Alrededor de 50 millones de personas en todo el mundo padecen Alzheimer, según se estima. Y, con el rápido envejecimiento de la población en muchos países, el número de personas afectadas aumenta de forma constante.
Sabemos que el Alzheimer se debe a problemas en el cerebro. Las células empiezan a perder sus funciones y, finalmente, mueren, lo que provoca pérdida de memoria, deterioro de las capacidades cognitivas e incluso cambios importantes de personalidad. También se encogen regiones específicas del cerebro, un proceso conocido como atrofia, que causa una pérdida significativa de volumen cerebral. Pero ¿qué ocurre realmente en el cerebro para que esto suceda?
La enfermedad actúa principalmente al alterar la comunicación entre las neuronas, las células especializadas que procesan y transmiten señales eléctricas y químicas entre las distintas regiones del cerebro. Esto es lo que provoca la muerte celular en el cerebro, y creemos que se debe a la acumulación de dos tipos de proteínas llamadas amiloide y tau. La interacción exacta entre estas dos proteínas se desconoce en gran medida, pero el amiloide se acumula en grupos pegajosos conocidos como «placas» de beta-amiloide, mientras que la tau se acumula dentro de las células moribundas en forma de «ovillos neurofibrilares».
Una de las dificultades para diagnosticar el Alzheimer es que no contamos con una forma fiable y precisa de medir esta acumulación de proteínas durante las primeras fases de la enfermedad. De hecho, no podemos diagnosticar el Alzheimer de manera definitiva hasta que el paciente ha fallecido, mediante el examen de su tejido cerebral.
Otro problema es que las placas de beta-amiloide también pueden encontrarse en los cerebros de pacientes sanos. Esto sugiere que la presencia de las proteínas amiloide y tau quizá no cuente toda la historia de la enfermedad.
Investigaciones más recientes sugieren que la inflamación crónica podría desempeñar un papel. La inflamación forma parte del sistema de defensa del organismo contra las enfermedades y se produce cuando los glóbulos blancos liberan sustancias químicas para protegerlo de agentes extraños. Sin embargo, si se prolonga lo suficiente, también puede causar daños.
En el cerebro, la inflamación prolongada que daña los tejidos también puede deberse a la acumulación de células conocidas como microglía. En un cerebro sano, estas células engullen y destruyen los desechos y las toxinas. Pero, en las personas con Alzheimer, la microglía no logra eliminar esos residuos, que pueden incluir ovillos tóxicos de tau o placas de amiloide. Entonces, el organismo activa más microglía para tratar de eliminar los residuos, pero esto, a su vez, causa inflamación. La inflamación prolongada o crónica es especialmente dañina para las células cerebrales y, en última instancia, provoca la muerte de las células cerebrales.
Recientemente, los científicos identificaron un gen llamado TREM2 que podría ser responsable de este problema. Normalmente, TREM2 guía a la microglía para que elimine del cerebro las placas de beta-amiloide y ayuda a combatir la inflamación cerebral. Sin embargo, los investigadores han descubierto que en los cerebros de pacientes cuyo gen TREM2 no funciona correctamente se acumulan placas de beta-amiloide entre las neuronas.
Muchas personas con Alzheimer también sufren problemas cardíacos y del sistema circulatorio. Los depósitos de beta-amiloide en las arterias cerebrales, la aterosclerosis (endurecimiento de las arterias) y los pequeños accidentes cerebrovasculares también podrían influir.
Estos problemas «vasculares» pueden reducir aún más el flujo sanguíneo en el cerebro y deteriorar la barrera hematoencefálica, una estructura fundamental para eliminar los desechos tóxicos del cerebro. También pueden impedir que el cerebro absorba tanta glucosa; algunos estudios han sugerido que esto podría ocurrir incluso antes de que aparezcan en el cerebro las proteínas tóxicas asociadas con la enfermedad de Alzheimer.
Tratamiento personalizado
Más recientemente, los investigadores han estudiado el cerebro con mayor profundidad, en particular las conexiones precisas entre las neuronas, conocidas como sinapsis. Un estudio reciente publicado en Nature describe un proceso celular que podría contribuir al deterioro de estas comunicaciones sinápticas entre neuronas. Los resultados indican que esto podría ocurrir cuando no hay suficiente cantidad de una proteína sináptica específica (conocida como RBFOX1).
Gracias a este tipo de investigaciones, actualmente se están desarrollando muchos fármacos nuevos y realizando ensayos clínicos que podrían actuar sobre uno o varios de los numerosos cambios que se producen en todo el cerebro con la enfermedad de Alzheimer. Muchos investigadores creen ahora que el futuro está en un enfoque más personalizado para las personas con Alzheimer.
Esto implicaría combinar fármacos adaptados para actuar sobre varios de los problemas mencionados, como los tratamientos actuales disponibles para el cáncer. Se espera que esta innovadora investigación impulse y abra camino a una nueva forma de tratar esta compleja enfermedad.

