Según investigadores, cierto entrenamiento cognitivo por computadora podría reducir el riesgo de demencia en los adultos mayores.
En concreto, los investigadores descubrieron que el entrenamiento computarizado de la velocidad de procesamiento, o entrenamiento UFOV, redujo el riesgo de demencia durante el período de 10 años en un 29 % frente a un grupo de control.
El entrenamiento de la velocidad de procesamiento es un programa informático consolidado que busca mejorar la velocidad de procesamiento y la atención visual de los adultos mayores mediante la práctica repetida de tareas relacionadas cuya dificultad va aumentando.
«Al igual que en nuestros otros trabajos, descubrimos que quienes recibieron más entrenamiento también obtuvieron un mayor beneficio protector», afirma la coautora Lesley Ross, profesora asociada de Desarrollo Humano y Estudios sobre la Familia en Penn State.

Sesiones de entrenamiento
El estudio presenta los resultados más recientes del Estudio de Entrenamiento Cognitivo Avanzado para Personas Mayores Independientes y Vitales (ACTIVE), que incorporó a 2.802 adultos mayores sanos en seis centros de Estados Unidos y les hizo seguimiento durante 10 años.
Los participantes fueron asignados al azar a un grupo de control o a uno de tres grupos de intervención que usaban distintos tipos de entrenamiento cognitivo: uno recibía instrucción sobre estrategias de memoria, otro sobre estrategias de razonamiento y un tercero recibía el entrenamiento individualizado y computarizado de la velocidad de procesamiento.
A los participantes de los grupos de entrenamiento cognitivo se les ofrecieron 10 sesiones iniciales, de entre 60 y 75 minutos cada una, durante las primeras seis semanas del estudio.
Al inicio del estudio, después de las primeras seis semanas y al cabo de uno, dos, tres, cinco y 10 años, se evaluaron diversas medidas cognitivas y funcionales de todos los participantes. Algunos integrantes de cada grupo de intervención también recibieron cuatro sesiones adicionales de refuerzo en los meses 11 y 35 del estudio.
Los investigadores no encontraron diferencias significativas en el riesgo de demencia entre los grupos que recibieron entrenamiento de memoria o razonamiento basado en estrategias y el grupo de control. Sin embargo, frente al grupo de control, el grupo que recibió entrenamiento computarizado de velocidad mostró un riesgo significativamente menor, con una reducción del 29 % en el riesgo de demencia.
Al analizar el efecto de cada sesión de entrenamiento computarizado de velocidad completada, los investigadores descubrieron que quienes hicieron más sesiones tenían un menor riesgo de desarrollar demencia.
Entre quienes completaron más sesiones de los tres grupos de intervención, la tasa de incidencia de demencia fue más baja en el grupo de entrenamiento computarizado de velocidad: 5,9 %, frente al 9,7 % y el 10,1 % de los grupos de memoria y razonamiento, respectivamente. El grupo de control, que no realizó ningún entrenamiento, tuvo una tasa de incidencia de demencia del 10,8 %.
Atención más rápida
Los participantes del grupo de entrenamiento computarizado de velocidad practicaron una tarea muy específica diseñada para mejorar la velocidad y la precisión de la atención visual, con ejercicios de atención dividida y selectiva.
Para realizar la tarea de entrenamiento de atención dividida, los participantes identificaban un objeto central —como un camión— mientras localizaban al mismo tiempo un objetivo en la periferia: el automóvil. La velocidad de estos objetos aumentaba a medida que los participantes dominaban cada serie. En las tareas de entrenamiento más difíciles, añadir objetos que distrajeran hacía que la tarea fuera aún más desafiante y, así, ejercitaba la atención selectiva.
Los investigadores señalan que ya se ha demostrado la eficacia del entrenamiento de la velocidad de procesamiento en más de 18 ensayos clínicos con adultos mayores, mediante medidas estándar de las capacidades cognitivas (velocidad de procesamiento y atención), las capacidades funcionales (mantener la capacidad de vivir de manera independiente, síntomas depresivos, sensación de control y calidad de vida relacionada con la salud) y las actividades cotidianas (seguridad al conducir, equilibrio y marcha).
«Este es un programa prometedor de entrenamiento cognitivo respaldado por evidencia. Este estudio y otros demuestran que los efectos de transferencia varían: un programa produce ciertos tipos de mejoras y otro no. Esto pone de relieve la importancia de examinar por separado los programas específicos de entrenamiento cognitivo para determinar cuáles son más prometedores antes de intentar combinarlos con otras intervenciones», afirma Ross.
Los investigadores aún no saben con certeza cuál es el mecanismo subyacente del entrenamiento que reduce el riesgo de demencia.
«Ahora tenemos que descubrir qué hace que algunos tipos de entrenamiento cognitivo computarizado sean eficaces y otros no», afirma Ross.
«También tenemos que investigar cuál es el momento y la dosis óptimos del entrenamiento para reducir el riesgo de demencia y el deterioro del funcionamiento en la vida cotidiana. Este estudio ACTIVE se realizó con una muestra generalmente sana, por lo que es importante recalcar que estos resultados apuntan a retrasar o posiblemente prevenir la demencia, no a tratarla. Sin embargo, hay medidas claras que las personas pueden tomar ahora para reducir su riesgo.»
Los investigadores publican sus resultados en la revista Alzheimer’s & Dementia: Translational Research & Clinical Interventions.
Entre los demás coautores hay investigadores de la University of South Florida, Indiana University y Moderna Therapeutics. La investigación recibió apoyo de subvenciones del National Institute of Nursing Research y el National Institute on Aging, el Indiana Alzheimer Disease Center y el ensayo Cognitive and Aerobic Resilience for the Brain.

