Cuantos más años pases en el aula, menor será tu riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca

ATTENTION EDITORS : FRENCH LAW REQUIRES THAT THE FACES OF MINORS ARE MASKED IN PUBLICATIONS WITHIN FRANCEStudents sit for the philosophy baccalaureate exam at the French Clemenceau Lycee in Nantes, June 16, 2011. The baccalaureate is the secondary school final examinations for qualification into university. REUTERS/Stephane Mahe (FRANCE - Tags: EDUCATION) - GM1E76G1A7201
The length of a university undergraduate degree could reduce the risk of heart disease by a third.Image: REUTERS/Stephane Mahe
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Un nuevo estudio publicado hoy ha descubierto que aumentar la educación en 3,6 años —una duración similar a la de una carrera universitaria de grado— podría reducir en un tercio el riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca. Una reducción de esta magnitud es similar al uso a corto plazo de un medicamento para reducir el colesterol.

La enfermedad coronaria se refiere a la acumulación de placa en los vasos sanguíneos que irrigan el corazón. Con el tiempo, esta acumulación puede obstruir uno o más vasos sanguíneos, privar al corazón de oxígeno y provocar un infarto. La enfermedad coronaria es la causa de muerte más común en Australia y en todo el mundo.

Aunque anteriormente se había asociado la educación con mejores resultados de salud, había pocas pruebas de que la educación causara realmente estos efectos en la salud y de que no se limitara a estar vinculada a ellos. Se había sugerido que los beneficios reales podían deberse a variables relacionadas tanto con la educación como con el riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca, como el nivel socioeconómico.

¿Cómo podemos establecer una relación de causa y efecto?

Para demostrar que la exposición a A causa el resultado B, los científicos suelen recurrir a ensayos controlados aleatorizados. En estos ensayos, los sujetos se asignan al azar a un grupo que recibe la exposición A o a otro que no la recibe (por lo general, algún tipo de placebo o tratamiento simulado).

Este proceso de aleatorización garantiza que, al inicio del ensayo, los grupos sean iguales en promedio en todas las variables, salvo la variable de exposición. Por tanto, al comparar los grupos al final del ensayo, cualquier diferencia entre ellos puede atribuirse al efecto de la exposición.

Sin embargo, debido a los evidentes dilemas éticos que plantea restringir la educación de un grupo de personas, en este caso no es viable realizar un ensayo aleatorizado.

La aproximación más cercana a un experimento de este tipo fue la implantación escalonada de un año adicional de escolarización en Suecia, entre 1949 y 1962. Al comparar los resultados de salud por región, se observó que el año adicional de escolarización redujo todas las causas de muerte prematura después de los 40 años.

Pero, en este nuevo estudio, los científicos recurrieron a la naturaleza y a los genes que heredamos al azar de nuestros padres. Utilizaron una técnica llamada aleatorización mendeliana, que aprovecha la transmisión aleatoria de genes de padres a hijos para imitar un ensayo controlado aleatorizado.

Image: OMS

Se ha demostrado que más de 160 variantes genéticas están asociadas con los años de educación en decenas de estudios en los que participaron más de 500.000 hombres y mujeres. No sabemos exactamente cómo estos genes permiten predecir cuántos años de educación tendrá una persona, pero sí sabemos que, en promedio, quienes tienen estos genes cursarán más años de estudios.

Los investigadores utilizaron los genes para clasificar aleatoriamente a los participantes en grupos con niveles de educación altos o bajos. Debido a esta aleatorización, los participantes de ambos grupos, definidos genéticamente, deberían haber sido iguales en todas las demás variables. Por lo tanto, cualquier diferencia entre los grupos en cuanto al riesgo de sufrir una enfermedad coronaria debería deberse al efecto de la educación.

Las personas que habían recibido al azar de sus padres más variantes genéticas asociadas con una educación más prolongada también tenían menos probabilidades de sufrir una enfermedad cardíaca. Esta observación sugería que un mayor número de años de educación reducía causalmente el riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca.

¿Cómo mejora nuestra salud la educación?

La reducción del riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca asociada a más años de educación parecía estar mediada por mejores hábitos de vida: menos tabaquismo, una alimentación más saludable y niveles más bajos de colesterol.

Una de las limitaciones de este tipo de estudio es que los genes vinculados al nivel educativo estaban asociados con otros rasgos, como la autodisciplina, que influirían en otros aspectos, como el tabaquismo y la alimentación. Por lo tanto, una diferencia en el riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca entre los grupos podría deberse al efecto de alguna de estas otras variables y no al de la educación.

Si la educación redujera el riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca, su efecto debería ser similar en todos los genes utilizados en el estudio. Sin embargo, si otra variable distinta de la educación fuera responsable de la asociación, el efecto aparente de la educación sobre las enfermedades cardíacas debería variar según los genes utilizados en el estudio.

Como los autores encontraron un efecto relativamente constante de la educación sobre el riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca en todos los genes del estudio, los resultados parecían sólidos y sus supuestos, válidos. Además, las conclusiones de los autores también contaban con el respaldo de los resultados de estudios epidemiológicos observacionales anteriores y de cuasiexperimentos como el estudio sueco.

Es posible que este estudio, por sí solo, no tenga suficiente peso para impulsar propuestas que amplíen el número de años de escolarización obligatoria establecido por los gobiernos. Sin embargo, aporta pruebas más sólidas de que pasar más años en el aula podría reducir el riesgo de sufrir una enfermedad cardíaca y, en consecuencia, prolongar la vida.

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