Los dispositivos ponibles no son solo herramientas de salud personal: podrían formar parte de una infraestructura digital más amplia para un envejecimiento saludable.
Combinados con evaluaciones tradicionales, pueden generar información oportuna y basada en la vida real sobre cómo envejecen las personas, qué las expone al riesgo de enfermar y dónde se necesita más apoyo.
Si se utilizan de forma responsable, los datos de dispositivos digitales podrían favorecer un envejecimiento saludable, reducir la presión sobre los sistemas de salud y reforzar la resiliencia.
¿Y si el dispositivo que llevas en la muñeca pudiera revelarte algo más que cuántos pasos diste hoy o qué tan bien dormiste anoche? ¿Y si también pudiera decirte a qué velocidad envejece tu cuerpo?
Esto ya no es ciencia ficción. Los mismos dispositivos ponibles que la gente ya utiliza para registrar la actividad, la frecuencia cardíaca y el sueño pueden generar señales que ayuden a estimar la edad biológica, una medida del funcionamiento del cuerpo. Esto importa porque la edad biológica puede revelar más que la fecha de nacimiento por sí sola sobre la resiliencia de una persona, su riesgo de fragilidad y sus probabilidades de mantenerse saludable e independiente con el paso del tiempo.
Esto no significa que un reloj inteligente pueda calcular con perfecta precisión la «edad verdadera» de una persona. Pero sí apunta a algo importante: utilizados de forma responsable, los dispositivos ponibles de consumo podrían pasar de ser aparatos de ejercicio a convertirse en herramientas que favorezcan la longevidad saludable a gran escala.
De la fecha de nacimiento a la «edad corporal»
La edad cronológica es una medida sencilla del número de años transcurridos desde el nacimiento. La edad biológica es distinta. Busca reflejar cuánto desgaste ha acumulado el cuerpo y qué tan bien funcionan sus sistemas en relación con lo que cabría esperar a una edad determinada.
Tradicionalmente, la edad biológica se ha estimado mediante análisis de sangre, métodos de laboratorio especializados o mediciones basadas en el ADN. Estos enfoques pueden ser muy potentes desde el punto de vista científico, pero también son costosos, requieren mucho tiempo y resultan difíciles de ampliar a poblaciones enteras.
Sin embargo, durante la última década, los investigadores han demostrado que el envejecimiento también deja patrones en el comportamiento y la fisiología cotidianos: desde cómo se mueve la gente, con qué regularidad duerme y cuánto varían sus niveles de actividad, hasta qué tan bien se recupera del estrés físico. A partir de grandes conjuntos de datos, los científicos han creado «relojes del envejecimiento» que estiman la edad biológica con este tipo de señales.
En un estudio de adultos de Estados Unidos, un modelo sencillo basado en la edad, el número máximo de pasos diarios y la variación semanal de los pasos predijo una puntuación de edad biológica basada en la sangre y de uso extendido, y mostró una asociación más fuerte con la mortalidad que esa misma puntuación sanguínea. En adultos mayores en rehabilitación hospitalaria, la misma puntuación basada en el movimiento se relacionó más estrechamente con la fragilidad, la fuerza muscular y la independencia en las actividades cotidianas que la edad cronológica.
En otras palabras, las personas con patrones de actividad más intensos y variados tendían a obtener puntuaciones estimadas de edad biológica más jóvenes que sus pares más sedentarios.
Un conjunto más amplio de investigaciones sobre los biomarcadores digitales del envejecimiento apunta en la misma dirección. Señales como la duración y regularidad del sueño, el número de pasos diarios, la velocidad de la marcha, los patrones de frecuencia cardíaca, la presión arterial y la capacidad cardiorrespiratoria estimada parecen cambiar con la edad y ayudar a predecir resultados de salud posteriores. Muchas de estas señales ya pueden captarse con sensores integrados en dispositivos de consumo.
Por qué esto importa ahora
A los sistemas de salud les cuesta seguir el ritmo del aumento de las enfermedades crónicas, la discapacidad y el envejecimiento de la población. Sin embargo, la mayoría de los datos de salud todavía se recopila solo de vez en cuando, por ejemplo, durante las consultas clínicas o cuando la enfermedad ya ha avanzado.
Los dispositivos ponibles ofrecen algo distinto. Pueden recopilar información de forma continua, no invasiva y en condiciones reales, a menudo con un bajo coste marginal. Esto significa que podrían detectar cambios sutiles del día a día y desviaciones tempranas del patrón habitual de una persona mucho antes de que lo hiciera una medición clínica aislada.
Esto abre la posibilidad de entender la longevidad saludable no solo como una prolongación de la vida, sino como la preservación durante más tiempo de la funcionalidad, la independencia y la calidad de vida: optimizar los años de vida saludable. Si los cambios relacionados con el envejecimiento pueden medirse de forma continua y detectarse antes, también se puede actuar antes.
Los dispositivos ponibles de consumo ya se utilizan ampliamente en muchas partes del mundo. Una guía práctica dirigida a investigadores y profesionales clínicos concluyó que los dispositivos de uso generalizado, como Apple Watch, Fitbit, Garmin y Oura Ring, cuando se seleccionan sistemáticamente para el uso previsto, pueden alcanzar niveles razonables de exactitud, precisión y facilidad de uso en algunas mediciones cardiovasculares y relacionadas con la actividad en adultos relativamente sanos.
La cuestión no es que todos los dispositivos comerciales sean igual de buenos en todas las mediciones, sino que, para algunas preguntas y en determinadas condiciones, los dispositivos de consumo ya pueden generar datos útiles y escalables.
Del seguimiento personal al valor público
Y si las señales de los dispositivos ponibles pueden ayudar a estimar la edad biológica y detectar cambios en la funcionalidad, su valor podría ir más allá del bienestar personal.
En la atención clínica, las mediciones digitales podrían complementar las evaluaciones tradicionales en lugar de sustituirlas. En la rehabilitación geriátrica, por ejemplo, combinar mediciones del envejecimiento basadas en la sangre con datos de actividad de dispositivos ponibles podría ayudar a los profesionales clínicos a identificar a los pacientes con mayor riesgo de una recuperación deficiente y a dirigir los recursos de rehabilitación de manera más eficaz.
A nivel poblacional, los datos de dispositivos ponibles, debidamente anonimizados y sujetos a una gobernanza adecuada, también podrían ayudar a los responsables de formular políticas a comprender cómo varían las trayectorias del envejecimiento entre regiones, ocupaciones y grupos sociales. Si las sociedades pueden observar casi en tiempo real cómo influyen los entornos, las condiciones laborales y las políticas en el ritmo del envejecimiento, estarán mejor preparadas para promover vidas laborales más largas y saludables.
Salvaguardias para el uso de datos de dispositivos ponibles
Este potencial es significativo, pero también lo son los riesgos. El mercado está creciendo, lo que significa que también aumenta el número de usuarios.

Por ello, los responsables de formular políticas deben tener en cuenta tres cuestiones principales al establecer salvaguardias para el uso responsable de los datos de dispositivos ponibles:
1. Validación
Muchos biomarcadores digitales del envejecimiento se han desarrollado en poblaciones específicas, a menudo en países de ingresos altos, y no todos se han sometido a pruebas rigurosas frente a resultados clínicos relevantes. Sin validación en poblaciones diversas, las estimaciones digitales del envejecimiento pueden ser engañosas o sesgadas.
2. Equidad
Estas herramientas no estarán a la altura si solo están disponibles para quienes pueden permitirse los dispositivos más recientes o ya tienen un alto nivel de alfabetización digital. Los dispositivos ponibles y los sistemas relacionados deben ser asequibles, duraderos y utilizables en distintos entornos, incluidos aquellos con recursos limitados.
3. Gobernanza
Las estimaciones de edad biológica derivadas de dispositivos ponibles implican información de salud sensible. Son esenciales unas reglas claras sobre la propiedad de los datos, el consentimiento, la privacidad y los usos aceptables, así como la transparencia sobre cómo se crean, evalúan y actualizan los algoritmos.
La pregunta más útil, entonces, no es si un reloj inteligente puede determinar perfectamente la edad biológica de una persona. Es si las sociedades pueden utilizar de forma responsable las señales contenidas en los dispositivos digitales cotidianos para favorecer un envejecimiento más saludable, reducir la presión sobre los sistemas de salud y construir futuros más resilientes.


