El Banco Mundial pide avanzar hacia la cobertura sanitaria universal (CSU).
El informe de seguimiento de la CSU de 2021 de la OMS muestra que, incluso antes de la COVID-19, el mundo no iba por buen camino para reducir las dificultades económicas causadas por pagar de su bolsillo la atención sanitaria.
La OMS estima que alrededor de 115.000 trabajadores sanitarios y asistenciales murieron entre enero de 2020 y mayo de 2021.
Casi dos años después del inicio de la pandemia de COVID-19, los avances hacia la cobertura sanitaria universal (CSU) se han estancado o han retrocedido, lo que afecta de forma desproporcionada a quienes se han quedado más rezagados. Es preciso acelerar los avances para mejorar la seguridad sanitaria y la resiliencia ante las crisis, y garantizar que todas las personas tengan acceso a una atención sanitaria de alta calidad. Pedimos avanzar en tres áreas prioritarias: atención primaria de salud, financiación sostenible y fortalecimiento del personal sanitario.
La COVID-19 ha puesto de relieve las consecuencias de años de insuficiente inversión en los sistemas de salud. El Informe de seguimiento de la CSU de 2021 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial destaca los lentos avances en la mejora de la cobertura y los continuos retos que afrontan los sistemas de salud para ofrecer protección financiera. Las lecciones que empiezan a extraerse de la pandemia indican que se interrumpió el acceso a servicios esenciales ajenos a la COVID-19, aumentó la vulnerabilidad ante el empobrecimiento provocado por los gastos de bolsillo en atención sanitaria y se ampliaron las desigualdades.
Esfuerzos para fortalecer la resiliencia de los sistemas de salud
La OMS ha publicado un documento de posición sobre cómo desarrollar la resiliencia de los sistemas de salud para avanzar hacia la CSU y la seguridad sanitaria durante la COVID-19 y después. Desde la crisis financiera de 2008, la OCDE ha ayudado a los gobiernos a considerar la resiliencia como un desafío que abarca múltiples sistemas y requiere políticas para prepararse ante perturbaciones de gran impacto y recuperarse de ellas. El Banco Mundial trabaja para llevar a la práctica el concepto de resiliencia mediante apoyo e inversión. UHC2030, la plataforma multisectorial compartida para la CSU que nuestras organizaciones codirigen, está movilizando actividades de promoción y acción sobre los sistemas de salud en favor de la CSU y la seguridad sanitaria.
Una atención primaria y comunitaria sólida es esencial para que los sistemas de salud resistan las crisis sanitarias, reduzcan las desigualdades en salud y mejoren el bienestar
Como hemos reiterado en trabajos anteriores, la atención primaria de salud (APS) es el motor de la CSU. El informe del Banco Mundial de 2021, Reimaginar la APS después de la COVID-19 muestra que, tanto durante las crisis como en tiempos normales, una APS sólida salva vidas y dinero, y hace que los sistemas de salud funcionen mejor para todas las personas. En las emergencias sanitarias, la APS desempeña un papel importante en la vigilancia, las pruebas y el rastreo de contactos, así como en evitar que los hospitales se vean desbordados por pacientes en estado crítico. El informe de la OCDE de 2019, Hacer realidad el potencial de la APS, mostró que los sistemas sólidos de APS son clave para prestar de forma eficiente servicios de salud esenciales, incluidas las vacunaciones.
Pasar por alto el papel central de la atención primaria ralentizó la eficacia de la respuesta a la pandemia y provocó interrupciones de la atención habitual en muchos países, lo que puso en peligro los avances logrados en los últimos años. En promedio, los países informaron que en 2020 se había interrumpido la mitad de los servicios esenciales y que, a principios de 2021, seguía interrumpido un tercio. Los servicios de primera línea siguen siendo débiles y, sin embargo, se destina menos de uno de cada seis dólares a la atención primaria de salud, incluso en los países de ingresos altos.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para combatir las pandemias?
Los avances en innovación digital ofrecen nuevas oportunidades para mantener los servicios y mejorar la vigilancia. Los sistemas de APS deben alcanzar nuevos niveles de desempeño mediante cuatro cambios estratégicos:
1. De servicios de APS de baja calidad a una atención de alta calidad para todos
2. De la fragmentación de los servicios de salud a una integración centrada en las personas
3. De la inequidad a la equidad y la rendición de cuentas
4. De la fragilidad a la resiliencia.
Movilizar recursos para la preparación y la CSU, y obtener una buena relación calidad-precio
El informe de seguimiento de la CSU de 2021 muestra que, incluso antes de la COVID-19, el mundo no iba por buen camino para reducir las dificultades económicas causadas por pagar de su bolsillo la atención sanitaria. Un reciente documento del Banco Mundial sobre financiación de la salud concluyó que muchos países en desarrollo no recuperarán los niveles económicos previos a la pandemia antes de 2026, lo que pone en riesgo la financiación sanitaria cuando los países aún deben responder a la pandemia, invertir en preparación y garantizar el acceso a los servicios de salud esenciales sin dificultades económicas. Esto exige mantener y orientar el apoyo externo a los países que más lo necesitan. La OCDE ha calculado que incluso los países de ingresos altos necesitan una inversión anual del 1,5% del PIB para que sus sistemas de salud tengan suficiente resiliencia ante otra gran amenaza sanitaria de la magnitud de la COVID-19.
Aumentar los impuestos sobre el tabaco, el alcohol y las bebidas azucaradas ofrece oportunidades para mejorar la salud a medio y largo plazo, y, a corto plazo, para incrementar los ingresos públicos y, por tanto, el margen fiscal destinado a gastos esenciales.
Se necesitan más reformas. La COVID-19 exige acelerar las reformas de la gestión de las finanzas públicas (GFP). Los países con sistemas financieros más flexibles y sujetos a rendición de cuentas pudieron asignar y hacer un seguimiento de los fondos para la respuesta con mayor eficacia. La reciente reunión de la Colaboración de Montreux celebrada en noviembre de 2021 por la OMS junto con socios clave ofreció valiosas perspectivas sobre posibles vías para acelerar las reformas de la GFP.
Necesidades de personal sanitario
La COVID-19 ha demostrado la urgente necesidad de contar con más trabajadores sanitarios. La OMS ha estimado que antes de la pandemia faltaban 18 millones de trabajadores sanitarios en todo el mundo, en particular en África y Asia Sudoriental. Durante la pandemia, el 66% de los países informó que la falta de personal era la causa de las interrupciones de los servicios. Incluso en los países de ingresos altos, la falta de personal sanitario y de atención a largo plazo ha resultado ser una limitación más determinante que la disponibilidad de camas y equipos hospitalarios.
Entre el 40% y dos tercios de los trabajadores sanitarios encuestados en varios países informaron de problemas de salud mental durante la pandemia (OCDE, Panorama de la salud). La OMS estimó que alrededor de 115.000 trabajadores sanitarios y asistenciales murieron entre enero de 2020 y mayo de 2021.
Aunque no hay soluciones rápidas, es necesario introducir cambios en la formación, el despliegue, la gestión, la evaluación y la remuneración de los trabajadores sanitarios. La educación médica debe renovarse para centrarse en una atención colaborativa e integrada basada en equipos, también en la APS. Las tecnologías digitales pueden ayudar en la toma de decisiones, el trabajo en equipo, la redistribución de tareas y la participación de los pacientes.
A medida que se acerca 2030 y, sin que se vislumbre el fin de la pandemia, todos debemos mantenernos unidos para fortalecer los sistemas de salud, responder eficazmente a las emergencias y avanzar hacia la CSU, sin dejar a nadie atrás.

