Muchos científicos compaginan el cuidado infantil a tiempo completo con las exigencias de redactar y presentar solicitudes de subvención, impartir clases y más;
Por lo general, las exigencias del cuidado infantil siguen recayendo en gran medida sobre las mujeres;
¿Cómo pueden las madres que trabajan en STEM encontrar apoyo en sus habilidades y redes durante la pandemia de COVID-19?
Estoy en casa, no en el laboratorio haciendo experimentos, ni en mi despacho hablando con colegas, ni de expedición en el campo para estudiar y recolectar caracoles venenosos. En cambio, cocino, doy de comer, limpio, visto a mis dos hijos e intento enseñarles en casa.
No soy la única: muchos científicos están en casa y no en sus laboratorios, compaginando el cuidado infantil a tiempo completo con las exigencias de redactar y presentar solicitudes de subvención, impartir clases, asesorar y orientar a estudiantes de posgrado, redactar y revisar manuscritos, analizar datos y más. La semana laboral de 60 horas es habitual para muchos científicos, pero normalmente, durante al menos ocho de esas horas al día, nuestros hijos estarían en la escuela o bajo algún tipo de cuidado infantil. El coronavirus nos ha sumido en un abismo de cuidado infantil y, como mujer en la ciencia, me siento a 10.000 leguas de ser competente.
Durante la primera semana de cuarentena, las instrucciones de la Universidad fueron dedicar el tiempo a trasladar las clases a la enseñanza virtual a distancia. Tuvimos cinco días para planificar, preparar y estar listas para compartir sin contratiempos valiosas dosis de aprendizaje. Esa misma semana, mi hija de tres años decidió que quería hacer una excavación de fósiles y echó en el suelo de la cocina toda la harina que encontró; cubrió con lo que quedaba a su hermana de un año, añadió sus dinosaurios y luego vertió agua por el centro del suelo para crear un río del que pudieran beber. Esto ocurrió después de que bañara a sus muñecas en el lavabo del baño, vaciara todas las piezas de un rompecabezas y atara a su hermana al escritorio de su habitación «para protegerla de los dinosaurios que podían atacar». Todo antes de las 10 de la mañana.
No soy madre soltera, pero sí madre primeriza, y decir que esta rutina caótica se repitió a diario con algunas variaciones y frenó mi productividad para escribir frases coherentes en solicitudes de subvención sería quedarse corto.
Las exigencias y el estrés del cuidado infantil siguen recayendo en gran medida sobre las mujeres. Con el distanciamiento social en casa para mitigar la propagación de la COVID-19, muchas científicas que crían hijos se enfrentan a un túnel de angustia, dudas sobre sí mismas e incapacidad. Pero no todo tiene que ser malo. Como Angela Merkel, «científica en jefe», esta es una oportunidad para «mostrar la humilde credibilidad de una científica en el trabajo». Siempre hay otro experimento que se puede hacer, así que he decidido cambiar de enfoque y, en lugar de pensar «pobre de mí», pasar a «pobre de nosotras». Ese «nosotras» es la comunidad de mujeres en la ciencia. La desgracia ama la compañía y, en este caso, esa compañía es un grupo de mujeres acostumbradas a la adversidad, la perseverancia y abrir nuevos caminos.
No será fácil y exigirá mucho autocuidado, pero podemos identificar los factores de estrés y expresar nuestros puntos de dolor con el objetivo de quitarnos todas las espinas del cactus. Así es como podemos hacerlo:
1. Conoce tus límites
No hay que avergonzarse de rechazar solicitudes para revisar manuscritos y subvenciones cuando no puedes terminar tus propios manuscritos ni redactar tus propias solicitudes. No es momento de ser «HERoica». Hay muchas historias sobre mujeres que aprenden a decir que no. Léelas, apoya la lengua contra el paladar y suéltala. Te saldrá un «no» sin tener que pensarlo.
2. Flexibiliza las reglas
Pide una prórroga. Los plazos son plazos, pero en estas circunstancias excepcionales, lidiar con los niños y los plazos es la nueva normalidad para muchas personas, quizá también para quien gestiona el programa de subvenciones. Entregar ideas a medio hacer a tiempo en vez de conceptos desarrollados con unos días más para pensarlos hace que valga la pena tragarse el orgullo y pedir ayuda.
3. Mima a tus hijos
Si no pueden ampliar el plazo y tienes que escribir, déjales ver PJ Masks y La Patrulla Canina hasta que se sepan de memoria cada palabra de todos los episodios. Están aprendiendo sobre tramas y narración, además de creatividad e imaginación. La comunicación científica se ha convertido en una formación obligatoria para estudiantes de posgrado y de medicina. Ponlos en camino de construir narrativas eficaces; eso no les estropeará el cerebro.
4. Delega y trabaja en equipo
Nuestros laboratorios son como una segunda familia. Hemos formado un equipo de estudiantes y profesionales posdoctorales en quienes confiamos para sacar adelante las cosas. El tiempo y la energía dedicados a crear equipo sirven precisamente para ocasiones como esta. Pide al equipo que te ayude con tareas que normalmente harías tú, pero que no puedes hacer porque tienes una sesión de canto por ZOOM en preescolar o una sesión maratoniana de lectura de El Grúfalo. Aprender a redactar manuscritos y solicitudes de subvención es una habilidad que el equipo tendrá que perfeccionar, y no hay mejor momento que ahora.
5. Escóndete
Cuando todo lo demás falle, juega al escondite a todo o nada, sin que puedan encontrarte. Refúgiate en el baño, el armario, detrás del sofá, incluso en el pasillo, justo fuera de tu apartamento, donde puedas oír los gritos (y oler algo que se quema). Coge el portátil, baja el brillo de la pantalla y trabaja tan rápido y concentrada como puedas hasta que uno de los pequeños tenga una crisis al no encontrarte. No salgas corriendo de tu escondite: espera cinco minutos desde que empiece la crisis y comprueba si tu pareja puede hacerse cargo de la situación.
Sin duda, esto es muy difícil. Intentar trabajar ocho horas al día mientras se cría a los hijos a tiempo completo exige dejar a un lado el ego y estar dispuesta a estirarse, implicarse y dar un paso atrás. Después de la COVID-19 me reiré de la excavación de dinosaurios en mi cocina; ahora mismo tengo que mantener a flote mi laboratorio.


