Este antipalúdico existente podría proteger a los bebés del virus del Zika

Research scientist Dan Galperin works on Purified Recombinant Zika Enveloped Protein at his laboratory where they are working on developing a vaccine for the Zika virus based on production of recombinant variations of the E protein from the Zika virus at the Protein Sciences Inc. headquarters in Meriden, Connecticut, U.S., June 20, 2016. Picture taken June 20, 2016. REUTERS/Mike Segar - RTSQMJW
Hydroxychloroquine could diminish the risks of Zika infection and disease in developing fetuses says Indira Mysorekar.Image: REUTERS/Mike Segar
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Los investigadores han descubierto cómo el virus del Zika infecta a los fetos al atravesar la barrera del organismo contra las infecciones. Demuestran que un antipalúdico existente puede proteger al feto de la infección al bloquear este proceso.

El medicamento ya está aprobado para su uso en embarazadas con otros fines médicos.

La infección por el virus del Zika puede tener consecuencias devastadoras en el útero, donde el virus puede causar daño cerebral y, en ocasiones, la muerte.

«Descubrimos que el antipalúdico hidroxicloroquina bloquea eficazmente la transmisión del virus al feto», afirma la autora principal, Indira Mysorekar, profesora asociada de obstetricia y ginecología, y de patología e inmunología, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis.

«Este medicamento ya se usa en embarazadas para tratar la malaria, y proponemos que se evalúe en primates y mujeres para reducir los riesgos de infección por el Zika y de enfermedad en los fetos en desarrollo», afirma.

Image: Healthmap

«Artes marciales microbianas»

A finales de 2015, los médicos de Brasil empezaron a observar un aumento repentino del número de bebés nacidos con microcefalia, es decir, con la cabeza inusualmente pequeña, un indicador de daño neurológico. Pronto se relacionó la epidemia con el virus del Zika, transmitido por mosquitos, que se estaba propagando por las zonas tropicales de América. Los médicos aconsejaron a las embarazadas que evitaran las picaduras de mosquitos usando repelente y ropa de manga larga, pero tenían pocos consejos más que ofrecer.

Entonces, como ahora, no había medicamentos ni vacunas aprobados para su uso en embarazadas que las protegieran a ellas o a sus fetos de la infección por el Zika.

«Recomendamos actuar con cautela, pero aun así creemos que nuestro estudio abre nuevas vías para intervenciones terapéuticas viables…»

El feto en desarrollo es especialmente vulnerable al daño causado por las infecciones, por lo que el organismo activa sólidas defensas para impedir que los microbios lleguen siquiera hasta él. La placenta es la última línea de defensa.

Mysorekar y otros investigadores han demostrado que un proceso conocido como autofagia —la vía celular de eliminación de residuos, mediante la cual las células descomponen desechos, orgánulos no deseados y microbios invasores— es una parte importante de la formidable barrera placentaria contra las infecciones. Sin embargo, estudios anteriores de Mysorekar y otros investigadores han demostrado que el Zika no solo puede invadir la placenta, sino también multiplicarse en ella.

Para averiguar más sobre cómo el Zika atraviesa la placenta, Mysorekar, el investigador posdoctoral Bin Cao y sus colegas infectaron células placentarias humanas con el virus del Zika. Descubrieron que la exposición al virus activaba genes relacionados con la autofagia.

Sin embargo, cuando los investigadores trataron las células con medicamentos para intensificar la vía de la autofagia, aumentó el número de células infectadas por el virus del Zika. Los medicamentos que suprimían la autofagia redujeron el número de células placentarias infectadas por el virus.

En otras palabras, el virus se multiplicó y propagó con mayor eficacia cuando los investigadores intensificaron la respuesta de la barrera, y actuó con más lentitud cuando la redujeron. El virus parecía practicar una forma de artes marciales microbianas, volviendo las armas del organismo en su propio beneficio.

Mysorekar y sus colegas confirmaron estos hallazgos con ratones cuya respuesta autofágica estaba debilitada por los bajos niveles de una proteína clave para la autofagia. Infectaron con Zika a dos grupos de ratonas embarazadas: en uno, el proceso de autofagia estaba interrumpido y, en el otro, funcionaba con normalidad.

Cinco días después de la infección, las madres con una respuesta autofágica débil tenían aproximadamente la misma cantidad de virus en el torrente sanguíneo que los ratones con una respuesta normal. Sin embargo, en los ratones con una respuesta autofágica débil, los investigadores encontraron diez veces menos virus en la placenta y en las cabezas de los fetos, además de menos daño en las placentas.

Contraataque

«Al parecer, el virus del Zika aprovecha el proceso de autofagia en la placenta para favorecer su supervivencia e infectar las células placentarias», afirma Cao.

Como la hidroxicloroquina suprime la respuesta autofágica, los investigadores se preguntaron si también podría proteger a los fetos del Zika.

Para averiguarlo, repitieron el experimento con ratones usando únicamente animales con una respuesta autofágica normal. Infectaron con Zika a ratonas en el noveno día de gestación y luego les administraron hidroxicloroquina o un placebo cada día durante los cinco días siguientes.

Tras el tratamiento, los investigadores encontraron mucho menos virus en los fetos y las placentas de los ratones que habían recibido hidroxicloroquina. Además, estas placentas presentaban menos daño y los fetos recuperaron un crecimiento normal. Las madres tratadas y las no tratadas tenían aproximadamente la misma cantidad de virus del Zika en el torrente sanguíneo, lo que indica que la hidroxicloroquina pudo proteger a los fetos incluso cuando el virus circulaba por el organismo de la madre.

Aunque la hidroxicloroquina se ha usado sin riesgos en embarazadas durante períodos breves, los investigadores advierten que se necesitan más estudios antes de poder usarla en embarazadas para combatir el Zika. Las embarazadas que viven en zonas donde circula el Zika quizá deban tomar el medicamento durante todo el embarazo, y se desconoce la seguridad de su uso a largo plazo.

«Recomendamos actuar con cautela, pero aun así creemos que nuestro estudio abre nuevas vías para intervenciones terapéuticas viables», afirma Mysorekar, codirectora del Centro de Ciencias de la Salud Reproductiva de la universidad. «Nuestro estudio sugiere que podría estar justificada una intervención terapéutica basada en la autofagia contra el Zika en embarazadas infectadas por el virus».

Esta investigación recibió financiación de una subvención del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver, perteneciente a los Institutos Nacionales de Salud (NIH); de subvenciones del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas; de una subvención de la iniciativa Preventing Prematurity del Burroughs Wellcome Fund; y de un premio de March of Dimes.

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