Los proyectos alimentarios comunitarios del Reino Unido utilizan alimentos sobrantes de supermercados a precio reducido para combatir la inseguridad alimentaria y el aislamiento social durante la pandemia.
La COVID-19 ha provocado desempleo y aislamiento social para muchas personas; sin embargo, estos espacios vecinales permiten a los grupos vulnerables comer, relacionarse y utilizar los alimentos de forma más sostenible.
Cuesta entre 2 y 3,50 libras esterlinas un menú de dos o tres platos.
Comer en compañía es una forma importante de fomentar las conexiones sociales. En los últimos años, hemos estado investigando y trabajando con el movimiento de comidas sociales: proyectos alimentarios comunitarios que utilizan excedentes de alimentos de los supermercados para crear servicios de comidas asequibles y ofrecer espacios en los que consumirlas.
En lugares como Nottingham y Sheffield, han surgido iniciativas de comidas sociales para contrarrestar el aislamiento y la inseguridad alimentaria, y las utilizan diversos clientes, desde estudiantes hasta familias y personas mayores, que pagan entre 2 y 3,50 libras esterlinas por un menú de dos o tres platos.
Sin embargo, el confinamiento por el coronavirus ha tenido un impacto significativo, al restringir la posibilidad de las personas de reunirse en grupos. Algunas personas han informado de que su sensación de soledad y aislamiento social se ha agravado con el confinamiento.
Los grupos de comidas sociales han tenido que desarrollar nuevas formas de garantizar que las personas pudieran acceder a las comidas y de mantener el contacto social. Ahora están demostrando cómo las comidas sociales pueden funcionar en un futuro posterior al confinamiento, en el que los clientes buscan comidas asequibles en espacios seguros y propicios para la convivencia.
Más que comida
Las iniciativas de comidas sociales abordan la inseguridad alimentaria en su sentido más amplio, al vincular la necesidad de comer con la necesidad de socializar en torno a la comida.
En su mayoría, estos proyectos se desarrollan en espacios vecinales, como centros infantiles, centros comunitarios e iglesias. Normalmente, se ofrece una comida a la semana. Estos servicios amplían la variedad, accesibilidad y disponibilidad de alimentos y funcionan como espacios en los que se fortalecen los vínculos entre personas, comunidades, proyectos y servicios mediante el intercambio de alimentos.
Esta forma de comer en sociedad también tiene una trayectoria histórica más larga de lo que la mayoría imagina. Durante la Primera Guerra Mundial, en el Reino Unido se establecieron las “cocinas nacionales”. Además de proporcionar sustento, estas cocinas también cumplían una función social: mejorar la moral y la cohesión social.
Respuestas comunitarias
En respuesta al confinamiento por el coronavirus, los grupos alimentarios comunitarios se asociaron con las autoridades locales para atender las solicitudes de ayuda alimentaria de emergencia. Grupos como la Red de Comidas Sociales de Nottingham y el Proyecto FoodHall de Sheffield presentaron su modelo de prestación de comidas a un nuevo grupo de clientes.
En lugar de cerrar en las primeras etapas del confinamiento, estas redes rediseñaron sus servicios para producir y distribuir miles de comidas. Los voluntarios empaquetaban las comidas para su recogida y entrega. Se reforzaron las normas habituales de higiene alimentaria para mitigar los riesgos de la pandemia. Es posible que las comidas no se hayan consumido en la misma mesa, pero los recursos alimentarios se compartieron y la filosofía de «comer juntos» de las comidas sociales mantuvo estos servicios.
Reimaginar la forma de comer
Las redes de comidas sociales están probando actualmente horarios escalonados de comidas, comidas emergentes en locales más grandes, varios turnos a la semana y comidas en burbuja social para contrarrestar los riesgos de comer fuera de casa.
Empresa social Pulp Friction, con sede en Nottingham, se asoció con un pub local para ofrecer un servicio de comidas calientes durante el confinamiento. Ahora sabemos que la empresa tiene la intención de probar un nuevo servicio de comidas sociales de «calentar y comer», en el que las comidas se preparan fuera del local, se calientan y se venden en locales más grandes que pueden no disponer de almacenamiento o instalaciones de cocina adecuadas para prestar un servicio de comidas convencional, pero que sí cuentan con espacio suficiente para atender a grandes grupos de personas con seguridad.
El modelo de comidas sociales tiene el potencial de ayudarnos a crear un nuevo tipo de infraestructura alimentaria. Imaginemos una red nacional de restaurantes comunitarios o espacios de comidas sociales, a los que se podría acudir una vez por semana para una comida social.
Estas comidas costarían unas pocas libras por un menú de dos o tres platos, con una oferta limitada, pero todas ellas recién cocinadas con excedentes de supermercados y productos de cultivo local. El resultado sería un ahorro en combustible y agua, además de un uso más sostenible de los recursos alimentarios. Lo fundamental es que estas comidas se compartirían con otras personas en espacios locales acogedores.
Este modelo no impide que las personas salgan a comer fuera ni que elijan cocinas especializadas. Por el contrario, ofrece acceso a una comida fresca, asequible, nutritiva y social. Podría ser el primer paso para garantizar el derecho a la alimentación en el Reino Unido.
Las redes de comidas sociales podrían extenderse mediante subvenciones públicas y privadas, manteniéndose al mismo tiempo guiadas por las comunidades y arraigadas en ellas. Al aprovechar nuestras necesidades más profundas de conectar unos con otros a través de la comida, las redes de comidas sociales nos ofrecen un modelo de futuro sostenible, conectado e inclusivo.


