Cambiar el comportamiento y las circunstancias de las personas está resultando más difícil que combatir las enfermedades infecciosas.
Además, los avances en la esperanza de vida y el bienestar seguirán viéndose comprometidos mientras el mundo no encuentre la manera de abordar eficazmente los riesgos conductuales.
Estas son las conclusiones del informe de este año sobre la Carga Mundial de Morbilidad: un estudio de gran envergadura que reúne datos sobre unas 330 enfermedades de 195 países para analizar la salud mundial.
Aunque se han logrado avances importantes en la lucha contra las enfermedades infecciosas y otras causas de muerte prevenibles, como la mortalidad infantil, el progreso es mucho menor frente a las enfermedades causadas, al menos en parte, por el comportamiento humano.
Actualmente, casi tres cuartas partes de las muertes se deben a enfermedades no transmisibles, entre cuyos principales factores contribuyentes figuran la obesidad y la alimentación. La cardiopatía coronaria es la principal causa de muerte prematura en todo el mundo.

La muerte es un poderoso incentivo para abordar las enfermedades que nos han estado matando a tasas elevadas, afirma el Dr. Christopher Murray, director del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, quien dirigió el estudio.
«Pero hemos tenido mucha menos motivación para abordar los problemas que provocan enfermedades», explica, y destaca lo que denomina una «tríada de problemas»: obesidad, conflicto y enfermedad mental.
Primero, las buenas noticias
La buena noticia es que las tasas de mortalidad han disminuido en todo el mundo y en todos los grupos de edad durante las últimas cinco décadas.

Por primera vez, el número estimado de muertes de niños menores de cinco años cayó por debajo de los 5 millones. Es un descenso drástico respecto de 1990, cuando murieron 11 millones de niños menores de cinco años.
Las muertes por enfermedades infecciosas han disminuido en gran medida (con la notable excepción del dengue).
Las infecciones de las vías respiratorias inferiores, la diarrea, los nacimientos prematuros en el período neonatal, el VIH/sida y la malaria disminuyeron al menos un 30 % en apenas una década.
Estas mejoras se deben en gran medida a una mejor educación, la reducción de la pobreza, las vacunaciones, los mosquiteros y la mejora del agua y el saneamiento, y pueden atribuirse a los esfuerzos tanto de las organizaciones de ayuda como de las entidades gubernamentales.
La mala alimentación está vinculada a una de cada cinco muertes
Sin embargo, la alimentación está contrarrestando estos avances: casi una de cada cinco muertes en todo el mundo está asociada a una mala alimentación.
Aunque la obesidad sigue aumentando, la pobreza y la codicia también tienen parte de culpa, señalan los investigadores: no se trata solo de comer en exceso, sino también de no tener suficiente dinero para comprar los alimentos adecuados.
Desde 2006, las muertes por cardiopatía isquémica (coronaria) han aumentado un 19 % en todo el mundo.
La diabetes causó 1,43 millones de muertes en 2016, un aumento del 31,1 % desde 2006.
Además, en la última década, la diabetes pasó del puesto 17 al 9 entre las principales causas de muerte en los países de ingresos bajos y medios.

Un progreso desalentador
La prevalencia mundial de los trastornos de salud mental es otro ámbito en el que no se avanza, lo que a su vez tiene un grave impacto en la salud de las personas y las sociedades.
En 2016, más de mil millones de personas en el mundo vivían con trastornos psicológicos o psiquiátricos y problemas de abuso de sustancias.
Los trastornos depresivos graves se encontraban entre las diez principales causas de mala salud en todos los países del mundo, salvo cuatro.
La salud mental afecta a todos los países, independientemente de su situación socioeconómica.
Y el tratamiento, incluso en los países de ingresos altos, sigue siendo limitado.
Como resultado, la prevalencia de los trastornos más comunes no ha cambiado.
El costo del terror
La última categoría que está deteriorando la salud mundial escapa al control de cada persona: la guerra, los conflictos y los factores ambientales.
El mayor aumento de las muertes por lesiones se debió a los conflictos y al terrorismo, cuyas cifras se duplicaron en la última década.

Los conflictos recientes, como los de Siria, Yemen, Sudán del Sur y Libia, constituyen graves amenazas para la salud pública, tanto por las víctimas que causan como por las consecuencias físicas y mentales a largo plazo.
Estos conflictos también provocan desplazamientos masivos de personas, lo que repercute en su salud.
De cara al futuro, los investigadores quieren profundizar en el tema e intentar cuantificar los efectos del cambio climático en la salud mundial.
El Estudio sobre la Carga Mundial de Morbilidad es el estudio más exhaustivo sobre las enfermedades del mundo y está financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates.

