La reducción de la mortalidad infantil, los avances en saneamiento y medicina, la educación pública y la mejora del nivel de vida han dado paso a una nueva era de longevidad.
Nuestras instituciones sociales, políticas económicas y normas sociales no han evolucionado al ritmo de estos rápidos cambios.
Martha Deevy explica por qué tenemos que empezar a rediseñar las instituciones, las prácticas y las normas para adaptarlas a la realidad actual de una esperanza de vida de 100 años.
A menudo, confundimos los relatos sobre el envejecimiento de la sociedad con un escenario de crisis: una economía engullida por un «tsunami gris». Algunas de las preocupaciones que se difunden son la insolvencia de los sistemas de seguridad social y de los fondos de pensiones, que podrían agotarse antes de que termine la vida de las personas. Estas visiones estáticas parten de la obsoleta premisa de que las personas mayores reducen la productividad económica y agotan los recursos de la sociedad.
Podemos cuestionar esta idea si adoptamos una perspectiva de longevidad prospectiva sobre el potencial económico de una población diversa en cuanto a edad. Así, podemos reconocer que las personas mayores pueden contribuir de formas más significativas, sustanciales y mensurables al bien social y al progreso económico. Si sentamos las bases de una sociedad más saludable y equitativa, podremos compartir la diversidad de oportunidades que ofrece una longevidad saludable entre distintos grupos raciales, regiones geográficas y niveles socioeconómicos.
Aprovechar las oportunidades de una longevidad saludable
Durante los últimos 200 años, las personas de todos los países del mundo han logrado avances impresionantes en materia de salud, que han propiciado un aumento de la esperanza de vida. Ahora estamos entrando en una era sin precedentes de vidas longevas. La mayoría de los niños nacidos desde 2000 en el mundo desarrollado pueden esperar vivir hasta los 100 años o más. Las consecuencias de una vida de 100 años serán profundas para las personas, las empresas, las comunidades y los gobiernos. Sin embargo, no es responsabilidad exclusiva de estos replantearse cómo debe ser una sociedad preparada para la longevidad: es una tarea colectiva que compete a todos los sectores y requiere las mejores ideas del sector privado, el gobierno, la medicina, el mundo académico y la filantropía.
El Centro de Longevidad de Stanford puso en marcha una iniciativa llamada El nuevo mapa de la vida, convencido de que una de las transformaciones más profundas de la experiencia humana exige cambios igual de trascendentales y creativos en la forma de vivir estas vidas de 100 años. Hablamos con Martha Deevy, directora adjunta e investigadora principal del Centro de Longevidad de Stanford, sobre lo que hay que hacer antes de que los jóvenes de hoy se conviertan en las personas mayores del futuro y sobre cómo aprovechar al máximo los 30 años adicionales de vida que tendremos. Martha y su equipo de expertos también contribuyeron a la plataforma de Inteligencia Estratégica del Foro Económico Mundial con su análisis sobre Envejecimiento y longevidad.
Empezar pronto a centrarse en la longevidad
¿Qué la motivó a desarrollar sus conocimientos especializados y centrarse en la preparación para la jubilación y la longevidad?
Pasé una parte importante de mi carrera profesional en el sector de los servicios financieros, desde los primeros días de Internet y la negociación en línea. Internet ofrecía una plataforma totalmente nueva para relacionarse con los inversores. Dedicamos mucho tiempo a intentar que las personas ahorraran más y se prepararan para tener un futuro con seguridad financiera. Algunos de nuestros intentos funcionaron y muchos no. Me jubilé para quedarme en casa con mi bebé y, cuando me acercaba a los 50 años y la «vejez» me parecía más real, conocí a la doctora Laura Carstensen, psicóloga y fundadora del Centro de Longevidad de Stanford. Quería crear un centro que abordara problemas del mundo real relacionados con vivir muchos años (y no solo con el envejecimiento). Estaba contratando a personas del «mundo real», ajenas al ámbito académico, para que contribuyeran a definir la agenda.
La educación tiene lugar al principio de la vida. Las personas empiezan su trayectoria laboral a principios de la veintena; algunas permanecen con el mismo empleador hasta jubilarse a los 65 años. Este modelo puede parecer obsoleto a quienes acaban viviendo 100 años. El Centro busca reunir diversas disciplinas, entre ellas psicología, sociología, marketing, educación, economía, finanzas, ingeniería, políticas públicas, salud pública y medicina. Examina cómo debemos cambiar para aprovechar al máximo nuestras vidas de 100 años.
La ciencia demuestra que, si se llega a la vejez en buena forma física, con seguridad financiera y agudeza mental, muchos problemas asociados a la edad empiezan a desaparecer. Por eso, desde el principio, nos hemos centrado en la movilidad, la salud cognitiva y la seguridad financiera.
Nunca antes habían coexistido tantas generaciones. ¿Qué nos ha llevado a esta situación y qué oportunidades ofrece a la fuerza laboral mundial?
La historia actual de la longevidad no trata solo de las personas adultas mayores. En realidad, trata de los bebés. El espectacular aumento de la esperanza de vida se debe, fundamentalmente, a que morían menos bebés y jóvenes. En 1900, el 25 % de los bebés nacidos en Estados Unidos moría antes de cumplir cinco años. La esperanza de vida ha aumentado, sobre todo, gracias a que se han salvado las vidas de los bebés. También contamos con programas de salud pública, vías fluviales más limpias, leche pasteurizada, sistemas institucionalizados de recogida de residuos, vacunación y educación pública. Más jóvenes tienen la oportunidad de llegar a viejos y llevar una vida más saludable.
La historia actual de la longevidad no trata de las personas mayores; en realidad, trata de los bebés.
Martha Deevy, Centro de Longevidad de Stanford
El impacto en la fuerza laboral mundial es profundo, aunque todavía no se ha materializado. Antes había tres o cuatro generaciones en la fuerza laboral. Ahora hay cinco e incluso seis. Aunque abundan los estereotipos sobre todas las generaciones, muchos son falsos. Un número creciente de estudios indica que las plantillas multigeneracionales son más productivas, registran menos rotación de personal, presentan mayores niveles de satisfacción laboral y tienen una mejor opinión de sus empleadores. Esto coincide con la bibliografía sobre la diversidad general en el lugar de trabajo. También hay beneficios económicos: el PIB aumenta considerablemente cuando las personas permanecen más tiempo en la fuerza laboral.
El aprendizaje permanente es clave para la longevidad
A menudo, los relatos sobre el envejecimiento de la sociedad presentan las últimas décadas de la vida como una etapa marcada por la vulnerabilidad y la dependencia. ¿Qué es lo que más se malinterpreta de estos relatos y qué implica adoptar una perspectiva de longevidad?
Tradicionalmente, la vida avanza desde la infancia hasta la educación, el trabajo y la jubilación. Vivir más años nos permite prolongar todas las etapas de la vida. Podemos crear múltiples trayectorias que entretejan períodos de educación, trabajo y cuidados a lo largo de la vida. Los estudios demuestran que permitir que los niños «sean niños» durante más tiempo puede tener beneficios duraderos para la salud.
La educación permanente también es una inversión valiosa. Es probable que vivir más años implique trabajar durante más tiempo y que haya «vías de entrada y salida» entre el trabajo, las pausas y los períodos de actualización de competencias.
Los avances médicos y las tecnologías emergentes están prolongando nuestra vida. Sin embargo, nuestros sistemas de protección social y jubilación no han seguido el ritmo. ¿Qué significa estar preparado para la jubilación y por qué es importante?
La preparación para la jubilación consiste en prepararse para tener seguridad financiera durante esa etapa. Tradicionalmente, se entendía como el período que comienza al dejar la fuerza laboral, aunque cada vez es más común que consista en trabajar menos horas y con horarios más flexibles. Esto requiere un plan y recursos financieros que permitan mantener el nivel de vida deseado.
Esto cobra cada vez más importancia, sobre todo en Estados Unidos, donde los empleadores están pasando de los planes de pensiones tradicionales (de prestación definida) a planes voluntarios financiados por las aportaciones de los empleados (de contribución definida). Cada vez más, los trabajadores deben depender más de sí mismos para prepararse para la jubilación y para los más años que pasarán jubilados. Según muchos expertos, preocupa que numerosas personas jubiladas vivan más de lo que les permiten sus recursos de ingresos para la jubilación.
Dada la estrecha relación entre la educación, la salud y la longevidad, ¿cómo puede el aprendizaje permanente contribuir a crear comunidades preparadas para la longevidad?
Es probable que vivir más años también prolongue la vida laboral. Cada vez hay más pruebas de que trabajar más allá de la edad tradicional de jubilación aporta beneficios para la salud y la longevidad. Mantenerse activo durante más tiempo, mental, social y físicamente, es bueno para la salud. Una vida laboral más larga requerirá formación y actualización de competencias. Los empleadores y los educadores reconocen la importancia de crear programas y entornos que lo respalden.
Una iniciativa puesta en marcha en la Universidad de la Ciudad de Dublín es la Red Mundial de Universidades Amigables con las Personas Mayores. Se trata de una red de instituciones de educación superior comprometidas con integrar en sus programas y políticas la inclusión y la adaptación a las distintas edades.
Medidas concretas para mejorar la longevidad
Para afrontar los retos del envejecimiento y la longevidad, ¿qué aconsejaría a los líderes del gobierno, la atención sanitaria y las compañías de seguros para aprovechar al máximo los 30 años adicionales de vida?
Garantizar a todas las personas el acceso a servicios sanitarios de calidad orientados a la prevención.
Invertir en servicios de cuidado infantil de alta calidad y en educación para la primera infancia.
Reconocer el valor de una población de varias generaciones en las comunidades y en el lugar de trabajo.
Crear incentivos para animar a los empleadores a contratar y conservar a trabajadores mayores.
Animar a las personas a trabajar durante más tiempo y jubilarse más tarde.
Crear oportunidades para fomentar la interacción intergeneracional.
Invertir en ciudades y comunidades «preparadas para la longevidad», con espacios transitables a pie, zonas verdes, buen transporte público y lugares de encuentro intergeneracional, y que sean resilientes al cambio climático.

