¿Es mejor la calidad que la cantidad cuando se trata del sueño?

A person is sleeping in their bed during the day.
Moderate sleep is the optimal amount needed to nullify cognitive decline.Image: Kalegin Michail/Unsplash
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  • Las investigaciones han demostrado que los adultos mayores que duermen una cantidad moderada experimentan un menor deterioro cognitivo que quienes duermen durante periodos largos o cortos.

  • El alzhéimer representa el 70% de los casos de demencia; dormir mal es un síntoma frecuente y contribuye a la progresión de la enfermedad.

  • Los médicos que atienden a pacientes con quejas cognitivas deberían preguntarles por la calidad de su sueño, ya que podría ser un factor modificable.

Como tantas otras cosas buenas de la vida, el sueño es mejor con moderación, según sugiere una nueva investigación.

Un estudio de varios años sobre adultos mayores descubrió que tanto quienes dormían poco como quienes dormían mucho experimentaban un mayor deterioro cognitivo que las personas que dormían una cantidad moderada, incluso al tener en cuenta los efectos del alzhéimer en sus primeras etapas.

Dormir mal y la enfermedad de Alzheimer están ambos asociados con el deterioro cognitivo, y ha resultado difícil separar los efectos de cada uno. Al hacer un seguimiento de la función cognitiva de un amplio grupo de adultos mayores durante varios años y analizarla en relación con los niveles de proteínas asociadas al alzhéimer y las mediciones de la actividad cerebral durante el sueño, los investigadores obtuvieron datos cruciales que ayudan a desentrañar la compleja relación entre el sueño, el alzhéimer y la función cognitiva.

Los hallazgos publicados en la revista Brain podrían contribuir a los esfuerzos por ayudar a las personas a mantener la agudeza mental a medida que envejecen.

«Ha sido difícil determinar cómo se relacionan el sueño y las distintas etapas de la enfermedad de Alzheimer, pero eso es lo que hay que saber para empezar a diseñar intervenciones», afirma el primer autor, Brendan Lucey, profesor asociado de neurología y director del Centro de Medicina del Sueño de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en San Luis.

«Nuestro estudio sugiere que existe un intervalo intermedio, o un “punto ideal”, de duración total del sueño en el que el rendimiento cognitivo se mantiene estable con el tiempo. Tanto dormir poco como dormir mucho se relacionó con un peor rendimiento cognitivo, quizá debido a la falta de sueño o a una mala calidad del sueño. Una pregunta aún sin respuesta es si podemos intervenir para mejorar el sueño —por ejemplo, aumentando en una hora más o menos el tiempo de sueño de quienes duermen poco— y si eso tendría un efecto positivo en su rendimiento cognitivo, de modo que dejara de deteriorarse. Necesitamos más datos longitudinales para responder a esta pregunta».

El alzhéimer es la principal causa del deterioro cognitivo en los adultos mayores y representa alrededor del 70% de los casos de demencia. Dormir mal es un síntoma frecuente de la enfermedad y un factor que puede acelerar su progresión. Los estudios han demostrado que tanto quienes dicen dormir poco como quienes dicen dormir mucho tienen más probabilidades de obtener malos resultados en pruebas cognitivas, pero este tipo de estudios sobre el sueño normalmente no incluye evaluaciones de la enfermedad de Alzheimer.

Para distinguir los efectos del sueño y de la enfermedad de Alzheimer sobre la cognición, Lucey y sus colegas recurrieron a voluntarios que participan en estudios sobre el alzhéimer a través del Centro de Investigación sobre la Enfermedad de Alzheimer Charles F. y Joanne Knight de la universidad. Estos voluntarios se someten a evaluaciones clínicas y cognitivas anuales y proporcionan una muestra de sangre para analizar la variante genética APOE4, asociada a un alto riesgo de alzhéimer. Para este estudio, los participantes también proporcionaron muestras de líquido cefalorraquídeo para medir los niveles de proteínas del alzhéimer, y cada uno durmió entre cuatro y seis noches con un pequeño monitor de electroencefalograma (EEG) sujeto a la frente para medir la actividad cerebral durante el sueño.

En total, los investigadores obtuvieron datos sobre el sueño y el alzhéimer de 100 participantes cuya función cognitiva se había supervisado durante un promedio de 4 1/2 años. La mayoría (88) no presentaba deficiencias cognitivas, 11 tenían deficiencias muy leves y una persona presentaba deterioro cognitivo leve. La edad promedio era de 75 años en el momento del estudio del sueño.

Los investigadores encontraron una relación en forma de U entre el sueño y el deterioro cognitivo. En general, las puntuaciones cognitivas disminuyeron en los grupos que dormían menos de 4,5 horas o más de 6,5 horas por noche —según las mediciones del EEG—, mientras que las puntuaciones se mantuvieron estables en quienes dormían dentro del intervalo intermedio. El EEG suele arrojar estimaciones del tiempo de sueño aproximadamente una hora inferiores a las del tiempo que las personas dicen dormir, por lo que los hallazgos corresponden a entre 5,5 y 7,5 horas de sueño declarado, afirma Lucey.

La relación en forma de U también se observó en las mediciones de fases específicas del sueño, como el sueño de movimientos oculares rápidos (REM), o sueño con sueños, y el sueño no REM. Además, la relación se mantuvo incluso después de ajustar los factores que pueden afectar tanto al sueño como a la cognición, como la edad, el sexo, los niveles de proteínas del alzhéimer y la presencia de APOE4.

«Fue especialmente interesante ver que no solo quienes dormían poco, sino también quienes dormían mucho, presentaban un mayor deterioro cognitivo», afirma David Holtzman, coautor sénior y profesor de neurología. «Esto sugiere que la calidad del sueño puede ser clave, más que la duración total».”

Las necesidades de sueño de cada persona son únicas, y quienes se despiertan descansados pese a dormir poco o mucho no deberían sentirse obligados a cambiar sus hábitos, afirma Lucey. Sin embargo, quienes no duermen bien deberían saber que los problemas de sueño a menudo pueden tratarse.

«A muchos de mis pacientes les pregunto: “¿Cómo duerme?”», afirma Beau M. Ances, coautor sénior y profesor de neurología que atiende a pacientes con demencia y otras enfermedades neurodegenerativas en el Hospital Barnes-Jewish. «A menudo, los pacientes dicen que no duermen bien. Muchas veces, cuando se tratan sus problemas de sueño, pueden mejorar sus capacidades cognitivas. Los médicos que atienden a pacientes con quejas cognitivas deberían preguntarles por la calidad de su sueño. Este podría ser un factor modificable».

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