Seis lecciones que nos ayudarán a alcanzar los Objetivos Globales de salud 

A diabetes patient has her pulse checked by a diabetes specialist doctor during a medical check-up at a hospital in Beijing, China March 19, 2012. REUTERS/David Gray/File Photo - RTSH45Q
NCDs, including diabetes, are the biggest cause of death worldwideImage: REUTERS/David Gray/File Photo - RTSH45Q
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En virtud del Plan de acción 2013-20 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el objetivo mundial es lograr una reducción relativa del 25% de la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles (ENT) para 2025. Con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la meta es reducir la mortalidad por ENT en un 30% para 2030.

Un gran desafío.

Las ENT —principalmente las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, las enfermedades respiratorias crónicas y la diabetes— son la principal causa de muerte en el mundo. Según la OMS, más de 36 millones de personas mueren cada año por ENT (el 63% de todas las muertes en el mundo), entre ellas 14 millones que fallecen antes de cumplir 70 años. Más del 90% de estas muertes prematuras por ENT ocurren en países de ingresos bajos y medios. África es el continente donde más está aumentando la prevalencia de la diabetes.

Al mismo tiempo, menos del 2% de la asistencia internacional para el desarrollo destinada a la salud se dedica a combatir las ENT.

Los organismos internacionales, los donantes bilaterales y las fundaciones privadas son reacios a aumentar la asistencia para hacer frente al desafío de las ENT, por temor a que se desvíe la inversión de la lucha contra las enfermedades infecciosas, como la tuberculosis, la malaria y el VIH/sida, y se pongan en riesgo avances importantes.

Si realmente se trata de un juego de suma cero, deben encontrarse más recursos al margen del marco de financiación habitual. La opción más evidente es que el sector privado contribuya ofreciendo lugares de trabajo saludables, y no solo seguros. Esto también responde al interés bien entendido de las empresas, pues está ampliamente documentado el rendimiento positivo de esta inversión.

Cada vez más empresas participan en iniciativas de valor compartido, en las que los beneficios para la sociedad y para la empresa se refuerzan mutuamente. Por ejemplo, Novo Nordisk trabaja para prevenir, tratar y, en última instancia, curar la diabetes mediante su colaboración con municipios de todo el mundo en el marco del programa Ciudades que cambian la diabetes .

Otro ejemplo es la colaboración de Kaiser Permanente con defensores de la salud pública para establecer la Campaña de ciudades HEAL (Alimentación saludable y vida activa) con el fin de facilitar las opciones saludables a quienes viven, trabajan y van a la escuela en ciudades y localidades de California, en 2008.

La campaña HEAL Cities promueve un conjunto de opciones de políticas que los dirigentes municipales pueden adoptar para mejorar los entornos de alimentación y actividad física de sus ciudades. Desde entonces, se ha extendido a otros cuatro estados y se aplica localmente mediante alianzas entre las ligas municipales estatales y las organizaciones de salud pública de todo el estado en Colorado, Oregón, Maryland y Virginia. Hasta la fecha, hay 328 ciudades HEAL, en las que participan más de 2.400 cargos electos y se han adoptado 888 políticas HEAL.

Estas son algunas lecciones sencillas, pero importantes, para que las iniciativas de colaboración tengan éxito:

1. Unirse en torno a una agenda común

Esto requiere liderazgo de todas las partes, pero también que las empresas del sector privado (o cualquier otra entidad) se sienten a la mesa sin una agenda preestablecida. Elaborar una agenda común también implica fijar límites (qué se incluye en el debate y qué queda fuera) y definir claramente el alcance de la colaboración. Aunque desarrollar una hipótesis conjunta lleva algo más de tiempo, nuestra experiencia indica que es tiempo bien invertido y que, a menudo, genera mayor confianza como resultado.

2. Explorar medidas extraordinarias para lograr impacto

Identificar conjuntamente las medidas del éxito contribuye a generar confianza («confianza basada en datos»). Debemos adoptar un enfoque holístico de «pensamiento sistémico» para considerar y hacer seguimiento de los beneficios sociales y económicos que interesan a las diversas partes interesadas, tanto públicas como privadas.

3. Vigilar los costos

Ante el creciente desafío que representan las ENT, muchas instituciones del sector público buscan formas de reducir los costos o, al menos, controlarlos. Por ello, en lugar de proponer nuevas formas de gastar más dinero, el sector privado debería centrarse en contribuir con soluciones nuevas que aumenten la asequibilidad o permitan utilizar los recursos de manera más eficiente.

4. Tener impaciencia constructiva

Las buenas soluciones requieren tiempo para desarrollarse, sobre todo si necesitan el respaldo de múltiples partes interesadas. Con demasiada frecuencia, las empresas del sector privado no entienden el proceso de impulsar un diálogo entre múltiples partes interesadas y se impacientan muy pronto, para frustración de los demás participantes. Sin embargo, los socios del sector público también valoran el empeño constante por avanzar. La clave está en encontrar el equilibrio.

5. Declarar el compromiso con la transparencia

Cada socio debe declarar desde el principio cuáles son sus intereses al participar en la colaboración y compartir con todos los participantes lo que espera obtener de ella. A lo largo del proceso, debe mantenerse este diálogo abierto, coherente y continuo, ya que las colaboraciones son procesos dinámicos en los que pueden surgir intereses contrapuestos durante toda la vida del proyecto

6. Establecer (y financiar) una infraestructura que apoye la colaboración

Muchas instituciones públicas trabajan con presupuestos fijos y poca flexibilidad para financiar el desarrollo de nuevas iniciativas. Nuestra experiencia indica que las pequeñas inversiones para garantizar una estructura organizativa que impulse el diálogo —incluidas tareas como convocar reuniones, encontrar un lugar y redactar actas, entre otras— son esenciales para el éxito. Además, el sector privado puede financiar investigaciones de terceros o la recopilación de datos que contribuya a elaborar una agenda conjunta o a identificar indicadores.

Los puntos anteriores rozan lo banal. Al mismo tiempo, resulta desconcertante la frecuencia con que las empresas del sector privado pasan por alto uno o varios de ellos al colaborar con el sector público.

Es evidente que el sector privado no debe ocupar el lugar de los políticos elegidos. En última instancia, el ayuntamiento, la comisión del condado, el parlamento nacional o la OMS decidirán qué política se aplicará.

En apoyo de esta idea, el Mecanismo de Coordinación Mundial sobre las Enfermedades No Transmisibles de la Organización Mundial de la Salud y el Foro Económico Mundial organizaron una reunión de un grupo de representantes para debatir cómo la coherencia entre las políticas y el sector privado puede contribuir a combatir las ENT, lograr poblaciones más saludables y alcanzar los objetivos mundiales de salud.

Las políticas suelen mejorar cuando se basan en las aportaciones de las partes interesadas pertinentes, incluidas las del sector privado y las organizaciones de la sociedad civil.

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