. Solo entonces los sistemas priorizarán y financiarán adecuadamente su prevención y tratamiento eficaces para reducir la carga que soportan tanto las personas como la sociedad.

