Un experto destaca que es poco probable contraer la gripe al tocar superficies: respuestas a sus preguntas

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  • Todos los virus respiratorios, desde la gripe hasta la COVID-19, se transmiten casi exclusivamente por el aire, no a través de las superficies, afirma un profesor de microbiología.

  • Esto ocurre principalmente en interiores, así que necesitamos un agente viricida seguro que pueda utilizarse en espacios ocupados, afirma.

  • Pero hay otras enfermedades bacterianas y virales que podemos contraer a través de las superficies, por lo que debemos procurar lavarnos las manos con regularidad.

En las primeras etapas de la pandemia, creíamos que el coronavirus estaba por todas partes: pegado a las pantallas de nuestros teléfonos, untado en nuestro correo, colgando de los pomos de las puertas e incluso adherido a nuestras cajas de cereales. Pero no era así.

Pese a las recomendaciones de salud pública que sugerían desinfectar las superficies para frenar la propagación de la COVID-19, el virus no se transmitía de forma significativa a través de superficies y objetos inanimados, lo que los microbiólogos llaman «fómites». Como ocurre con todos los virus respiratorios, desde la gripe hasta el resfriado común, la transmisión era y sigue siendo casi exclusivamente aérea.

Goldman, profesor de microbiología en la Facultad de Medicina de Rutgers New Jersey, fue uno de los primeros científicos en cuestionar las ideas convencionales al advertir que el teatro de la higiene —la desinfección excesiva de superficies— se había «vuelto contraproducente» para la salud pública. En abril de 2021, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) le dieron la razón.

Goldman vuelve a dar la voz de alarma sobre los virus. Su trabajo reciente profundiza en las deficiencias de las pruebas de laboratorio y defiende una vía hacia el fin de la pandemia basada en la ciencia. En diciembre, presentará sus hallazgos en una conferencia sobre enfermedades respiratorias en Nueva York.

A continuación, responde preguntas sobre los fómites y por qué todavía debemos lavarnos las manos:

P - En su artículo más reciente, sostiene que, aunque las mascarillas y la vacunación pueden ayudar a reducir la propagación de la COVID-19, se está pasando por alto una vía más eficaz para salir de esta pandemia. ¿Cuál es?

R - Los virus respiratorios, como los de la COVID-19 y la gripe, se propagan principalmente en interiores, así que necesitamos un agente viricida seguro que pueda aplicarse de antemano en espacios ocupados. Resulta que ya contamos con uno.

El trietilenglicol (TEG) es un desinfectante del aire que ha demostrado ser seguro para que las personas lo respiren en bajas concentraciones. También se ha comprobado que elimina virus de las superficies y del aire en esas mismas bajas concentraciones. A la luz de la evidencia científica, los organismos reguladores deberían agilizar la aprobación de tratamientos del aire a base de TEG.

P - ¿Por qué cree que esto se ha pasado por alto?

R - El establishment científico es muy, muy cauto. A veces eso es bueno. Los funcionarios de salud pública no quieren emitir una recomendación que pueda perjudicar a la gente. Pero también deberían sopesar los costos y beneficios de las recomendaciones. En el caso de los fómites y la COVID-19, los funcionarios se equivocaron por completo. En parte, se debió a que nadie examinó críticamente la base científica en la que se apoyaban esas recomendaciones. Sospecho que con el TEG intervienen dinámicas similares.

P - Durante décadas, la comunidad científica consideró que los fómites eran vehículos importantes para la transmisión de virus respiratorios. ¿En qué se basaba esta evaluación errónea?

R - Se basaba casi por completo en experimentos de laboratorio anteriores que evaluaban la supervivencia de partículas de virus respiratorios en las superficies. El problema de esos experimentos era que, en casi todos los casos, se utilizaba una cantidad de virus muy superior a la que se encontraría en la vida real. Los virus mueren en el entorno y lo hacen con una semivida predecible: el tiempo que tarda en disiparse la mitad de la carga viral total. Por tanto, si se empieza con una cantidad muy grande de virus, deben transcurrir más semividas antes de llegar al punto en que ya no quede ningún virus viable.

El otro problema era que algunos de estos experimentos no analizaban la capacidad de infectar como tal, sino la presencia de material genético, concretamente ARN. El inconveniente es que el ARN sobrevive bien en los fómites, aunque no pueda infectar. Es más bien como el cadáver del virus.

P - Tiene un artículo en la revista Applied and Environmental Microbiology que examina con aún más detalle estas deficiencias de las pruebas. ¿Qué descubrió?

R - Resulta que es aún peor de lo que pensaba al principio. Los experimentos de mi laboratorio muestran que los virus con envoltura, que tienen una capa exterior de membrana que protege su material genético, resisten mejor la degradación cuando la concentración de virus es más alta. Es como formar un círculo defensivo: se agrupan y protegen a los que quedan en el interior.

El SARS-CoV-2 es un virus con envoltura. Por tanto, los experimentos que medían la supervivencia de la COVID-19 en superficies no solo eran engañosos por la cantidad irreal de virus utilizada, sino también porque una mayor presencia del virus prolongaba las semividas.

P - ¿Y qué hay de la gripe? Ahora que se acerca la temporada de gripe, ¿podemos dejar de lavarnos las manos?

R - Lo que descubrimos durante la pandemia de COVID-19 es que la gripe también se transmite por el aire. Durante el primer año de la COVID-19, cuando todo el mundo llevaba mascarilla, la tasa de infección por gripe se redujo casi a cero. Si la gripe se transmitiera por fómites, eso no habría ocurrido.

Por supuesto, los virus respiratorios no son los únicos agentes nocivos que existen. Hay otras enfermedades bacterianas y virales que se pueden contraer a través de las superficies. Nuestras madres nos enseñaron que, si vamos a preparar comida, debemos lavarnos las manos. Después de ir al baño, debemos lavarnos las manos. Y si tocamos algo sucio, debemos lavarnos las manos. No necesitábamos que la COVID-19 nos enseñara eso. Así que la respuesta a su pregunta es: «No, no debemos dejar de lavarnos las manos».

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