El gobierno del Reino Unido se ha convertido en el primer país del mundo en iniciar el despliegue de la vacuna contra la COVID-19 de Oxford-AstraZeneca.
Michael Head, experto en salud global de la Universidad de Southampton, explica cómo funciona y qué significa para el mundo.
Este artículo se publicó por primera vez en The Conversation el 30 de diciembre.
El Reino Unido se ha convertido en el primer país en autorizar la vacuna de Oxford-AstraZeneca contra la COVID-19 para uso público, con el inicio de su despliegue en la primera semana de 2021. Esta vacuna es la segunda autorizada en el Reino Unido, tras la vacuna de Pfizer.
El gobierno británico ha encargado 100 millones de dosis de la vacuna de Oxford, suficientes para vacunar a 50 millones de personas. Otros países estarán muy atentos: Australia ha encargado más de 50 millones de dosis, Canadá 20 millones, y en todo el mundo más de 2.500 millones de dosis ya han sido reservadas. AstraZeneca espera poder suministrar grandes cantidades de dosis durante el primer trimestre de 2021.
Cabe destacar que los británicos recibirán dos dosis completas de la vacuna, que en los ensayos evitó que las personas enfermaran de COVID-19 el 62 % de las veces. Esto ocurre a pesar de que los primeros ensayos sugerían que una estrategia alternativa de dosificación —administrar media dosis seguida de una dosis completa— podría ser mucho más eficaz, al prevenir la enfermedad con una eficacia del 90 %.
¿Cuál es la importancia de que la vacuna de Oxford ya esté disponible? The Conversation preguntó a Michael Head, experto en salud global de la Universidad de Southampton, sobre algunas cuestiones clave acerca de por qué es importante su autorización.
¿Por qué se necesita esta vacuna?
La Navidad menos alegre de la memoria reciente ha tenido al menos el consuelo de contar con una vacuna muy eficaz —la de Pfizer— disponible y autorizada para su uso en el Reino Unido. Pero, pese a la brillantez de esta «bala mágica», existen factores limitantes, sobre todo en lo relativo a la escala de producción necesaria para satisfacer la demanda.
La demanda de la vacuna de Pfizer por parte de varios países es similar a una hora de máxima intensidad en la que el supermercado local acaba de liberar nuevas franjas horarias de entrega durante el confinamiento, y uno se apresura a reservar el pedido antes de que lo noten los vecinos. Todo el mundo quiere adelantarse para asegurarse la entrega de ese último paquete de papel higiénico o, en este caso, del próximo lote de vacunas.
Las difíciles tareas logísticas de almacenamiento y transporte de la vacuna de Pfizer a temperaturas ultrabajas también limitan la velocidad del despliegue nacional de la vacunación.
Por eso necesitamos varios candidatos a vacuna para acercarnos siquiera a satisfacer la demanda, y los necesitamos con urgencia. Disponer de la vacuna de Oxford podría ser muy útil para acelerar la cobertura, sobre todo porque en el Reino Unido la prioridad ha cambiado a administrar una primera dosis al mayor número posible de personas.
Sin embargo, todavía existen lagunas en nuestro conocimiento, por ejemplo en lo que respecta a la eficacia de esta vacuna en personas mayores, y también sobre si dejar un intervalo más largo entre las dosis aumenta la eficacia global, como se ha sugerido.
¿En qué se diferencia esta vacuna?
Las tres vacunas líderes transportan una parte del material genético del coronavirus al interior de las células del organismo, lo que hace que estas produzcan copias de una parte del virus —la proteína de espiga —contra la que el organismo puede desarrollar una respuesta inmunitaria. La vacuna de Oxford realiza este transporte mediante un vector de adenovirus, mientras que las vacunas de Pfizer y Moderna utilizan una plataforma de ARNm.
Los datos publicados anteriormente indicaban una eficacia global del 62 % si se administran dos dosis de la vacuna de Oxford, cifra inferior al 94 % de la vacuna de Moderna y al 95 % de la de Pfizer. Sin embargo, se pensaba que administrar primero una dosis pequeña y después una segunda dosis completa podría ser más eficaz. Con esta estrategia de dosificación, los datos limitados del ensayo de fase 3 indicaban una eficacia de alrededor del 90 % en poblaciones más jóvenes.
No obstante, la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios del Reino Unido ha declarado que los resultados de este régimen de media dosis seguida de dosis completa «no se confirmaron en el análisis completo» cuando realizó su revisión, por lo que será necesario seguir investigando este régimen.
Pero la Comisión de Medicamentos Humanos del Reino Unido está ahora sugiriendo que una dosis proporciona un 70 % de protección tras 21 días, y que una segunda dosis podría aumentar la eficacia hasta cerca del 80 %, aunque la segunda dosis debe administrarse 12 semanas después de la primera. Sin embargo, los datos que lo demuestran aún no se han publicado.
Como se ha documentado, la vacuna de Oxford solo necesita conservarse a una temperatura refrigerada, mientras que la de Pfizer requiere un almacenamiento a -75 °C y la de Moderna debe conservarse a alrededor de -20 °C. Esto facilitaría su gestión y distribución en todos los países, pero especialmente en los de ingresos bajos y medios. En África subsahariana o en el sudeste asiático, el personal sanitario es muy experto en llevar vacunas a poblaciones de difícil acceso, pero simplemente no dispone de la infraestructura necesaria para garantizar que se mantengan temperaturas ultrabajas.
¿Qué significa esto para el mundo?
Con un coste de US$2-3 por dosis, el precio de la vacuna de Oxford es mucho más económico que el de las otras vacunas líderes, lo que la convierte en una opción potencialmente a largo plazo para los gobiernos, cuando el mundo haya superado el punto de gastar lo que sea necesario para controlar el coronavirus. Los pedidos globales de esta vacuna superan con creces a los de las demás.
La vacuna de Oxford se fabrica en Europa y también en grandes cantidades en la India, y forma parte de la iniciativa COVAX —dirigida por Gavi, la Alianza para las Vacunas— por lo que podría ser la primera vacuna desarrollada en Occidente que se distribuya en grandes cantidades en países de ingresos bajos y medios en algún momento de 2021.
Sin embargo, será interesante observar cómo se distribuyen internacionalmente las vacunas desarrolladas por Rusia y China. China ha aportado enormes inversiones en asistencia sanitaria en el continente africano, aunque el equilibrio entre altruismo y oportunismo sigue sin estar claro.
Aunque nos gustaría que este problema de salud pública mundial se tratara únicamente como tal, es muy probable que las vacunas se utilicen como capital para establecer nuevas relaciones políticas o reafirmar las existentes. Algunas vacunas podrían ser preferidas a otras en determinadas partes del mundo debido a la influencia política.
El despliegue mundial de las vacunas será enormemente complejo, y una serie de factores inevitablemente influirán en el alcance de su éxito. Para conocer el impacto de la vacuna de Oxford, tendremos que esperar y ver. Sin embargo, en medio del intenso pesimismo de 2020, disponer de múltiples candidatos a vacuna eficaces es una buena señal para 2021.
