¿Qué han hecho los romanos por nosotros? Bueno, las carreteras, evidentemente; las carreteras van de suyo. ¿Y qué tal una guía para vivir en el siglo XXI? Parece menos probable, pero lo cierto es que en los últimos años ha crecido el interés por la obra de tres filósofos estoicos romanos que ofrecieron precisamente eso. Fueron Séneca, preceptor del emperador Nerón; Epicteto, antiguo esclavo, y Marco Aurelio, emperador él mismo.
Libros recientes que se basan en sus ideas y que se han reformulado como guías para vivir bien hoy incluyen Guía para la buena vida de William Irvine, El estoicismo y el arte de la felicidad de Donald Robertson, The Daily Stoic de Ryan Holiday y Stephen Hanselman, y Cómo ser un estoico de Massimo Pigliucci. Lo que comparten todos estos libros es la convicción de que las personas pueden beneficiarse si vuelven a las ideas de estos estoicos romanos y las examinan. Incluso existe una semana anual dedicada al estoicismo.
El estoicismo sostiene que la clave de una vida buena y feliz es el cultivo de un estado mental excelente, que los estoicos identificaban con la virtud y con la racionalidad. La vida ideal es aquella que está en armonía con la Naturaleza, de la que todos formamos parte, y con una actitud de calma indiferencia ante los acontecimientos externos. Surgió en Grecia y fue fundado hacia el 300 a. C. por Zenón, que solía impartir sus enseñanzas en el Pórtico Pintado de Atenas, de ahí el nombre de estoicismo. Las obras de los primeros estoicos se han perdido en su mayor parte, por lo que han sido los estoicos romanos quienes más influencia han ejercido a lo largo de los siglos y siguen haciéndolo hoy.
Controla cómo piensas
Entonces, ¿cuáles eran las ideas? Dos principios fundamentales se encuentran en el Enquiridión, un breve libro que resume las ideas de Epicteto. El primero es que algunas cosas están bajo nuestro control y otras no, y que buena parte de nuestra infelicidad se debe a creer que podemos controlar cosas que, en realidad, no podemos.
¿Qué podemos controlar? Epicteto sostiene que, en realidad, controlamos muy poco. No controlamos lo que nos sucede, no podemos controlar lo que dicen o hacen las personas que nos rodean e, incluso, tampoco podemos controlar del todo nuestro propio cuerpo, que se daña, enferma y, en última instancia, muere sin tener en cuenta nuestras preferencias. Lo único que realmente controlamos es cómo pensamos sobre las cosas, los juicios que emitimos sobre ellas.
De ahí se deriva el segundo principio fundamental de Epicteto: no son las cosas las que nos perturban, sino la manera en que pensamos sobre ellas. Las cosas suceden. Después emitimos juicios sobre lo que ocurre. Si juzgamos que ha sucedido algo realmente malo, podemos sentir enfado, tristeza o ira, según de qué se trate. Si juzgamos que es probable que algo malo ocurra, podemos sentir miedo o temor. Todas estas emociones son el producto de los juicios que emitimos. En sí mismas, las cosas son neutras en cuanto a valor, pues lo que nos puede parecer terrible podría ser indiferente para otra persona, o incluso bienvenido para otros. Son los juicios que hacemos los que introducen el valor en la ecuación, y son esos juicios de valor los que generan nuestras respuestas emocionales.
La buena noticia del estoicismo es que estos juicios de valor son lo único sobre lo que tenemos control total. Las cosas suceden, ninguna de ellas es intrínsecamente buena o mala, y está en nuestro poder decidir cómo las valoramos. La paradoja del estoicismo, tal como la formula Epicteto, es que apenas tenemos control sobre nada y, al mismo tiempo, podemos tener un control potencialmente total sobre nuestra felicidad.
Entrena tu mente
A primera vista, esto podría parecer que minimiza los retos muy reales a los que se enfrentan las personas en su vida diaria. ¿Cómo puede pensar de forma diferente ayudar a alguien que lucha por poner comida en la mesa, por ejemplo? Los estoicos no eludían esta cuestión. Reconocían plenamente que la vida puede ser difícil a veces.
Séneca lo conocía muy bien: sufrió el exilio, múltiples pérdidas de seres queridos y, en última instancia, Nerón lo obligó a suicidarse. También sabía que era muy fácil decir «No voy a permitir que estas cosas externas me perturben», pero que es muy distinto cumplirlo y no sentirse perturbado uno mismo.
Por ello, los estoicos desarrollaron toda una serie de ejercicios prácticos destinados a ayudar a las personas a incorporar las ideas estoicas a su vida diaria. Séneca recomendaba hacer un balance al final de cada día, anotando cuándo te irritas por algo trivial o reaccionas con enojo ante alguien que quizá no lo merecía, y así sucesivamente. Al anotar sus errores, esperaba hacerlo mejor al día siguiente.

Marco Aurelio tenía otra estrategia: recordarse cada mañana que probablemente se encontraría con muchas personas airadas, estresadas, impacientes e ingratas durante el día. Al reflexionar sobre ello de antemano, se esperaba que fuera menos probable que respondiera de la misma manera. Pero también reflexionaba sobre el hecho de que ninguna de estas personas actuaría así intencionadamente. Eran víctimas de sus propios juicios equivocados.
Aquí surge otra paradoja: nadie elige ser infeliz, estar estresado, enfadado o desdichado y, sin embargo, todo ello es en realidad producto de nuestros juicios, lo único que está bajo nuestro control.
Acepta lo que sucede
Otra estrategia estoica consiste en recordarnos nuestra relativa insignificancia. El mundo no gira en torno a nosotros. Aurelio reflexionaba con regularidad en sus Meditaciones sobre la inmensidad del universo y la infinitud del tiempo que se extiende hacia el pasado y el futuro, con el fin de situar su propia vida breve en un contexto más amplio.
Nuestras vidas no son más que momentos cuando se contemplan desde esta perspectiva cósmica. Dado esto, ¿por qué deberíamos esperar que el universo nos conceda lo que sea que queramos? Al contrario, sería absurdo esperar que se ajustara a nuestra voluntad.
Como dijo Epicteto, si esperas que el universo te dé lo que quieres, te decepcionarás, pero si aceptas lo que el universo te da, la vida será mucho más llevadera. De nuevo, esto es más fácil de decir que de hacer, pero cada vez más personas toman nota de este consejo estoico y se esfuerzan por incorporarlo a su vida diaria.

