La capacidad de controlar las enfermedades infecciosas es la base de la medicina moderna, y las vacunas son herramientas importantes para mantenerlas a raya. Pero las vacunas también pueden limitar la propagación de cepas resistentes a los medicamentos al reducir el uso de antibióticos.
GINEBRA – Tanto si vives por debajo del umbral de pobreza en los barrios marginales de Karachi como si trabajas como banquero en Wall Street, las «superbacterias» resistentes a los medicamentos figuran entre las amenazas más graves para tu salud. Aunque el problema está extendido por todas partes, no estamos completamente indefensos. Al contrario, en la carrera por prevenir la resistencia a los antimicrobianos (RAM), el mundo cuenta con una herramienta poderosa, aunque infrautilizada: las vacunas.
Una epidemia que actualmente azota Pakistán ilustra el potencial de las vacunas. Desde hace dos años, los profesionales de la salud intentan contener un brote de fiebre tifoidea extremadamente resistente a los medicamentos (XDR). Incluso se han notificado casos entre viajeros que regresaban a Estados Unidos y al Reino Unido tras visitar Pakistán. Por desgracia, diagnosticar la fiebre tifoidea XDR es difícil, y los médicos suelen recetar antibióticos que no son eficaces. Esto, a su vez, prolonga la duración y la gravedad de la enfermedad y puede provocar la muerte.
Pero ¿y si los médicos de Pakistán pudieran prevenir la fiebre tifoidea desde el principio? Creemos que pueden. Gavi, la Alianza para las Vacunas, está ayudando a distribuir una nueva vacuna y, si la campaña de inmunización tiene éxito, con el tiempo permitirá reducir el uso innecesario de antibióticos, que es el principal factor que impulsa el surgimiento y la propagación de superbacterias mortales por todo el mundo.
Cada año, alrededor de 700 000 personas mueren en todo el mundo a causa de infecciones resistentes a los medicamentos. Pero las superbacterias también amenazan la eficacia de la medicina moderna: si no se actúa, la RAM podría hacer que más infecciones fueran intratables, que las terapias contra el cáncer dejaran de ser eficaces, que las cirugías rutinarias se volvieran imposibles e incluso que el parto dejara de ser seguro.
Ya sabemos que las vacunas ayudan a reducir el riesgo de RAM. Por ejemplo, la inmunización contra infecciones bacterianas del cerebro y los pulmones —como las enfermedades neumocócicas infantiles y la Haemophilus influenzae tipo b, o Hib— ha reducido drásticamente la carga de morbilidad en Estados Unidos y en todo el mundo, disminuyendo así la necesidad de antibióticos. Y, lo que es más importante, aunque las superbacterias desarrollan resistencia a los medicamentos, no se vuelven resistentes a las vacunas.
Sin embargo, pese a la eficacia de las vacunas en la lucha contra la RAM, no las estamos aprovechando plenamente. Por ejemplo, la cobertura mundial de la vacuna contra la Hib es del 72 %, pero solo alrededor del 44 % de los niños del mundo recibe el esquema completo de la vacuna antineumocócica. La vacunación universal con la vacuna antineumocócica, por sí sola, permitiría reducir, según las estimaciones, 11,4 millones de días de tratamiento con antibióticos en niños menores de cinco años.
En pocas palabras, urge aumentar la cobertura de las vacunas que ya están disponibles —incluida la vacuna contra la fiebre tifoidea— y desarrollar otras nuevas. En el caso de las vacunas existentes, la máxima prioridad debe ser garantizar el acceso universal, lo que requerirá una gran ampliación de la coordinación internacional. Un nuevo informe encargado por Wellcome destaca muchas otras oportunidades para que las vacunas tengan un impacto positivo en la salud mundial y en la lucha contra la RAM.
La Organización Mundial de la Salud ha creado una lista de patógenos mortales que requieren nuevos antibióticos, encabezada por los que causan salmonelosis, gonorrea y shigelosis. Pero también se necesitan vacunas para prevenir estas enfermedades desde el principio. Para lograr ese objetivo —y frenar la RAM en el proceso— es necesario invertir mucho más dinero en la investigación y el desarrollo de vacunas. Si aumentamos las inversiones ahora, habrá nuevas vacunas disponibles para ayudar a los profesionales de la salud a adelantarse a las superbacterias.
En las próximas décadas, los cambios demográficos, el cambio climático y la migración humana agravarán la RAM al facilitar la propagación de patógenos. De hecho, si no se frena o revierte la tendencia actual, para 2050 unos diez millones de personas podrían morir cada año a causa de enfermedades resistentes a los medicamentos, lo que costaría a la economía mundial 100 billones de dólares. No hay tiempo que perder para llevar nuevas vacunas al mercado.
Aunque es necesario hacer más para reforzar las líneas de investigación y desarrollo de nuevas herramientas de diagnóstico y antibióticos para tratar infecciones resistentes a los medicamentos, hay que dedicar la misma atención al descubrimiento, el desarrollo y la adopción de vacunas.
Wellcome coorganiza un evento en Accra los días 19 y 20 de noviembre para movilizar la acción mundial contra la RAM. El evento «llamamiento a la acción» —organizado en colaboración con los gobiernos de Ghana, Tailandia y el Reino Unido, así como con la Fundación de las Naciones Unidas y el Banco Mundial— busca convertir los compromisos de gestión de enfermedades en soluciones viables contra la RAM.
Cuando los profesionales de la salud cuentan con las herramientas adecuadas para combatir la RAM, se salvan millones de vidas en todo el mundo. Y cuando se administran ampliamente vacunas eficaces, las superbacterias dejan de ser tan temibles.

