El número de infecciones asintomáticas por coronavirus, en las que las personas no presentan ningún síntoma, sigue siendo una incógnita.
Algunas personas que dan positivo en la prueba del virus, pero no se sienten mal, pueden desarrollar síntomas más adelante.
Las personas pueden seguir siendo contagiosas antes de desarrollar síntomas, y los datos sugieren que las primeras fases de la infección son el momento en que se transmiten la mayoría de los contagios.
El seguimiento y el rastreo de contactos de los casos infectados es una herramienta clave para los gobiernos a medida que empiezan a relajar los confinamientos.
Mientras no haya una vacuna disponible, nuestra mejor esperanza para combatir el coronavirus es evitar su propagación. Pero ¿cómo hacerlo cuando las personas pueden desconocer que están infectadas? Y ¿cuál es la diferencia entre los casos asintomáticos, presintomáticos y sintomáticos? Aquí tiene una breve explicación.
Casos asintomáticos
Se considera que las personas son «asintomáticas» cuando dan positivo en la prueba de COVID-19 sin haber presentado ningún síntoma.
La OMS indica que no está claro cuántos contagios se producen a partir de estos casos asintomáticos. Los estudios para comprender la transmisión del virus desde los portadores asintomáticos son difíciles de llevar a cabo, ya que requerirían pruebas generalizadas y más datos de los que hay actualmente disponibles.
Además, en lugar de ser asintomática, se cree que en muchos casos de COVID-19 la persona infectada presenta una forma muy leve de la enfermedad. Los síntomas habituales, como una tos, fiebre o cansancio, pueden no manifestarse de forma apreciable, o los síntomas que sí existen pueden ser atípicos y no parecerse a las formas más comunes de la enfermedad.
Casos presintomáticos
Dado que el período de incubación de COVID-19, es decir, el tiempo transcurrido entre la exposición al virus y la aparición de los síntomas, puede durar hasta 14 días, también hay circunstancias en las que las personas podrían haber contraído la enfermedad sin saberlo y, por tanto, siguen con su vida habitual.
Algunos de los casos de coronavirus detectados mediante las labores de rastreo entran en esta categoría, y las personas acaban desarrollando síntomas más adelante. Esto lo respaldan datos que sugieren que algunas personas pueden dar positivo en la prueba del virus entre 1 y 3 días antes de desarrollar síntomas.
En esta fase presintomática, algunas personas siguen siendo contagiosas, por lo que la transmisión posterior del virus sigue siendo posible, a pesar de no mostrar signos externos de enfermedad. Esta es una de las razones por las que los gobiernos piden que hogares enteros se aíslen cuando uno de sus miembros enferma.
Los casos asintomáticos y presintomáticos han sido denominados «propagadores silenciosos», y subrayan la importancia de mantener el distanciamiento social, lavarse las manos con frecuencia y mantener una buena higiene cuando se sale de casa.
La transmisión de la enfermedad desde un caso sintomático a otra persona es la forma más fácil de rastrear. El virus se transmite principalmente a otras personas por contacto cercano con gotículas respiratorias infectadas, por contacto directo con personas infectadas o por contacto con superficies contaminadas.
Aunque la enfermedad puede variar en gravedad de una persona a otra, la mayoría de las personas que la contraen presentarán una forma leve y mostrarán síntomas. Síntomas habituales incluyen fiebre, tos seca y cansancio. Con menos frecuencia, pueden incluir dolores musculares y articulares, congestión nasal, dolor de cabeza, conjuntivitis, dolor de garganta y erupciones cutáneas, entre otros.
Los datos disponibles hasta la fecha sugieren que las personas eliminan el virus sobre todo durante los tres primeros días desde la aparición de los síntomas. Esto indica que las personas son más contagiosas durante la fase inicial de la enfermedad, cuando los síntomas acaban de aparecer.
Los casos que desconocemos
Además del riesgo que plantean los propagadores silenciosos, también existen casos derivados de infecciones no documentadas, es decir, personas que presentan síntomas pero no se hacen la prueba por uno u otro motivo. Por definición, el volumen de casos no documentados es mucho más difícil de controlar que el de los casos documentados, en los que las personas son identificadas como enfermas porque acudieron a un centro sanitario o fueron sometidas a pruebas mediante el rastreo de contactos.

Un estudio publicado en marzo sugiere que, según modelos estadísticos, el 86 % de todas las infecciones en China no estaban documentadas antes de finales de enero, cuando las autoridades pusieron en cuarentena a Wuhan. Esto ayudaría a explicar la rápida transmisión de la enfermedad en todo el mundo, según afirman los autores.
Hoy en día, el seguimiento eficaz de las infecciones y el contacto con personas que pueden haber contraído la enfermedad a partir de casos confirmados son una prioridad para muchos países. A medida que los confinamientos empiezan a relajarse en Europa y en algunas zonas de Estados Unidos, es probable que estos programas de rastreo resulten cruciales para evitar un repunte de los niveles de infección.


