Inmunización: cómo empezó, cómo avanza y qué hemos logrado en 50 años de programas de vacunación

Doctor administering a vaccine.
Through human ingenuity we can now prevent – and possibly end altogether – some of the world’s most deadly diseases.Image: Unsplash/Mathurin NAPOLY / matnapo
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  • Las vacunas salvan millones de vidas cada año y siguen siendo una de las intervenciones sanitarias más eficaces que podemos llevar a cabo.

  • Este año, la Semana Mundial de la Inmunización celebra 50 años de esfuerzos para garantizar el acceso universal a vacunas que salvan vidas.

  • Iniciativas como la Colaboración para la Fabricación Regionalizada de Vacunas del Foro Económico Mundial son fundamentales para combatir la desigualdad en el acceso a las vacunas y prevenir futuras pandemias.

La inmunización es una de las intervenciones sanitarias más eficaces que podemos llevar a cabo.

Cada año, los programas de vacunación salvan millones de vidas. Han contribuido a erradicar enfermedades como la viruela, un virus mortal que ha causado cientos de millones de muertes. Fueron clave para revertir el curso de las infecciones durante la pandemia de COVID-19. Y, día a día, protegen a bebés y niños vulnerables de enfermedades como el sarampión, la meningitis y la tuberculosis.

Los beneficios también van más allá de la salud individual. Al prevenir la propagación de enfermedades infecciosas, las vacunas reducen la carga para los sistemas sanitarios, disminuyen los costos de atención médica y aumentan la productividad al evitar el absentismo relacionado con las enfermedades. Además, la inmunización contribuye al desarrollo socioeconómico al preservar el capital humano y promover la estabilidad económica, especialmente en entornos con recursos limitados, donde los brotes de enfermedades pueden tener consecuencias devastadoras.

Han pasado 50 años desde el lanzamiento del Programa Ampliado de Inmunización (PAI) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una iniciativa para garantizar el acceso universal a vacunas que salvan vidas para los niños de todo el mundo, y la Semana Mundial de la Inmunización de este año reconocerá los esfuerzos colectivos que lo hicieron posible.

Mucho ha cambiado desde que se puso en marcha el PAI en 1974. Hoy, todos los países cuentan con un programa nacional de inmunización y muchas enfermedades son mucho menos frecuentes y mortales que antes. Sin embargo, en los últimos años los avances en inmunización se han ralentizado. Millones de niños no reciben vacunas que salvan vidas debido al aumento de los conflictos, las crisis económicas y la reticencia a vacunarse.

Por eso, este es un momento oportuno para revisar lo que hemos logrado en los últimos 50 años y qué más podemos hacer para garantizar que nadie muera de enfermedades prevenibles mediante vacunación.

La erradicación de la viruela y la casi erradicación de la polio

La OMS describe la erradicación de la viruela como un «triunfo monumental en la historia de la inmunización», y con razón. La disminución de las muertes por viruela durante el siglo XX es extraordinaria. Se calcula que, entre 1900 y su erradicación en 1980, la enfermedad causó la muerte de más de 300 millones de personas.

La vacuna contra el virus variola, altamente contagioso y causante de la enfermedad, se descubrió en 1796. En las décadas siguientes, varios países introdujeron políticas de vacunación obligatoria. Aunque, a comienzos del siglo XX, la enfermedad seguía siendo endémica en muchos países, cuando la OMS puso en marcha su Programa Intensificado de Erradicación de la Viruela en 1966, ya casi había sido eliminada en Europa, América del Norte y Australia. Los programas coordinados contribuyeron a extinguir por completo las infecciones para 1980.

La viruela es la primera enfermedad erradicada gracias a los esfuerzos humanos.Image: Our World in Data

Ahora estamos a punto de erradicar la polio, cuya primera vacuna se desarrolló en 1955. Gracias a los programas de vacunación masiva en países como India y Pakistán, los casos de polio salvaje han disminuido un 99 %desde 1988, cuando la Asamblea Mundial de la Salud aprobó una resolución para acabar con la enfermedad.

Nuevas vacunas contra el VPH, la malaria y la meningitis

Al principio, el PAI se centraba en seis enfermedades infantiles. La lista se ha ampliado y ahora incluye 13 vacunas recomendadas universalmente y otras 17, según el contexto.

La lista de enfermedades prevenibles mediante vacunación sigue creciendo, y la malaria es una incorporación reciente destacada. Tras los ensayos exitosos realizados en Ghana, Malawi y Kenia en 2019, la OMS recomendó en 2021 el uso de la primera vacuna contra la malaria. Ahora hay dos vacunas contra la malaria aprobadas cuyo uso recomienda la OMS para prevenirla en zonas endémicas.

Los programas de vacunación han llegado a millones de niños y las muertes por la enfermedad entre los niños pequeños se han reducido un 13 %. Dado que la malaria sigue siendo una de las principales causas de mortalidad infantil, llegar a más personas con estas vacunas que salvan vidas es una prioridad absoluta.

Otro avance crucial en materia de vacunas ha sido el desarrollo de una vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH). Es responsable de la mayoría de los cánceres de cuello uterino, que son el cuarto tipo de cáncer más frecuente entre las mujeres. Las vacunas también protegen contra otros cánceres, incluidos los vaginales y anales.

Unos 125 países han introducido vacunas contra el VPH desde que se autorizaron por primera vez en 2006, y se está trabajando para alentar a otros países a incorporarlas a sus programas de inmunización sistemática.

Este año, Nigeria se convirtió en el primer país del mundo en lanzar una nueva vacuna contra la meningitis, que protege a las personas contra cinco cepas de la bacteria meningococo. Nigeria es uno de los 26 países de África donde la meningitis es hiperendémica y, el año pasado, el número de casos de meningitis en África aumentó a la mitad.

Algunos programas de vacunación se han estancado en los últimos años, lo que ha provocado brotes de enfermedades como el sarampión.Image: Our World in Data

Acabar antes con los brotes

Además de los programas de inmunización infantil, las intervenciones de inmunización masiva y focalizada también han sido fundamentales para frenar las infecciones y muertes causadas por otras enfermedades.

Por ejemplo, ahora es posible controlar los brotes de ébola con mayor rapidez y eficaciamediante estrategias de «vacunación en anillo», que vacunan a las personas con mayor riesgo. La enfermedad es relativamente rara e impredecible, pero también tiene una elevada tasa de mortalidad. Se ha establecido una reserva mundial de vacunas contra el ébola para ayudar a mejorar la respuesta ante un brote.

La pandemia de COVID-19 es otro ejemplo de cómo el rápido desarrollo de vacunas permitió rebajar el nivel de preocupación mundial por el brote al limitar la propagación y la gravedad de la enfermedad.

Qué debemos hacer ahora

Gracias al ingenio humano, ahora podemos prevenir —y posiblemente erradicar por completo— algunas de las enfermedades más mortales del mundo. Sin embargo, sigue siendo un desafío garantizar que estas intervenciones que salvan vidas sean universalmente accesibles.

Iniciativas como la Colaboración para la Fabricación Regionalizada de Vacunas del Foro Económico Mundialson fundamentales para ampliar la producción de vacunas en todo el mundo y evitar las disparidades regionales en su disponibilidad. Si unen fuerzas, los gobiernos, las empresas farmacéuticas y los inversores pueden ayudar a prevenir futuras pandemias y acelerar la innovación en vacunas.

Estas colaboraciones también son esenciales para apoyar el desarrollo y la financiación específica necesarios para crear vacunas contra las enfermedades para las que aún no tenemos protección.

Y, a pesar de las abrumadoras pruebas que respaldan la seguridad y eficacia de las vacunas, persisten la desinformación y las ideas erróneas, que generan dudas y reticencia a vacunarse. Para corregir estas ideas erróneas se necesitan campañas integrales de salud pública que den prioridad a la educación, la transparencia y la creación de confianza. Los profesionales sanitarios, los responsables políticos y los líderes comunitarios desempeñan un papel crucial al desmentir mitos, proporcionar información precisa y fomentar la confianza de la población en las vacunas.

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