Ómicron se propaga por todo el mundo, pero ¿puede ayudar a poner fin a la pandemia?
Expertos de The Davos Agenda 2022 se mostraron cautelosamente optimistas.
La clave es que el virus se vuelva endémico: los expertos explican qué significa eso.
«Sigue siendo una incógnita si Ómicron será la vacunación con virus vivo que todo el mundo espera».
Ese fue el cauteloso análisis de Anthony Fauci, asesor del presidente de Estados Unidos en materia de COVID-19. Se unió a otros tres expertos mundiales en The Davos Agenda para debatir qué podemos esperar de la pandemia en las próximas semanas y meses.
Radio Davos ofrece el audio completo, y puedes ver el debate aquí.
Ómicron y la COVID-19: ¿qué viene ahora?
Francine Lacqua: Hola a todos, soy Francine Lacqua de Bloomberg, y tenemos los próximos 45 minutos para hablar de esta pandemia y, por supuesto, de lo que viene después. Nos encantaría que todos los participantes se sumaran a la conversación en las redes sociales con la etiqueta #DavosAgenda.
Me complace contar con la participación de Anthony Fauci, principal asesor médico del presidente de Estados Unidos; Stéphane Bancel, director ejecutivo de Moderna; Annelies Wilder-Smith, profesora de enfermedades infecciosas emergentes en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres; y Richard Hatchett, director ejecutivo de la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias (CEPI). Dr. Fauci, empezaré con usted; tenemos muchas preguntas que abordar. ¿Será 2020 el año en que pasemos de una pandemia a una enfermedad endémica, y acelerará el proceso la situación actual, dada la capacidad del virus para propagarse y ofrecer inmunidad mediante la infección?
Anthony Fauci: Bueno, la respuesta es que no lo sabemos, y creo que debemos reconocerlo con franqueza. Además, la palabra «endémico» se usa en distintos contextos.
Control significa que el virus está presente, pero en un nivel que no perturba a la sociedad. Y creo que eso es lo que la mayoría de la gente entiende cuando habla de endemicidad.
Cuando hablo de la pandemia, la divido en cinco fases: la fase verdaderamente pandémica, en la que todo el mundo se ve muy afectado negativamente, como ocurre ahora. Después viene la desaceleración de la pandemia. Luego, el control. También están la eliminación y la erradicación. Si repasamos la historia de las enfermedades infecciosas, solo hemos erradicado una enfermedad infecciosa en los seres humanos: la viruela. Eso no va a ocurrir con este virus.
Después viene la eliminación. Eliminar significa acabar con la enfermedad en el propio país, aunque siga existiendo en otros lugares. Por ejemplo, la polio se ha eliminado en Estados Unidos y en muchos países en desarrollo. Entonces, ¿cuál es el siguiente peldaño? El control. Control significa que el virus está presente, pero en un nivel que no perturba a la sociedad. Y creo que eso es lo que la mayoría de la gente entiende cuando habla de endemicidad: que se integre en la amplia variedad de enfermedades infecciosas que padecemos. Por ejemplo, las infecciones de las vías respiratorias altas propias del invierno, los virus parainfluenza, los virus respiratorios sincitiales y los rinovirus. Se busca que alcance un nivel que no perturbe a la sociedad. Esa es la respuesta a su primera pregunta. Esa es mi definición de endemicidad: una presencia que no cause alteraciones, sin que se llegue a eliminar el virus.
En cuanto a si Ómicron, que es muy transmisible, pero aparentemente menos patógena que Delta, por ejemplo, nos conducirá a esa situación, espero que así sea. Pero solo ocurrirá si no aparece otra variante que eluda la respuesta inmunitaria frente a la variante anterior. Por ejemplo, tuvimos suerte de que Ómicron, pese a ser muy transmisible, no sea tan patógena. Sin embargo, el enorme número de personas que se infectan compensa ese nivel relativamente menor de patogenicidad. Así que, Francine, realmente creo que sigue siendo una incógnita si Ómicron será la vacunación con virus vivo que todo el mundo espera, porque las nuevas variantes que aparecen presentan una gran variabilidad.
Francine Lacqua: Gracias, Dr. Fauci. Annelies, ¿qué cree que significa Ómicron para las nuevas variantes? ¿Nos estamos centrando demasiado en llamarla endémica? Por supuesto, eso hace que las cosas parezcan más fáciles y la gente lo ve como una luz al final de un túnel difícil.
Annelies Wilder-Smith: Efectivamente, es demasiado pronto para llamarla endémica, y estoy totalmente de acuerdo con el Dr. Fauci en que lo que la gente quiere saber es cuándo podremos retomar nuestras actividades normales. Ómicron no será la última variante. Está claro que, con la elevada circulación del virus que vemos ahora, hay muchas probabilidades de que aparezca otra variante. La pregunta es: ¿dónde y cuándo? ¿Y será más o menos peligrosa que las variantes preocupantes actuales? ¿Dónde y cuándo? Creo que, si hay una circulación elevada del virus, aumenta el riesgo de que aparezcan nuevas variantes; lo vimos con Alfa, que surgió en el Reino Unido, y con Delta, en la India. Quizá menos con Ómicron. ¿Será más peligrosa? Por supuesto, todos esperamos que no. Además, por la ventaja evolutiva que supone para un virus, es más probable que se atenúe. Eso significa que causaría una enfermedad cada vez menos grave. La razón es, sencillamente, que un virus tiene una ventaja si es muy transmisible, pero no mata a su huésped al mismo tiempo. Todos esperamos que ese sea el mejor escenario posible, de modo que la siguiente variante esté aún más atenuada. Dicho esto, creo que el mundo debe prepararse para el peor escenario posible: que efectivamente haya otra recombinación entre variantes que combine quizá una alta transmisibilidad con una elevada mortalidad. Ese sería el peor caso y sigo pensando que no es muy probable, pero tenemos que contemplar todos los escenarios.
Francine Lacqua: Muchas gracias, Annelies. Stéphane, ¿en qué punto cree que estamos de la pandemia?
Stéphane Bancel: No creo tener nada que añadir a lo que han dicho esos dos expertos en enfermedades infecciosas. Desde la perspectiva de los fabricantes de vacunas, puedo decir que, en primer lugar, nos alegra mucho que las vacunas estén respondiendo tan bien a un cambio como el de Ómicron y que las terceras dosis estén demostrando ser muy importantes. Ahora nos estamos preparando para decidir cómo debería ser la vacuna del otoño de 2022 y qué debería contener. Nuestros expertos trabajan con especialistas en salud pública, como el equipo del Dr. Fauci, para determinarlo, porque pronto tendremos que decidir qué incluir en una vacuna para el otoño de 2022.
La otra cuestión en la que estamos trabajando, por supuesto, es la capacidad de fabricación. En 2021 enviamos 807 millones de dosis. Nos enorgullece mucho que alrededor del 25 % se destinara a países de ingresos medios y bajos, y seguimos ampliando la producción. En el primer trimestre, es decir, este trimestre, entrará en funcionamiento mucha capacidad y podremos fabricar entre 2.000 y 3.000 millones de dosis este año. La otra cuestión en la que trabajamos de cara a 2023 es cómo lograr que, desde el punto de vista social, la gente quiera vacunarse. Intentamos hacerlo preparando combinaciones; trabajamos en la vacuna contra la gripe y en la vacuna contra el virus respiratorio sincitial y nuestro objetivo es poder ofrecer un único refuerzo anual, para evitar problemas de cumplimiento: que la gente no quiera ponerse entre dos y tres vacunas en invierno, sino recibir una sola dosis que incluya un refuerzo contra el coronavirus, otro contra la gripe y otro contra el VRS.
Francine Lacqua: Entonces, Stéphane, ¿cuánto falta para lograrlo: una sola inyección que proteja contra la COVID-19 y también contra la gripe?
Stéphane Bancel: El programa del VRS está ahora en la fase tres; el de la gripe, en la fase dos y, espero, pronto estará en la fase tres, quizá ya en el segundo trimestre de este año. En el mejor de los casos, podría estar listo para el otoño de 2023. No creo que ocurra en todos los países, pero creemos que podría suceder en algunos el año que viene.
De forma impredecible, el virus parece tener la capacidad de convertirse, en esencia, en una pandemia en cualquier momento
Francine Lacqua: Richard, ¿cómo cree que será esta futura fase endémica?
Richard Hatchett: Desde luego, no discrepo de nada de lo que han dicho Annelies y Tony, y las novedades que ha compartido Stéphane sobre el avance hacia una vacuna combinada son alentadoras. Diría que, cuando la mayoría de la gente habla de que una enfermedad se vuelve endémica, en realidad se refiere —o prevé— que la enfermedad alcance un equilibrio con la población humana. La gripe es endémica y hemos tenido epidemias anuales a medida que el virus ha ido evolucionando. Si tuviera que aventurar una predicción sobre la dinámica de nuestras interacciones con la COVID-19 en los próximos meses, diría que Ómicron se propagará por todo el mundo y quizá, esperamos, desplazará a otras variantes; podría eliminar a Delta, idealmente, algo que tampoco sería del todo inesperado. Creo que este año llegaremos a un punto en que las poblaciones de todo el mundo se habrán infectado o se habrán beneficiado de la vacunación, y nos acercaremos a ese equilibrio con la COVID-19. Es probable que, después de Ómicron, muchos países atraviesen un período más tranquilo con el virus, siempre que no aparezca una nueva variante, algo que puede ocurrir en cualquier momento y de forma impredecible. Pero, a largo plazo, debemos prever que la COVID-19 se comportará más como la gripe: seguirá circulando, estará presente, la gente enfermará y el virus evolucionará continuamente. Además, de forma impredecible, parece tener la capacidad de convertirse, en esencia, en una pandemia en cualquier momento. Ómicron se ha propagado muy rápido y se comporta exactamente como una pandemia aguda, tal como creo que explicaba Tony. El virus conservará esa capacidad en el futuro, y creo que eso debería preocuparnos mucho a todos.
Francine Lacqua: Muchas gracias. Estoy recibiendo muchas preguntas excelentes de quienes nos escuchan; gracias por enviarlas. Dr. Fauci, una persona pregunta cuál sería, según las predicciones basadas en los datos, el mejor escenario para lograr la inmunidad colectiva combinando la vacunación y las infecciones por COVID-19. ¿Hasta qué punto es difícil hacer ese cálculo?
Nos enfrentamos a una situación muy compleja que hace muy difícil aplicar nuestra definición clásica de inmunidad colectiva.
Anthony Fauci: La experiencia que hemos tenido hasta ahora con la COVID-19, causada por el SARS-CoV-2, indica que será muy difícil hacer ese cálculo. Cuando se habla de inmunidad colectiva y de protección comunitaria, se combina a quienes se han vacunado y tienen una protección duradera con quienes se han infectado, se han recuperado y tienen una protección duradera. Sin embargo, tenemos un virus cuya infección genera una inmunidad que parece disminuir bastante rápido. Además, aunque la vacuna es extraordinariamente eficaz y protectora, la inmunidad que ofrece también disminuye. El tercer elemento es un virus que, como acaban de describir varios participantes, incluido yo, tiene una capacidad extraordinaria para mutar y desarrollar nuevas variantes, capaces de eludir la respuesta inmunitaria. Lo estamos viendo con Ómicron, que, por fortuna, no es tan patógena por naturaleza. Pero, si observamos la protección que ofrece, especialmente contra la infección y, en menor medida, contra la enfermedad grave, vemos que elude la respuesta inmunitaria. Es una situación distinta de la que se da con un virus como el del sarampión, que apenas cambia y proporciona una inmunidad casi de por vida. Y existe una vacuna contra el sarampión que, aunque no cambia ese hecho, permite obtener una protección casi de por vida. Esa es la inmunidad colectiva ideal. Nos enfrentamos a una situación muy compleja que hace muy difícil aplicar nuestra definición clásica de inmunidad colectiva.
Francine Lacqua: Gracias, Dr. Fauci. Annelies, hemos tocado este tema en otra pregunta, pero quizá esta persona le da un matiz más político: ¿deberíamos preocuparnos por las futuras variantes? Esta persona escribe que a veces parece que las grandes farmacéuticas se están aprovechando de la situación. Quisiera preguntarle, y luego se lo preguntaré a Stéphane: ¿cómo podemos salvar la brecha entre quienes creen y quienes no creen?
Anthony Fauci: Hay personas que no creen en absoluto y que, digas lo que digas, te lo pondrán muy difícil. Creo que algo a lo que se enfrenta el mundo entero —y que sin duda vivimos de una forma muy preocupante en Estados Unidos— es la cantidad de información errónea que acompaña a un problema ante el que todos deberíamos unirnos contra un enemigo común: el virus. La desinformación perjudica por completo una labor integral de salud pública. No estoy seguro de cómo podremos contrarrestarla, salvo difundiendo toda la información correcta que podamos y usando las redes sociales de forma positiva, en lugar de la manera algo destructiva en que se utilizan ahora.
Francine Lacqua: Annelies, ¿qué opina? También hay una diferencia entre lo que dicen los virólogos —sobre cuánto deberíamos preocuparnos por estas variantes— y lo que dicen algunos políticos, que se centran más en reabrir la economía.
Annelies Wilder-Smith: Permítanme compartir un mensaje de optimismo. Estamos en una situación distinta a la de hace dos años. Entonces, había 7.700 millones de personas y ninguna tenía inmunidad frente a este virus. Ahora, más del 50 % de la población mundial ha recibido dos dosis, y eso se refuerza con la rápida inmunidad que genera la infección natural. Así que estamos en una situación distinta y ahora tenemos que replantearnos y reevaluar algunas de nuestras estrategias.
Francine Lacqua: Stéphane, primero, se han planteado bastantes preguntas sobre las empresas farmacéuticas y sobre cómo fomentar la vacunación. ¿Hay alguna forma en que empresas como Moderna puedan comunicar de otra manera o presentar los datos de otra forma para animar a la gente a vacunarse?
Stéphane Bancel: Sí, la cuestión de la vacunación es, por supuesto, muy compleja. Muchos expertos en salud pública y gobiernos llevan dos años esforzándose mucho para que la gente confíe en las vacunas. Y, por supuesto, todos podemos hacerlo mejor, empezando por las empresas: explicar la ciencia, los efectos secundarios, los beneficios a largo plazo y el balance entre riesgos y beneficios de vacunarse o no. Creo que se ha hecho mucho, pero está claro que aún se puede hacer más. Pero, como dijo Tony, toda la información errónea que vemos a diario en internet y, a veces, en la televisión sobre las vacunas, lo que hacen y lo que no hacen, es realmente triste en el mundo actual.
Francine Lacqua: Stéphane, quisiera preguntarle algo concreto sobre algunas de estas vacunas. Esta persona también pregunta: ¿una vacuna diseñada para Alfa o Delta funciona lo bastante bien contra Ómicron? ¿Y cuánto más rápido han podido adaptar algunas de estas vacunas a cada nueva variante?
Stéphane Bancel: Claro. Las vacunas disponibles actualmente se diseñaron para la cepa original. Que yo sepa, no se han adaptado a las cepas Alfa o Beta; al menos, la nuestra no. Cuando tuvimos los datos, los compartimos muy rápido, gracias a la estrecha colaboración con el equipo del Dr. Fauci para generarlos durante el otoño, alrededor del Día de Acción de Gracias, cuando apareció Ómicron. Observamos una disminución importante de los anticuerpos neutralizantes tras dos dosis de la vacuna. Pero, por fortuna, vimos una protección muy sólida después de la tercera dosis. Por eso, los expertos en salud pública y los gobiernos de todo el mundo recomendaron a quienes aún no habían recibido el refuerzo que se pusieran una tercera dosis para protegerse, en especial las personas con mayor riesgo. Lo que estamos haciendo —y empezamos el miércoles anterior al Día de Acción de Gracias, el día en que vimos la secuencia— es desarrollar una nueva vacuna específica contra Ómicron. Estamos terminando de fabricarla. Debería estar en ensayos clínicos en las próximas semanas y esperamos poder compartir datos con los organismos reguladores en torno a marzo, para decidir los próximos pasos. Siempre ha habido una excelente colaboración entre los expertos en salud pública, los organismos reguladores y los fabricantes de vacunas para determinar cuál es el mejor camino. Como dijo Tony, llevamos dos años trabajando juntos, literalmente siete días a la semana, para combatir a este enemigo común: el virus. El enemigo no es otra empresa ni otro grupo. El único enemigo ha sido el virus, y sigue siéndolo.
Francine Lacqua: Richard, todo el mundo espera una vacuna mejor y con una protección más amplia, eficaz contra todas las variantes futuras. ¿Cuánto cree que falta para alcanzar ese objetivo y qué más hace falta para convertir esa visión en realidad?
Realmente no queremos ir apagando fuegos con cada nueva variante.
Richard Hatchett: Creo que lo primero que se necesita para hacer realidad esa visión es invertir en investigación y desarrollo. El Dr. Fauci y su equipo del NIAID ya han empezado a invertir. Nosotros también hemos comenzado a hacerlo. Algunos socios del sector privado están trabajando en ello. Aún nos queda mucha ciencia por analizar para determinar cómo aprovechar los beneficios observados —hablaré de ello dentro de un momento— en una vacuna concreta. En Singapur se comunicó una observación muy importante que constituye una prueba de concepto biológica. Linfa Wang es un científico muy destacado en la comunidad de investigación sobre coronavirus. En realidad, administró una vacuna de ARNm a personas que habían sobrevivido al SARS-1 en 2003 y 2004. Les administró una vacuna de ARNm, la de Pfizer, y luego analizó sus anticuerpos. Produjeron anticuerpos neutralizantes no solo contra el SARS-1, sino también contra el SARS-2, el MERS y varios otros coronavirus animales conocidos. Esto demuestra que la respuesta inmunitaria humana puede generar anticuerpos neutralizantes contra una amplia variedad de coronavirus. Estamos estudiando distintas maneras de aprovecharlo e incorporarlo a una vacuna. Diría que ese sería el santo grial, porque realmente no queremos tener que perseguir las nuevas variantes, que aparecerán cuándo y de forma inesperada, y que podrían llegar a sobrecargar los sistemas sanitarios, incluso si son más leves, como Ómicron. Creo que ese objetivo debe perseguirse al mismo tiempo que apoyamos las vacunas que ya tenemos y que, como dice Tony, son muy, muy buenas. Han hecho un gran trabajo, sobre todo para prevenir la enfermedad grave y la muerte. Pero lo ideal sería no tener que vacunar a todo el mundo cada tres o seis meses, ni siquiera cada año.
Francine Lacqua: No soy viróloga. Todo el mundo cree serlo, pero muy pocas personas lo son. Sin embargo, hay informes que afirman que ponerse demasiados refuerzos puede ser contraproducente para el sistema inmunitario. Richard, ¿qué sabemos al respecto?
Richard Hatchett: Dependerá del agente y del patógeno. No conozco ningún dato que indique con contundencia que administrar una tercera o una cuarta dosis debilite de algún modo la respuesta inmunitaria. Lo que estamos viendo es una respuesta muy sólida tras administrar las dosis de refuerzo.
Anthony Fauci: Tiene toda la razón, Richard: no hay pruebas de que ponerse un refuerzo... Es decir, obviamente, si se sobrecarga el sistema inmunitario administrando antígenos constantemente a una persona, se produce una hiperactividad inmunitaria. Pero no hay pruebas de que administrar refuerzos en distintos momentos vaya a perjudicarlo. Debemos tener cuidado con una cosa, y quiero recalcar lo que dijo Richard: realmente no queremos ir apagando fuegos con cada nueva variante que aparezca y tener que crear de repente un nuevo refuerzo específico, porque la estaríamos persiguiendo sin fin. Por eso, todos insistimos en algo que Richard acaba de mencionar: descubrir cuáles son los mecanismos que generan una respuesta contra los elementos comunes a todas las variantes, reales y posibles, que vemos y que podrían surgir. Creo que lograrlo es un objetivo científico muy, muy importante. Una vez que lo consigamos, podremos considerar si sería necesario administrar refuerzos periódicos; usted empleó la palabra «universal». Creo que, antes de hablar de una vacuna universal contra los coronavirus, queremos conseguir una vacuna universal contra el SARS-CoV-2. Vayamos paso a paso. De lo contrario, creo que nos adelantaríamos demasiado. También debemos explicar a la gente que, cuando se trata de un virus tan transmisible, una vacuna muy buena quizá no evite la infección inicial y puede que esta sea muy leve. Pero lo que realmente queremos es que evite una enfermedad sistémica importante. Esa sería una vacuna contra el SARS-CoV-2 muy, muy eficaz.
El mensaje clave sigue siendo que las vacunas aún funcionan muy bien contra la enfermedad grave.
Francine Lacqua: Stéphane, ¿están trabajando en una vacuna mejor y con una protección más amplia que supere a todas las demás, o ya tenemos algo así, dado que las vacunas han sido bastante eficaces contra las variantes que han aparecido hasta ahora?
Stéphane Bancel: Como dijeron Rachel y Tony, todos queremos sin duda una mejor protección para las personas y vacunas de mayor alcance. En el ámbito académico se está trabajando mucho en todo el mundo. Estamos estudiando la posibilidad de asociarnos con muchas personas, pero, lamentablemente, aún no hemos llegado a ese punto; esperamos avanzar en esa dirección.
Francine Lacqua: Annelies, ¿qué haces de manera diferente, por ejemplo, para explicar algunas de estas variantes a la población en general?
Annelies Wilder-Smith: El mensaje clave sigue siendo que las vacunas siguen funcionando muy bien contra la enfermedad grave. Y lo que realmente queremos, nuestro objetivo principal, es evitar muertes y proteger los sistemas de salud. Seguimos en una epidemia; nuestros sistemas de salud siguen desbordados. Tenemos que seguir aplicando nuestras medidas de salud pública y sociales. Pero, a medida que aumenta la inmunidad de la población, tanto por la infección natural como por las vacunas, ahora tenemos una inmunidad híbrida más sólida que nos protegerá frente a nuevas variantes. Así que, incluso si aparecen variantes nuevas más graves, esta población ahora es distinta. Ahora sí tenemos inmunidad celular por la exposición previa, ya sea a las vacunas o a la infección, que nos protegerá frente a una enfermedad más grave.
Francine Lacqua: Dr. Fauci, también estoy recibiendo muchas preguntas de Estados Unidos, así que, concretamente sobre ese país: ¿por qué Estados Unidos, una economía desarrollada y rica del «primer mundo», tiene dificultades para contener la COVID?
Anthony Fauci: Es una pregunta muy buena, y creo que algunos de los miembros del panel ya han expuesto parte de la respuesta. Una de las cosas más importantes es que el acceso a la atención médica en nuestro país está, en cierta medida, fragmentado y es desigual. Hay una gran disparidad. Hay personas que no tienen acceso a la atención médica. En nuestras poblaciones minoritarias, las tasas de hospitalización y muerte son más altas que en la población general. Pero también está lo que mencioné antes, algo que, creo, nos resulta muy preocupante a todos como funcionarios de salud pública y científicos: un grado tan elevado de rechazo a medidas de salud pública habituales, normales y fáciles de entender. Reticencia a usar mascarillas. Reticencia a promover la vacunación. Reticencia a adoptar medidas de salud pública que, sabemos, nos beneficiarían mucho si todos colaboráramos como sociedad. Quiero decir, incluso en las mejores circunstancias, este virus es formidable por su capacidad para hacer todo lo que ya ha hecho, con múltiples olas, múltiples repuntes y múltiples variantes. Pero se le da ventaja al virus cuando no se aplican de manera coordinada todas las medidas de salud pública bien conocidas, en particular las vacunas. Y creo que esa es una de las razones por las que esto es tan lamentable para el mundo entero, e incluso para un país rico como Estados Unidos, que supuestamente era el país mejor preparado para una pandemia. Estamos entre el reducido grupo de países que más han sufrido. Si vemos que ahora hay 65 millones de casos y cerca de 900.000 muertes en nuestro país, es algo realmente lamentable que esperábamos haber podido evitar.
Francine Lacqua: Dr. Fauci, ¿por qué no hay pruebas gratuitas en Estados Unidos?
Anthony Fauci: Bueno, estamos avanzando muy rápido. De hecho, el presidente Biden ha dejado muy claro que este mes ha puesto a disposición 500 millones de pruebas gratuitas. Ahora se podrán solicitar en línea y recibirlas gratis en casa: ocho por hogar al mes. Y estamos hablando de alcanzar en los próximos meses una capacidad de entre 200 y 500 millones de pruebas al mes. Muchas serán gratuitas. Muchas podrán reembolsarse a través del seguro. Así que, aunque el presidente reconoció con franqueza que podríamos haberlo hecho mejor con las pruebas gratuitas, seguimos trabajando para que las pruebas estén ampliamente disponibles y sean gratuitas para las personas en Estados Unidos.
Francine Lacqua: Estoy recibiendo bastantes preguntas sobre las pruebas; volveremos a ese tema. Annelies, ¿tendría sentido incluir educación sobre las vacunas en las escuelas, por ejemplo, para intentar contrarrestar parte de la desinformación que circula?
Annelies Wilder-Smith: ¡Empecemos por las facultades de medicina! Tenemos que formar a muchos médicos y estudiantes de medicina, así como a la comunidad científica, porque algunos de ellos forman parte de las teorías conspirativas. Así que sí: hay que reforzar en todo el mundo la educación sobre las vacunas, sus beneficios y su rentabilidad, así como sobre su seguridad y los beneficios para la salud pública.
Francine Lacqua: Hay muchas preguntas sobre las pruebas y cuáles funcionan: PCR, pruebas rápidas de antígenos y su eficacia frente a ómicron y las nuevas variantes. No sé quién quiere empezar. Richard, ¿es algo que estudias?
Richard Hatchett: Trabajamos con nuestros socios de una organización llamada FIND, que es una fundación dedicada al desarrollo de nuevos diagnósticos en el marco del Acelerador ACT, la iniciativa dirigida por la OMS. Está a la vanguardia del diagnóstico y de los esfuerzos para distribuir pruebas por todo el mundo. Retomando lo que dijo Tony, disponer de un acceso rápido a los diagnósticos es absolutamente fundamental para que las personas puedan decidir cómo comportarse. Uno de los retos de ómicron es que, según se ha informado, las pruebas de flujo lateral tienen una sensibilidad algo menor y, por tanto, no detectan todos los casos positivos; así que pueden dar resultados falsos negativos. Se entiende que siguen funcionando, pero su sensibilidad es menor; esas pruebas pueden actualizarse y creo que ya se están actualizando. Las pruebas PCR, por supuesto, siguen funcionando bastante bien. En muchos lugares puede ser difícil acceder a ellas. Vivo en el Reino Unido, pero durante las vacaciones estuve fuera de casa, cuando ómicron estaba en su punto máximo, y creo que tenía un resfriado porque conseguí una PCR cuyo resultado fue negativo. Pero tardé cinco días en conseguir una prueba PCR, algo que, en un momento en que crees que podrías tener ómicron, puede... Yo me comporté responsablemente y me quedé en casa, pero no todo el mundo lo haría. Y eso podría provocar una mayor propagación en la comunidad. Por tanto, los diagnósticos, el acceso a ellos y su actualización son absolutamente fundamentales para gestionar una crisis de enfermedad infecciosa.
Anthony Fauci: Es un gran reto, Francine. Necesitamos pruebas muy específicas, muy sensibles y fáciles de realizar en el punto de atención. Aún no las tenemos. Las PCR son muy sensibles. De hecho, en algunos aspectos pueden inducir a error, porque uno puede haberse recuperado de la fase aguda y no tener un virus «con capacidad de replicación». Y como la PCR no indica si el virus puede replicarse, sino que detecta fragmentos de nucleótidos, puede dar una impresión equivocada. Por otro lado, las pruebas de antígenos son menos sensibles si se hace una sola. Pero si se hacen de forma secuencial, su sensibilidad acumulada llega a ser igual a la de una PCR. Sin embargo, con una prueba de antígenos menos sensible hay un número considerable de falsos negativos. Así que tenemos dos extremos: una prueba muy sensible que, como dijo Richard acertadamente, a veces es difícil de conseguir y cuyos resultados a veces tardan varios días; la pregunta es qué se hace mientras tanto. Por otro lado, la prueba de fácil acceso tiene menor sensibilidad y puede dar un falso negativo. Por eso estamos invirtiendo mucho en desarrollar pruebas sensibles y específicas, que puedan realizarse en el punto de atención y sean fácilmente accesibles para prácticamente todas las personas que las necesiten. Aún no las tenemos.
Francine Lacqua: Gracias, Dr. Fauci. Annelies, una parte importante de tu investigación se centra en modelar la reanudación de los viajes, a partir de los riesgos de transmisión del virus en vuelos y cruceros. ¿Qué previsiones tienes para 2022 en cuanto a las alteraciones de los viajes?
Creo que ahora que tenemos ómicron debemos ser creativos y replantearnos qué tiene el mayor impacto en la salud pública sin perjudicar el comercio ni los viajes.
Annelies Wilder-Smith: La respuesta breve: soy optimista. La respuesta más extensa es que tenemos que sopesar los beneficios relativos para la salud pública de las restricciones a los viajes y las medidas fronterizas frente al perjuicio que causan al comercio y los viajes. Las restricciones a los viajes y todas estas medidas solo tienen sentido si un país tiene una incidencia mucho menor y quiere protegerse de la importación de casos desde un lugar con una incidencia más alta. Pero ahora que hemos avanzado dos años, llegaremos a un equilibrio en el que la incidencia será similar en la mayoría de los países, aunque todavía no hemos llegado a ese punto. La distribución de las vacunas sigue siendo absolutamente inequitativa, y eso impulsa todos estos problemas relacionados con los viajes. Por eso creo que debemos actuar y que la situación actual con ómicron debería impulsarnos a replantear algunas de nuestras restricciones de viaje y rediseñarlas, procurando reducir al mínimo las cuarentenas, que son muy perjudiciales, y quizá recurrir a pruebas más frecuentes y a burbujas de viaje, entre otras medidas. Creo que ahora que tenemos ómicron debemos ser creativos y replantearnos qué tiene el mayor impacto en la salud pública sin perjudicar el comercio ni los viajes.
Francine Lacqua: Gracias, Annelies. Estoy recibiendo muchas preguntas sobre la equidad en el acceso a las vacunas. Stéphane, ¿en qué punto estamos con la solidaridad en torno a las vacunas? Hasta ahora, parece que hemos fracasado. ¿Habrá más equilibrio en 2020?
No creo que el problema siga siendo el acceso a las dosis. Ese fue el problema del año pasado. Creo que ahora lo importante es conseguir que lleguen a los brazos de la gente.
Stéphane Bancel: Creo que sí, y creo que —de hecho, Richard y yo hablábamos de esto la semana pasada— las cosas cambiaron mucho en otoño, aunque es difícil decir exactamente cuándo. Pero está claro que pasamos de una etapa en la que había un gran problema para llevar la vacuna a los países de bajos ingresos. Sencillamente, no había suficiente vacuna. Como saben, la tecnología de ARNm era nueva, así que no había capacidad de fabricación ociosa a la espera de una pandemia. Por tanto, todo tenía que construirse y ampliarse mes a mes y trimestre a trimestre. Si nos fijamos en lo que ha hecho el sector, creo que ahora se fabrican en todo el planeta más de mil millones de dosis al mes, lo cual es extraordinario. Para dar una idea de la magnitud, la producción mundial de vacunas contra la gripe en un año ronda los 500 millones de dosis. Así que producir mil millones de dosis al mes es extraordinario.
Y lo que vimos en otoño fue que empezaba a haber producto almacenado, algo que ocurría por primera vez durante la pandemia. Como pueden imaginar, cada vez que se aprobaba un producto, se subía a un camión para llevarlo a algún sitio. Pero empezamos a tener problemas de espacio en los almacenes, porque el reto iba a ser la capacidad de los países para recibir la vacuna, tanto desde el punto de vista del almacenamiento como de la distribución. En noviembre y diciembre, cualquier día había entre 50 y 100 millones de dosis a la espera de ser enviadas a COVAX porque se estaba trabajando mucho con distintos países. Y otro dato, de hace apenas dos semanas, que es una buena señal sobre el rumbo que está tomando el mundo: la Unión Africana nos indicó que no quería las vacunas que habíamos reservado para ella para el segundo trimestre de este año. Así que creo que confirma que, afortunadamente, las vacunas están llegando a todo el planeta. Lo que escucho ahora de colegas sobre el terreno es que, en los países de bajos ingresos, el reto es cómo conseguir que las dosis lleguen a los brazos de la gente. Se trata de almacenamiento y profesionales médicos. Y creo que los países ricos, los de altos ingresos, deben hacer más para ayudar a los países de bajos ingresos a conseguir que las dosis lleguen a los brazos de la gente, porque no creo que el problema siga siendo el acceso a las dosis. Ese fue el problema del año pasado. Creo que ahora lo importante es conseguir que lleguen a los brazos de la gente, y creo que podemos hacer más.
El último tramo será el principal reto de 2022.
Francine Lacqua: Richard, ¿estás de acuerdo? Para empezar, ¿eres optimista sobre la distribución de las vacunas? Y si no pretendemos establecer una exención temporal de la propiedad intelectual, ¿cuál sería la mejor manera de garantizar realmente que se distribuyan vacunas en los países de menores ingresos?
Richard Hatchett: Permítanme celebrar un hito importante que se alcanzó precisamente el sábado. COVAX, la iniciativa liderada por CEPI, Gavi, la OMS y UNICEF para distribuir vacunas en todo el mundo, en particular a los países de ingresos bajos y medianos bajos, superó el umbral de mil millones de dosis entregadas a los países. Y creo que esto respalda lo que decía Stéphane. Ya hemos producido más de 11.000 millones de dosis de vacunas. Desde el comienzo de la pandemia se han administrado 9.000 millones de dosis. Las limitaciones de suministro que dominaron la situación en 2021 y fueron un problema enorme, desgarrador, se han aliviado. Y, mientras que el suministro fue el principal reto en 2021, creo, como decía Stéphane, que el último tramo será el principal reto de 2022. Y, como saben, lo principal que el mundo tendrá que hacer para que las vacunas estén disponibles para todas las personas que las quieran —tanto la vacunación primaria como las dosis de refuerzo para quienes las quieran en cualquier lugar del mundo—, algo que creo que se puede lograr en 2022 con la producción de vacunas que tenemos, es ayudar a los países, en particular a los que cuentan con menos recursos, a desarrollar su capacidad para llevar a cabo programas de vacunación masiva y vacunar rápidamente a sus poblaciones. Se ha prestado mucha atención a lo que no se ha logrado y a la brecha de equidad que ha surgido. Esa brecha es real y nos brinda muchas oportunidades para mejorar de cara al futuro. Pero creo que no se ha prestado suficiente atención a lo que sí se ha logrado. En el caso de los medicamentos contra el VIH, los medicamentos eficaces contra el VIH, pasaron diez años antes de que estuvieran ampliamente disponibles en muchas partes del mundo, en África. Tony lideró el esfuerzo de PEPFAR que realmente transformó la situación de muchos países africanos al hacer que esas vacunas estuvieran disponibles. En la pandemia anterior, después de 13 meses de un programa de donación de vacunas, solo se habían entregado 78 millones de dosis fuera de los países ricos. Esta vez, a los 13 meses, acabamos de entregar nuestra dosis número mil millones, y esas cifras seguirán creciendo a un ritmo muy considerable en 2022. Así que mencionaste la exención de los ADPIC. Creo que es importante debatir cómo lograr una capacidad de fabricación distribuida de forma más global y equitativa, con muchos socios: gobiernos, instituciones financieras y socios del sector privado. Stéphane ha anunciado, por ejemplo, que Moderna construirá instalaciones en África y otros lugares. Estamos trabajando en ello y creo que una exención de los ADPIC podría contribuir, pero también hay otras vías para alcanzar ese objetivo. Creo que tenemos que explorar todas. No creo que sea necesario ahora mismo para que haya vacunas disponibles. Creo que el reto está en ese último tramo.
Francine Lacqua: Gracias, Richard. Dr. Fauci, hablamos mucho de la nueva normalidad. ¿Cómo define la nueva normalidad? ¿Cómo nos ve? ¿Usando mascarillas? ¿Viajando? ¿Con qué frecuencia nos vacunaremos? Y, por ejemplo, ¿tiene sentido hacerse pruebas todas las semanas si se trata de un virus o una COVID-19 que quizá sea menos mortal que la anterior?
Anthony Fauci: De nuevo, es muy difícil predecir cómo será la nueva normalidad hasta que salgamos de esta fase de la pandemia en la que estamos. Pero creo que la nueva normalidad prestará mucha más atención a la capacidad de propagación de los virus respiratorios. Espero que la nueva normalidad implique más interconexión y solidaridad en todo el mundo al hablar de la posibilidad de pandemias. No creo que la gente vaya a llevar mascarilla todo el tiempo. Me parece que eso está completamente descartado. El mundo no aceptaría que eso se considerara normal. Pero creo que parte de esa normalidad, Francine, tiene que ver con tu pregunta inicial sobre qué significa la endemicidad. Si la endemicidad significa un nivel de infección tan bajo que, como han dicho Richard y otros, habrá personas que enfermarán, no vamos a eliminar por completo esta enfermedad, pero ojalá su nivel sea tan bajo que no altere nuestras interacciones sociales, económicas y de otra índole. Para mí, eso es la nueva normalidad. Espero que también incluya una memoria institucional muy firme de lo que pueden hacer las pandemias, para que, cuando tengamos esto bajo control, no sigamos adelante olvidando que debemos mejorar la preparación científica, la preparación de salud pública y la respuesta de salud pública. Si no fuera por las décadas de inversión en investigación básica y clínica anteriores a esta pandemia, nunca habríamos podido empezar con tanta rapidez y, en tan poco tiempo, obtener una vacuna muy eficaz y segura que llegó a los brazos de las personas 11 meses después de que el virus se identificara por primera vez y se publicara en una base de datos pública,
Francine Lacqua: Dr. Fauci, ¿estamos avanzando hacia algún tipo de arquitectura financiera mundial que permita financiar la preparación y la respuesta ante futuras pandemias?
Anthony Fauci: Bueno, de nuevo, al hablar de preparación para pandemias, hay distintos aspectos. Uno es el científico y otro el de salud pública. Creo que lo que Richard ha estado haciendo en colaboración con otras organizaciones forma parte de la preparación de salud pública, que está estrechamente vinculada a la preparación científica: conseguir mejores plataformas, mejores diseños de inmunización y la capacidad de iniciar la producción en mucho menos tiempo, desde que se reconoce un nuevo patógeno hasta que se puede obtener una vacuna. Y una de las cosas que mencionó Stéphane es crear una capacidad de producción mundial, para no tener que esperar a que mueran cientos de miles, o incluso millones, de personas antes de poder distribuir vacunas. Ese es el rumbo que debemos seguir.
Francine Lacqua: Nos queda un minuto y medio. Stéphane, ¿eres optimista respecto a que responderemos mejor en la próxima pandemia? ¿Y qué te preocupa que no aprendamos?
Stéphane Bancel: Sí. Soy optimista. Quiero decir, soy emprendedor, así que soy optimista por naturaleza. Pero tengo confianza en que lo que se está haciendo hoy será de gran ayuda. Como saben, estamos trabajando con el Dr. Fauci y su equipo, y con Richard, en muchos otros patógenos que conocemos —que toda la comunidad científica conoce— desde hace años. Hay una lista de alrededor de 20 patógenos de riesgo para los que necesitamos vacunas. Tenemos una vacuna contra el zika en fase 2 y estamos trabajando en una vacuna contra el virus Nipah. Son virus de los que no todo el mundo ha oído hablar. Necesitamos contar con los datos —qué dosis y qué diseño genético se requieren, y en qué dosis— para poder pasar rápidamente a la fase 3 si surge un nuevo patógeno de esa familia. Creo que potencialmente podríamos preparar hasta seis vacunas más que las que pudimos desarrollar en 2020, lo que, como dijo Tony, ya fue un récord mundial en cualquier sentido. La otra parte es la fabricación. En 2020 pudimos enviar 20 millones de dosis al Gobierno de Estados Unidos cuando se autorizó la vacuna. No es mucho. Pero este año tendremos una capacidad de entre 2.000 y 4.000 millones de dosis en un plazo de seis meses, que creo que sería el tiempo necesario para que se autorizara una vacuna de este tipo si todo el trabajo preclínico y clínico se hubiera hecho de antemano; podríamos tener 1.500 millones de dosis disponibles en seis meses. Y eso solo con Moderna. Luego está el resto de las plataformas. Creo que la cifra sería mucho mayor. Así que contamos con todos los medios para hacerlo y también estamos invirtiendo mucho en plantas en Canadá, Australia y África, para disponer de una red de fabricación muy descentralizada.
Creo que, si nos esforzamos por conseguirlo, está a nuestro alcance que las vacunas estén disponibles en 2022 para todas las personas del mundo que las quieran.
Francine Lacqua: Muy bien, gracias, Stéphane. Annelies, en 45 segundos, ¿qué es lo que más te inspira optimismo?
Annelies Wilder-Smith: Se reanudarán los viajes. Creo que tendremos un verano mejor. Además de las soluciones biotecnológicas, tenemos que responder mejor a la necesidad de prepararnos para las pandemias; necesitamos mejores estrategias de comunicación. Y, de verdad, también hacen falta las ciencias sociales: la apertura y la preparación deberían integrarse mejor en las ciencias sociales.
Francine Lacqua: Muchas gracias. ¿Richard?
Richard Hatchett: Creo que, si nos esforzamos por conseguirlo, está a nuestro alcance que las vacunas estén disponibles en 2022 para todas las personas del mundo que las quieran, y deberíamos esforzarnos por lograrlo. También creo, en relación con algunos de los puntos que han planteado Annelies, Tony y Stéphane, que hay muchísimas lecciones que aprender de la respuesta a la COVID, que servirán para orientar nuestro camino y nuestra preparación ante pandemias, no solo de COVID o de coronavirus, sino también frente a otras amenazas. Tenemos que recoger esas lecciones e incorporarlas a nuestras instituciones. Y debemos mantener una visión a largo plazo mientras abordamos los problemas inmediatos de la COVID.
Francine Lacqua: Muy bien. Gracias, Dr. Fauci. Quizá los últimos 45 segundos sean para usted: con la perspectiva que da el tiempo, ¿qué deberíamos haber hecho de otra manera? ¿Una cosa?
Anthony Fauci: Hay varias cosas que deberíamos haber hecho de otra manera. Creo que deberíamos haber tenido una respuesta mundial mucho más coordinada. Como he dicho muchas veces, una pandemia mundial requiere una respuesta mundial. Y tenemos que tener siempre presente la equidad, porque no puede haber una situación en la que el virus circule libremente en una parte del mundo. En primer lugar, porque tenemos, creo, una obligación casi moral con los países de ingresos bajos y medianos de asegurarnos de que eso no ocurra. Pero también por nuestro propio interés, porque mientras haya virus circulando libremente en cualquier lugar, surgirán variantes que acabarán afectándonos a todos. Tenemos que actuar como comunidad mundial. Esa es, a mi juicio, una lección muy importante.
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