Un avión de Emirates fue puesto en cuarentena en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy el 5 de septiembre, después de que varios pasajeros informaran de síntomas similares a los de la gripe. Oxiris Barbot, comisionada interina de Salud de la ciudad de Nueva York, dijo que la causa de la enfermedad era «probablemente la gripe».
Al día siguiente, otros dos vuelos, procedentes de Oriente Medio, fueron puestos en cuarentena en aeropuertos de EE. UU. después de que los pasajeros informaran de síntomas similares a los de quienes viajaban en el avión inmovilizado en el aeropuerto JFK de Nueva York.
Las imágenes de pasajeros trasladados rápidamente al hospital con mascarillas suscitaron preocupación en todo el mundo. Pero esto fue simplemente una buena práctica de salud pública: aislar al paciente, reducir al mínimo la transmisión a otras personas y (con suerte) iniciar el tratamiento.
Pero si estos sucesos realmente fueron el inicio de una pandemia de gripe (la propagación mundial de una enfermedad), el mundo está muy poco preparado para afrontarla. La vigilancia de la salud pública es deficiente en muchas partes del mundo, no hay suficientes vacunas para todos y el marco jurídico internacional concebido para garantizar que las vacunas lleguen a los países más pobres no es adecuado para ese fin.
La demanda superará a la oferta
Las vacunas son fundamentales para responder a una pandemia de gripe, pero no podemos fabricarlas de antemano. Necesitamos saber qué cepa de gripe está causando el brote antes de poder fabricar vacunas para proteger contra ella.
Por lo general, las personas necesitan dos dosis de una vacuna para obtener inmunidad frente a la gripe pandémica. Al menos un tercio de la población necesita ambas dosis para establecer la «inmunidad colectiva» y frenar la transmisión del virus. Esto significa que durante la próxima pandemia necesitaremos al menos 4.700 millones de dosis de vacunas.
Las estimaciones más recientes sitúan el suministro mundial potencial en torno a seis mil millones de dosis y señalan que tardaría un año en producirse, pero se basan en el mejor escenario posible y no son realistas.
Se necesitan huevos para fabricar la vacuna contra la gripe, y la cifra de seis mil millones parte de la suposición de que el suministro de huevos se mantiene intacto. Esto es poco probable durante un brote de gripe aviar (tanto el brote de 2009 como el de gripe española de 1918 fueron causados por cepas de gripe aviar). La cifra también presupone que la transición de la fabricación de vacunas contra la gripe estacional a la de vacunas contra la gripe pandémica se desarrolla sin problemas: un cambio notoriamente complicado que podría provocar una pérdida de producción. También presupone que todas las fábricas capaces de producir vacunas contra la gripe lo harán sin interrupción durante un año entero.
En realidad, la cantidad de vacunas contra la gripe pandémica que podemos fabricar en un año quizá se acerque a la mitad de la estimación más reciente. Esto supone un déficit del suministro mundial de casi dos mil millones de dosis al año.
Los países pobres serán los más afectados
Aunque las vacunas son cruciales para combatir un brote de gripe, los países más pobres llevan mucho tiempo quejándose de que no pueden acceder a ellas durante una pandemia. Mi investigación ha demostrado que los países más ricos compran casi todo el suministro, por lo que los más pobres del mundo dependen de las donaciones de vacunas de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En un intento por remediar este problema, la OMS aprobó en 2011 el Marco de Preparación para una Gripe Pandémica (PIP). Este creó una «reserva virtual»: un conjunto de vacunas prometidas a la OMS, pero que aún no existe, de al menos 150 millones de dosis a las que los países en desarrollo pueden acceder durante una pandemia.
Hoy, se han comprometido unas 230 millones de dosis para la reserva virtual. Esto parece positivo, pero mi investigación muestra que la cifra es muy inferior a la necesaria para satisfacer las necesidades de los países más pobres.
Los fabricantes de vacunas se han comprometido a suministrar vacunas contra la gripe a la OMS mediante un acuerdo normalizado de transferencia de material (SMTA, por sus siglas en inglés). Se trata de un acuerdo jurídico por el que el fabricante se compromete a proporcionar a la OMS un porcentaje de las vacunas que produce a cambio de acceso a muestras de virus de la gripe pandémica para desarrollar vacunas.
Aún más preocupante que el hecho de que las reservas de la OMS no puedan satisfacer la demanda es que probablemente las vacunas comprometidas mediante estos acuerdos ni siquiera se envíen a la OMS para su distribución posterior. Si nos enfrentamos a una pandemia especialmente grave, es poco probable que los gobiernos de los países donde tienen su sede los fabricantes de vacunas permitan que el 10 % de las vacunas salga del país, independientemente del acuerdo que el fabricante tenga con la OMS. Los SMTA firmados entre la OMS y los fabricantes incluso prevén este desenlace.
Si la próxima pandemia es grave, morirán millones de personas, en su mayoría en países más pobres y, en gran medida, porque no tendrán acceso a una vacuna: precisamente el problema que el marco PIP debía resolver.
Este año se cumple el centenario del brote de gripe más mortífero de la historia, la pandemia de gripe española de 1918, que causó entre 50 y 100 millones de muertes. Volverá a producirse una gran pandemia de gripe de esta magnitud, y el mundo no está preparado para afrontarla.


