La resiliencia del modelo de negocio cobrará una nueva urgencia en el mundo laboral posterior a la pandemia.
Para que los cambios incorporen la resiliencia y sean sostenibles, la flexibilidad y un enfoque de estrategia laboral basado en carteras deben estar en su centro.
Necesitamos usar la automatización para crear más trabajo para las personas, no para quitárselo.
A medida que la pandemia de COVID-19 remite y los mercados y las economías reabren, nuestro enfoque de larga data en la eficiencia y el crecimiento en el lugar de trabajo probablemente dará paso a otro centrado en la resiliencia del modelo de negocio. Esto se debe a que hemos visto lo volátil que es el mundo y ahora somos conscientes de las numerosas discontinuidades potenciales que existen.
En lo que respecta a la fuerza laboral y la resiliencia, más concretamente, las empresas tendrán que equilibrar la gran dicotomía entre los empleados que buscan certidumbre y estabilidad y las propias organizaciones, que persiguen la flexibilidad y la agilidad.
En consecuencia, necesitaremos un reinicio sostenible del lugar de trabajo, no uno de corto plazo. Requerirá una nueva cultura y debe estar dominado por dos temas principales: la flexibilidad y un enfoque de estrategia laboral basado en carteras.
El trabajo flexible como estrategia de capital humano
Aunque llevamos más de 50 años hablando del trabajo flexible (que a menudo se traduce como «remoto»), con esta crisis se ha convertido en una necesidad. La flexibilidad es ahora un hecho, aunque siguen existiendo dudas sobre la rapidez con la que volveremos a la normalidad y en qué medida.
Una pregunta que se plantea es: ¿quién debe volver al trabajo presencial? Como las organizaciones operan a casi el 100 % de productividad, muchos se preguntarán por qué necesitan volver a sus oficinas cuando las cosas mejoren. ¿Cuál es la justificación de esa oficina de $1000 por pie cuadrado si no desempeña un papel esencial en la forma en que hacemos nuestro trabajo?
Las empresas que prosperen serán las que acierten con la nueva ecuación del trabajo: flexibilidad más agilidad más resiliencia.
Ravin Jesuthasan
Luego está la cuestión de cómo debería ser el trabajo presencial. La nueva estrategia de capital humano tendrá que establecer con claridad qué trabajo deben realizar los empleados que comparten lugar, sujetos a las nuevas normas de distanciamiento social, y qué trabajo debe seguir realizándose de forma remota.
Deberá tener en cuenta explícitamente dónde existe un retorno de la inversión en la innovación y la colaboración presenciales frente al trabajo remoto, para preservar las ganancias de productividad logradas durante la crisis.
En otras palabras, la estrategia de capital humano tendrá que reflejar mucho más el trabajo que se realiza que el puesto.
Un enfoque de trabajo basado en carteras
Para lograr la resiliencia antes mencionada será fundamental un enfoque de estrategia laboral basado en carteras, que recurra de forma continua a múltiples opciones, como la automatización, el talento gig, las alianzas y la externalización. Además, necesitaremos que los empleados tengan las competencias adecuadas para diversificar el riesgo, optimizar los costes y acceder a las capacidades necesarias.
Sectores que registran un aumento de la demanda durante esta crisis están replanteándose talento gig, lo que encaja con la idea de trabajar de forma flexible y libre y aporta eficiencia en periodos de demanda incierta.
Sabemos por recesiones anteriores que las empresas suelen adoptar más automatización en momentos difíciles, ya que se centran en la reducción de costes. Pero a medida que salgamos de la crisis, ir más allá de esta táctica será fundamental; de lo contrario, corremos el riesgo de una recuperación sin empleo.
Dicho de otro modo, los líderes empresariales deberán aplicar la creatividad y la innovación que han demostrado frente a esta crisis a las formas en que emplean la automatización. En este sentido, las empresas harían bien en centrarse en tres beneficios clave que ofrece la automatización: la sustitución de muchas tareas repetitivas, el aumento del trabajo más variable y la creación de nuevo trabajo para las personas.
Sabemos que el mundo posterior a la COVID-19 será diferente y que habrá una enorme prima por comprender la nueva normalidad. Las empresas que prosperen serán las que acierten con la nueva ecuación del trabajo: flexibilidad más agilidad más resiliencia.
Pocas organizaciones, si es que alguna, podrán satisfacer las demandas de certidumbre y estabilidad de su plantilla. Lo que sí pueden y deben prometer es claridad y pertinencia continua en un mundo cambiante.
